Bajo un sol espectacular, la mañana del Domingo de Ramos se presentó ideal para la celebración al aire libre de la ceremonia oficial con la cual los católicos de todo el mundo comienzan la Semana Santa, la semana mayor de la cristiandad donde se memora y revive la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo; quien luego de estos hechos, y según la creencia cristiana, vive para siempre en los cielos junto al Padre, es el Hijo único de Dios, y volverá un día para instaurar el Reino de los Cielos y su justicia sobre la humanidad de todos los tiempos.
Como todos los años, escuchar nuevamente del Evangelio y revivir los sucesos del Monte de los Olivos, esa injusta condena, ese mirar para otro lado de Poncio Pilato y esa ejecución brutal y sangrienta en la cual Cristo queda colgado de una cruz, sensibiliza hasta los corazones más duros, no sólo por la cuestión de la divinidad de Jesús, sino simplemente por un sentido de humanidad ante tan despiadado asesinato de un hombre inocente de delito.
Luego de bendecir los ramos de olivo que dan inicio a esta semana de Pascuas cristianas, en la Plaza 25 de Mayo a las 10:30, nuestro obispo diocesano Luis Alberto Fernández pronunció unas palabras, y en procesión ingresó al templo mayor, es decir la Catedral, para dar inicio a la misa matutina del Domingo de Ramos.
Ante una multitud que desbordó al templo, la celebración eucarística fue concelebrada por los presbíteros Alejandro Mugna -párroco de la Catedral- y Jonatan Delfino -vicario-.
EN LA PLAZA
En la Plaza 25 de Mayo, Monseñor Fernández se dirigió a la comunidad rafaelina en varias oportunidades durante la bendición de los ramos, para culminar con la Homilía luego de la lectura del Evangelio de la Pasión de Cristo en la Catedral.
“Venimos a la Plaza del pueblo de la ciudad -inició el Obispo- para reconocer que Jesús es nuestro Salvador […] Queridos hermanos celebremos este Domingo de Ramos. Vamos a participar esta Semana Santa de la obra más grande de Dios: su entrega y su amor dando la vida en la cruz”, dijo. “Jesús entró a Jerusalén subido a un asno: así se presenta nuestro Dios -continuó-, así es el Rey que tenemos, y por eso los chicos arrancaban ramas de los árboles poniéndolas a sus pies. Eso es lo que queremos ahora vivir una vez más”, agregó.
“Reconocemos a Jesús -dijo por último en la Plaza-, como el Salvador que decididamente viene a darnos vida, devolvernos la alegría, a ayudarnos a vivir como hermanos, a querernos y respetarnos, a pedir un corazón lleno de Fe, para animarnos a que esta vida no nos deprima, sino por el contrario, como estaba ese pueblo esa mañana en Jerusalén y como está hoy este pueblo en Rafaela, para decirle a Dios que la vida tiene sentido, que vale la pena trabajar honestamente, ayudarnos a vivir como Nación que quiere cada día vivir en la Justicia y en la Paz”, culminó.
EN LA CATEDRAL
Antes de la celebración eucarística, ingresando al templo, nuestro Obispo sostuvo que: “Cuando la cosa se pone difícil -dijo-, cuando hay momentos duros en nuestra vida, ahí Jesús nos enseñó con alegría, con los niños, y en esa entrada triunfal en Jerusalén, que él también se da cuenta que en la vida hay mentiras, hay corrupción, y hay violencia. Pero Jesús no se esconde, no se borra, da la cara y pone su cuerpo”, enfatizó Fernández.
Ya en la Homilía vinieron las reflexiones más fuertes y profundas.
* “La obra más grande de Jesús -dijo el Obispo-, no lo olviden nunca, porque uno a veces cree que lo más grande es cuando uno tiene fuerza, tiene inteligencia. Pero la obra más grande de Dios es cuando él no habla, no dice nada, y está crucificado. Ahí está la obra más grande de Dios”.
* “Esta es la obra de El, para alentarnos, para fortalecernos, para decirnos cuando a veces las cosas andan mal, o cuando se nos viene el mundo abajo, o esta muerte que no entendés, o este sinsentido de la vida, o este hijo que se ha ido, o esto que vos habías creído que era para toda la vida... Ahí viene la Pasión del Señor, para darnos vida, para decirnos que 'Yo la pasé'. Esto no es un drama ni una tragedia, esto es una vida, que no es tan distinta que las que nos toca vivir. Por eso, ¡qué buen Dios que se manifiesta así! En los problemas, y no se esconde, sino que le pone el cuerpo a la vida”, dijo el Obispo.
* “Jesús puso su espalda, y se hace defensor de los pobres -remarcó-, de los olvidados, de los ignorados, ¡qué bueno que este Dios ha dicho que aún toda injusticia, todo dolor no es en vano, ni va a quedar simplemente en la memoria, sino que verdaderamente El es el Defensor. Miremos a Jesús que nos va a salvar”.
* “Que esta alegría serena -finalizó-, nos ayude en este 2015, donde tenemos tantas decisiones importantes: políticas, donde un país quiere una vez más en democracia poder elegir con su voto a aquellas personas que realmente nos puedan guiar y conducir. Que también esta Semana Santa, también nos ayude a poder mirar el futuro de nuestra Patria, por los niños, por familias con vivienda, por trabajo para todos, se lo pedimos al Señor de la Vida”. (Colaboración: Emilio Grande (h)).