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El juicio final

Por Miguel Pettinati. - Mateo 25-31,46, 31. Cuando el hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos sus ángeles, se sentará en el trono de gloria, que es suyo. 32 Todas las naciones serán llevadas a su presencia, y se separará a uno de otros, al igual que el pastor separa las ovejas de los chivos. 33 Colocará a las ovejas a su derecha y a los chivos a su izquierda. 34 Entonces el rey dirá a los que están a su derecha: vengan benditos de mi padre y tomen posesión del reino, que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. 35 Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer, tuve sed y ustedes me dieron de beber, fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. 36 Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver.

37 Entonces los justos dirán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? 38 ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos? 39 ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? 40 El rey responderá: en verdad les digo que cuando lo hicieron con alguno de mis pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.

41 Dirá pues a los que estén a la izquierda: ¡malditos, aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles! 42 Porque tuve hambre y ustedes no me dieron de comer, tuve sed y ustedes no me dieron de beber. 43 Era forastero y no me recibieron en su casa, estaba sin ropa y no me vistieron, estuve enfermo y encarcelado y no me visitaron

44 Estos preguntarán también: Señor ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, desnudo o forastero, enfermo o encarcelado, y no te ayudamos?, 45 El rey le responderá: en verdad les digo siempre que no lo hicieron con alguno de estos más pequeños, ustedes dejaron de hacérmelo a mí.

46 Y estos harán el suplicio eterno, y los buenos, la vida eterna. Palabra de Dios, gloria a ti Señor Jesucristo.


REFLEXION

31 Sabemos que los cristianos son tan sólo una minoría en el mundo. como lo somos nosotros ahora, los judíos pensaban de cuando en cuando en esa mayor parte de la humanidad que no conocía a Dios y sus promesas. La veían como una masa tremenda, lista para engullirlos, un mundo inquietante al que Dios algún día debería imponer su ley y lo llamaban naciones.

En esta última parábola Jesús deja atrás estas perspectivas. Nos enseña cómo juzgará a todos los hombres sin hacer ninguna discriminación por concepto de sus orígenes, el día que venga como rey de las naciones. Todos los que, sin conocer a Cristo, compartieron el destino común de la humanidad, serán juzgados por él.

En realidad, él nunca los abandonó, sino que puso a su lado a esos pequeños que son sus hermanos como representantes suyo. El rey pone al descubierto los innumerables gestos humanos que han construido lo mejor de nuestra civilización y, puestos ante él, los hombres contemplan asombrados al Dios que amaron o despreciaron en la persona de su prójimo. aunque la mayoría no pensó mucho en el más allá, en el juicio se les presenta el reino preparado desde siempre y para siempre, cuya única ley es el amor, no hay lugar neutral. El fuego es la figura del tormento de quienes se perdieron a sí mismos cuando cerraron y esterilizaron su corazón hasta ser incapaces de amar. Durante su vida vivieron indiferentes a la desgracia de sus hermanos marginados y hambrientos; ahora, la irradiación del Dios que es el amor los quema y atormenta.

40 Cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos, mis hermanos. Jesús habla de atender a nuestro prójimo. Bien sea amigo o enemigo y no de servir a la comunidad, a la clase, o a la nación en forma general. Pues tanto la nación como la clase o la humanidad son conceptos que nosotros formamos y deformamos según nuestra ideología y siempre con estas palabras se excluye a una gran parte de nuestros hermanos que no son de nuestra nación o de nuestro grupo. En cambio, el que ama de verdad, reconoce a sus hermanos sin dar mayor importancia a las etiquetas; las personas son las que existen y las que viven para Dios.

46 Y estos irán a un suplicio eterno, hoy en día esa división de los hombres entre buenos y malos no sólo nos molestan, sino que además nos parece un punto de vista ya caduco. Y esto es cierto en algún sentido. Hasta la edad moderna casi no había más gente de una sola idea, uno podía tener a los pocos años una visión completa de las diversas opciones de la vida; en su medio no percibía casi más que una religión, y desde su juventud escogía el camino "bueno" o malo.

Bien es cierto que se daban algunas conversiones para el bien o para el mal (Ez.18), pero en general parecía que la humanidad estaba dividida en buenos y malos.

Pero hoy es muy distinto, pues nuestras elecciones son muy complejas y necesitamos mucho tiempo para ver las cosas con claridad. Se vive toda la vida, o gran parte de ella, llevando consigo tanto al personaje bueno como al malo.

Debemos pues, entender que Jesucristo hablaba el lenguaje de los profetas, esquematizando las opciones. Pero si la gente de hoy es mucho más lenta para hallarse a sí misma, eso no impide que cada uno se incline poco a poco a una elección definitiva. Dios quiera que la inmensa mayoría no rechace la verdad (el evangelio), pero algunos elegirán concientemente perderse y son capaces de ir hasta el fin.

Decir que Dios es tan bueno que los salvará en el último momento, es afirmar algo que Jesús nunca quiso decir. Eso significaría, en el fondo, que todo lo que uno ha vivido en su vida casi no tendría importancia y que nuestra libertad no sería más que un juego.

Lo que dice Jesús en esta página vale para todos. Pero sería un error citar esta parábola como si cubriese todas las responsabilidades de un cristiano. El mundo no necesita tanto de pan, agua o ropa, sino de la verdad y de la esperanza que Dios ha confiado a los que eligió. Los cristianos serían infieles a su misión si se limitaran a hablar de ayuda o albergues, etc. y se olvidaran de lo que es vida para la humanidad, en el primer lugar la palabra de Dios, el conocimiento y el amor de su señor. El será siempre el primero y necesitamos que lo sea para todos.

Autor: REDACCION

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