Lucas 19:28-44 nos relata el evento conocido como la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Este relato está reflejado en los 4 evangelios y Mateo dice que cortaban ramas y las tiraban a sus pies, de allí se deriva el nombre domingo de Ramos (o ramas). Podríamos decir que con sus mantos y ramas, hicieron una alfombra real (para un rey). El grito que entonaban era Hosanna al que viene en el nombre del Señor. La palabra Hosanna significa “Sálvanos ahora” y tiene que ver con que ellos esperaban un Mesías que los libere de la opresión de los romanos. La descripción del evento señala la entrada de un rey de paz, más que la de un conquistador triunfal. Los reyes iban a caballo a la guerra; cuando iban en son de paz usaban el asno. Al escoger su montura, Jesús se ofrecía como rey de amor y de paz, y no como el héroe militar y conquistador que la gente esperaba.
En el relato de Mateo cap. 2, versículo 10 dice que se preguntaban: ¿Quién es este?, lo que indica que, los sentimientos estaban divididos: sorpresa, expectativa, burla, desprecio e indignación. Como en el día de hoy, existen muchas actitudes en cuanto a la persona y obra de Jesús. Déjeme ver algunos detalles; en primer lugar me detengo en las palabras de los fariseos, ellos le dicen: Maestro, reprende a tus discípulos. Están diciendo no permitas que te llamen rey.
Según el psicólogo Erich Fromm, los celos y la envidia forman una clase especial de frustración, que se manifiesta en hostilidad y agresión. ¿Les habrá sucedido así a los dirigentes religiosos, frustrarse por la presencia de un poder superior? ¿Por eso había tanta hostilidad hacia Jesús? Pero alguien con más sencillez dijo: "El enojo contra Jesús se debió a que les arruinó el negocio".
Por otro lado, ciertos líderes tienden a rechazar lo que desconocen y a eliminar a los que no pueden dominar. Al leer el relato posterior se puede ver que el lunes fue un día de tremendo poder, habiendo pasado la noche en Betania, la mañana siguiente Jesús se dirigió hacia Jerusalén con los discípulos. Mateo relata solamente dos eventos que tuvieron lugar en el día lunes: la maldición de la higuera estéril y la limpieza del templo. Dos sucesos en los que Jesús manifiesta su gran poder y autoridad.
Si leemos inmediatamente en el evangelio de Lucas 19:47. Y enseñaba cada día en el templo, pero los principales sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo procuraban matarle. La respuesta de Jesús: Si ellos callaran las piedras clamarían. Siempre hasta ahora había impedido que publiquen sus actos. Ahora parece que cambia la actitud y dice, está bien que reconozcan al rey que viene. Es un acto de tremendo valor porque ya los líderes judíos le habían puesto precio a su cabeza. En el evangelio de Juan 11:57 leemos... Y los principales sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno supiese dónde estaba, lo manifestase, para que le prendiesen. Habría sido natural que, si Jesús tenía que ir a Jerusalén, entrara de incógnito y secretamente, pero lo hizo de una manera que le colocó en el centro de atención de toda la ciudad. Es algo sobrecogedor el pensar en un hombre a cuya cabeza se había puesto precio, cabalgando a cara descubierta, de forma que todos pudieran verle y saber que estaba allí.
Eran tantos los milagros, veían en El tanta autoridad, era tan diferente su enseñanza, que no se podría silenciar, aún las piedras hablarían. Dice el v. 37: toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto. Es llamativo que está siendo recibido con honores, sin embargo, lloró sobre la ciudad. ¿Por qué? Sencillamente porque vio un pueblo cegado al obrar de Dios. Jesús llora ante la ceguera espiritual de su pueblo. Esperaban la salvación, esperan al Mesías, sin embargo no entendían que El venía a liberarlos, no de los romanos sino de la esclavitud del pecado.
El no venía a ser rey terrenal, sino a reinar en el corazón. Lo recibían como rey pero al ver que no era un guerrero, los que hoy gritaban Hosanna, cuatro días después gritarían “Crucifíquenlo”. Los fariseos y sacerdotes conocían la escritura pero ante su cumplimiento, estaban cegados. El pueblo buscaba a Jesús con motivaciones equivocadas y Jesús lloró.
Hoy Jesús llora ante una ciudad que se dice cristiana pero, su corazón está lejos de Dios. Llora por la violencia, los linchamientos, los hurtos, las desigualdades, la corrupción generalizada. Llora por la mentira, la droga, el aborto, las familias destruidas, los divorcios, la fornicación y el adulterio. Llora ante un pueblo que es nominalmente cristiano pero su corazón se aleja de los ideales del cristianismo. Jesús llora sobre las vidas de muchos que con sus labios confiesan su nombre, pero en su corazón no hay temor de Dios. El relato termina con la profecía que anuncia, un pueblo derribado y destruido porque no conoció el tiempo de su visitación. Esta profecía se cumplió en el año 70 cuando el emperador romano Tito destruyó Jerusalén.
Jesús les está diciendo. Están esperando al Mesías y El está entre ustedes y no se dan cuenta. El está a la puerta y ustedes están en el templo discutiendo cómo será su venida. Dios los está visitando y ustedes no lo atienden, más aún lo rechazan. Por último digamos juntos Hosanna “Sálvanos ahora”, necesitamos tu intervención, esperamos tu visitación, haznos entendidos de los tiempos para que cuando tú vengas a nosotros podamos percibirlo y recibirte. Felices
Pascuas.
El autor es pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista.