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El perdón es una ¿realidad o utopía?

Uno de los antivalores que más desprecio es la hipocresía y en nuestra patria es uno de los que más abunda.

Qué es la hipocresía, según el diccionario en una de sus acepciones: fingir sentimientos o cualidades que, en realidad, contradicen lo que verdaderamente se siente o se piensa.

Los seres humanos nos hemos habituado a seguir a las masas para no enfrentar, en muchas ocasiones a quienes piensan diferente y nos consideran “ignorantes” por eso. Hoy hablamos de grieta y en general es cierto, pero francamente creo que a muchos les conviene para mantener intactos sus intereses y eso es no reconocer lo que está mal o bien, sino egoístamente buscar la propia salvación.  

Cuando leo en la Biblia la parábola del hijo pródigo pienso en Jesús, que a través de ella nos enseñó la capacidad de perdón, la capacidad de no medir quien fue más malo o más bueno, sino reconocer el valor del arrepentimiento honesto y sincero para, a partir de allí, construir un nuevo camino de esperanza. En general para la gente, el perdón es de la boca para afuera y juzgar es un verbo que se utiliza muy asiduamente y frecuentemente destruye a personas, que necesitaban más una mano amiga que una piedra.

Analizando, el término perdón, sería bueno expresar que… Antes del momento del perdón, la persona que lo solicita debe estar arrepentida, mientras que el perjudicado por la falta tiene que estar dispuesto a dejar el problema atrás…

Es un acto complejo el de perdonar, pero si supiéramos que es un sentimiento superador, que alivia nuestro ser de una manera increíble, que nos regala un don que deberíamos guardar en nuestro interior, para seguir perdonando y ejercitar algo que solo nos regala “paz interior”, no seríamos tan soberbios a la hora de aceptar perdonar…¿si no perdonamos como podemos pretender ser perdonados? Somos tan soberbios, que nuestro ego se puede mezclar con el azul del cielo en ocasiones.

¿Por qué nos encerramos en posturas personales al momento de tener que analizar una situación que creemos hay que perdonar?, tal vez, porque tememos descubrir que a quién hay que perdonar es a nosotros mismos. La hipocresía es un antivalor que para vivir mejor nos convencimos que es la virtud de la sinceridad y llega el segundo en que nos sentiremos interpelados por la verdad y la genuina sinceridad, aún al final de nuestra vida. Hay gremialistas, políticos, empresarios, periodistas, maestros, empleados, médicos, abogados -podríamos seguir así mucho tiempo- hipócritas y que no ayudan a mejorar esta sociedad que pide a gritos salvarse de la destrucción.

Para crecer hay que perdonar y aceptar que también debemos ser perdonados. Todos nos equivocamos y de los errores que sabemos aceptar, avanzamos un paso a la evolución de esta vida que nos toca vivir, en cambio si vivimos engañándonos quedaremos suspendidos, como personas que deambulan sin encontrar sentido a su existencia.

Perdonar no solo es un verbo, es mucho más, es un don que si ejercitáramos todos, ¿nuestra sociedad no estaría como está?

Sería una hipocresía si el Gobierno dijera que no hay problemas, sería una hipocresía que la oposición diga que quiere ayudar al Gobierno sin segundas intenciones, sería una hipocresía decir que alguien que apoya el aborto valora la vida, es una hipocresía decir que un maestro que vive de paro realmente prioriza al niño, sería una hipocresía decir que un médico que exige una orden o un pago antes de atender a un paciente es un profesional íntegro y sería una hipocresía decir que una persona es íntegra cuando va a una manifestación sin saber para qué, por unos pocos pesos y algo de comer y sería una hipocresía decir que quienes manejan las masas en la calle lo hacen solo para defenderlas sin ningún interés personal y así seguiríamos por mucho tiempo.

Que reconozcamos nuestras hipocresías, no es lo más difícil, sino que lo difícil, tal vez, es renunciar a sus beneficios…¿difícil de aceptar no?… en consecuencia, ¿cómo podemos pretender ser perdonados si no sabemos o no queremos perdonar?

El perdón, y la desaparición de la hipocresía, no debe ser una utopía, sino una realidad…es nuestra responsabilidad para con nuestros niños y jóvenes.

Autor: Alicia Riberi

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