Economía

El empresario que no llega a fin de mes

En la Argentina, el empresario se desenvuelve en una lógica de supervivencia.
Crédito: FREEPIK

Por Guillermo Briggiler

Hay una imagen que empieza a repetirse en la Argentina actual y que rompe con una idea muy instalada: la del empresario como alguien necesariamente próspero. Hoy, cada vez más seguido, aparece otra realidad. La de personas que generan trabajo, sostienen un negocio y, aun así, sólo logran cubrir sus propios gastos básicos.

No se trata de grandes compañías. Hablamos de pequeños comerciantes, dueños de pymes, emprendedores. Personas que abren todos los días, que pagan sueldos, que hacen malabares para sostener la actividad… pero que, cuando hacen cuentas, descubren que su ingreso personal queda por debajo de lo necesario para vivir.

¿Cómo se llega a este punto? La explicación no está en un solo factor, sino en una combinación que se fue acumulando con el tiempo.

Por un lado, los costos. Alquileres, tarifas, insumos, logística, impuestos. Todo subió, y en muchos casos más rápido de lo que subieron los ingresos. Pero trasladar esos aumentos a precios no siempre es posible. Del otro lado hay un consumidor golpeado, que compra menos, compara más y ajusta donde puede.

Entonces aparece una tensión difícil de resolver: si el comerciante sube precios, vende menos. Si no los sube, pierde margen. En ambos casos, el resultado termina siendo el mismo: rentabilidad en caída.

A eso se le suma la carga impositiva. Entre impuestos nacionales, provinciales y tasas municipales, buena parte de lo que se factura no queda en el negocio. Y cuando los números no cierran, muchos recurren al financiamiento. El problema es que ese financiamiento, en un contexto de tasas altas, termina siendo una solución de corto plazo que agrava el problema en el mediano.

Así, el empresario entra en una lógica de supervivencia. Trabaja más horas, asume más riesgos, pero gana menos. Incluso, en algunos casos, termina en una situación paradójica: el empleado tiene un ingreso más previsible que el propio dueño.

El fenómeno no es menor, porque impacta en toda la economía. Si quien genera empleo no es rentable, difícilmente pueda crecer, invertir o contratar más gente. Y sin ese motor, la recuperación se vuelve más frágil.

Pero también hay una lectura posible en clave de oportunidad. Esta realidad está poniendo sobre la mesa discusiones necesarias: cómo mejorar el acceso al crédito productivo, cómo aliviar la carga sobre quienes producen, cómo recuperar el consumo sin generar nuevos desequilibrios.

En el fondo, lo que está en juego es algo más profundo que un número o una estadística. Es la sostenibilidad del esfuerzo. Porque cuando alguien trabaja, invierte y genera valor, pero aun así no logra vivir de eso, el sistema empieza a mostrar sus límites.

Argentina tiene una enorme capacidad emprendedora. Lo que necesita ahora es que ese esfuerzo vuelva a ser viable. Que quien arriesga, produce y da trabajo pueda, también, vivir de su propio proyecto. No como un privilegio. Sino como una condición básica para que la economía vuelva a crecer desde abajo hacia arriba.

Son tiempos de revisar márgenes, mirar la rotación, incentivar empleados que se vuelven implícitamente socios en la actividad y con la experiencia de cada uno en su rubro encontrar la salida para ser rentable en esta nueva economía.

 

#BuenaSaludFinanciera

@ElcontadorB

@GuilleBriggiler

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