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El genocidio de Ruanda

Nota I


Por Ana Davicino. - En 1994, en Ruanda se produjo el segundo genocidio más grande de la historia moderna, con casi un millón de muertos. Cada mes de abril, los ruandeses se preparan para conmemorar a las víctimas de esta indescriptible tragedia. Lo hacen con coraje, con responsabilidad y sabiendo que la memoria los hace dueños de su destino.

En el resto del mundo esta masacre pasa en el olvido, casi como si no fuéramos capaces de recordarla. ¿Con cuántos otros hechos aberrantes sucede lo mismo?

Paradójicamente, un mundo más poblado, más comunicado, más tecnificado, está cada vez más pobre en experiencias comunicables, más insensible a las experiencias de los otros, más anestesiado a los estímulos externos, más superficiales en las vivencias.


GENOCIDIO

En 1994 en Ruanda ocurrió un genocidio llevado a cabo con la mayor violencia y crueldad. En este genocidio murieron más de un millón de personas, a los ojos del mundo entero, sin que nadie hiciera algo. La prensa lo describió como una guerra entre dos etnias: hutus contra tutsis. Minimizando enormemente la complejidad social y política, y situando la responsabilidad occidental lejos de lo que estaba aconteciendo.

En 1994, recibimos en la pantalla del televisor, ubicado en nuestra cocina, comedor o dormitorio, las durísimas imágenes de Ruanda. Nos acompañaron en despertares, desayunos y almuerzos. La crudeza de las imágenes, convertidas en un festín mediático, no logró acercarnos, realmente, a la tragedia, por el contrario, quedó como una experiencia totalmente externa para la mayoría de nosotros, que seguimos despertando, desayunando o almorzando hasta que todo ese horror se convirtiera en un reflejo lejano, mezclado con el último chimento de la farándula, la ropa que lució la reina de España o las imágenes de una película de Jean Claude Van Damme.

Toda esta situación que estaba ocurriendo en Ruanda llamó la atención de Alfredo Jaar, artista visual chileno, que viajó a ese país para ver con sus propios ojos lo que ocurría en esas tierras. Abandonar la mirada ascética y protegida, implicarse, mirar Ruanda y dejarse herir.

Inició, así, un amplio proyecto artístico que llamará la atención sobre lo ocurrido, e incitará a sí mismo a la reflexión sobre la condición humana, el papel social del arte, y las cualidades de la imagen comunicativa.

La indagación daría forma a una serie de trabajos e intervenciones que se cuentan entre sus obras más interesantes. “Proyecto Ruanda”, fue elaborada durante cuatro años y su resultado fue presentado como compendio en la edición “Hágase la Luz”, que consta de diversos productos, exhibidos en diferentes galerías y museos del mundo, y elaborados en variados soportes.

Autor: REDACCION

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