Economía

El trabajo que viene

La nueva generación de PyMEs: nativas digitales y disruptivas.
Crédito: MICROSOFT NEWS

Por Guillermo Briggiler

Durante años, en Argentina miramos el desempleo casi como el único termómetro del mercado laboral. Si la desocupación subía, había preocupación. Si bajaba, respirábamos tranquilos. Pero la Argentina de hoy nos obliga a mirar un poco más profundo.

Porque muchas veces el problema ya no es solamente no tener trabajo. También el problema es tenerlo de manera frágil.

Hay miles de argentinos que trabajan todos los días y aun así viven con incertidumbre: changas, ingresos variables, informalidad, monotributo precario o actividades que apenas alcanzan para sostenerse mes a mes. Es una realidad que golpea especialmente después de años de inflación alta, crisis recurrentes y caída de la inversión.

La actual transición económica también impacta en el empleo. Cuando un país ordena sus cuentas, baja gasto público y enfría parte del consumo, inevitablemente aparecen tensiones en sectores como comercio, construcción o pequeñas industrias. Y eso se siente.

Pero también hay algo distinto esta vez. Por primera vez en mucho tiempo, Argentina parece intentar construir crecimiento desde bases más sostenibles: estabilidad, inversión privada, exportaciones y productividad. El camino es más lento y menos espectacular que el consumo artificial financiado con emisión. Pero también puede ser más duradero.

El desafío está en el medio. Porque el empleo siempre llega después. Primero aparece la estabilidad. Después la inversión. Y recién entonces las empresas empiezan a contratar con fuerza.

A veces pretendemos que el mercado laboral reaccione en semanas, cuando en realidad las decisiones empresariales tardan meses o años. Nadie toma empleados sólo porque un dato macroeconómico mejoró un trimestre. El empresario contrata cuando siente que podrá sostener esa decisión en el tiempo.

Estamos viviendo un período de reconversión, algunos sectores pierden empleo y otros los crean, y esta situación es dolorosa.

Rafaela tiene una cultura del trabajo difícil de encontrar en otros lugares del país. Tiene pymes, industria, emprendedores, productores agropecuarios, talleres, comercio y una sociedad acostumbrada históricamente a generar valor real. Incluso en momentos difíciles, nuestra región suele mostrar algo que Argentina necesita recuperar: gente que apuesta, invierte y produce.

Tal vez el empleo del futuro no venga únicamente de grandes fábricas llenas de miles de obreros como en otras épocas. Quizás venga más fragmentado: pequeñas empresas tecnológicas, servicios especializados, agroindustria inteligente, logística, energía, economía del conocimiento y emprendimientos locales que crecen de manera gradual.

Y aunque hoy todavía haya incertidumbre, también empieza a aparecer algo que Argentina había perdido hace mucho tiempo: previsibilidad. No alcanza todavía, claro. Pero es un comienzo. Porque cuando un país logra estabilidad, el trabajo genuino termina apareciendo. Más lento de lo que todos quisieran, sí. Pero también más sólido.

Y si hay una ciudad preparada para aprovechar ese momento cuando llegue, probablemente sea Rafaela.

#BuenaSaludFinanciera

@GuilleBriggiler

@ElcontadorB

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