¿Valdrá la pena desarrollar nuestra existencia humana en la forma tan trastornada con que llevamos nuestro diario andar, viviendo excitados, amargados, obnubilados por fatuos inútiles fuegos artificiales que trastocan y confunden nuestra cotidiana manera de vivir? ¡Digamos que no!, y si usted no está de acuerdo con lo expuesto, prosiga con la lectura, y tal vez coincidiremos en muchos aspectos.
Para alcanzar semejantes niveles de inconexo inconformismo colectivo priorizamos nuestra individualidad a toda costa sin tener respeto por el proceder de los demás. Es indudable que pretendemos mostrarnos como principales representantes del género humano, con prioritarios usos y abusos sobre el resto del plantel de encarnados. Sin embargo, comparándonos con el cosmos en el cual vamos desarrollando nuestras mortales existencias, nos queda la firme convicción que no somos más que un humilde e ínfimo granito de arena en la infinita e ilimitada playa del universo. Comparemos esa grandiosidad incalculable que nos rodea con nuestra corta y fugaz existencia terrena, imaginando un viaje a través del espacio infinito a la velocidad de la luz, medida usada astronómicamte para estimar las enormes distancias de la Creación, o sea 299.972 kilómetros por segundo.
Subamos a nuestro supuesto transporte estelar, y cómodamente sentados partamos hacia el espacio a la velocidad de la luz.
En un segundo y un poco más habremos dejado atrás la Luna. Cinco horas después abandonaremos el sistema solar y cuatro años más tarde alcanzaremos la estrella más cercana a la Tierra. Siguiendo nuestro viaje intergaláctico encontraremos una estrella cada cinco años en promedio, y eso que la Vía Láctea está compuesta por 18 millones de estrellas y nosotros seguiremos viajando a 18 millones de kilómetros por minuto. Concluiremos de atravesar esta galaxia luego de viajar 80.000 años y luego ¡sí estaremos tranquilos!, pues habremos alcanzado el espacio infinito y vacío, dado que la próxima galaxia, que es Andrómeda, se encuentra a dos millones de años luz.
Pero irónicamente estas dos galaxias forman un grupo de 17, que la ciencia astronómica conoce como "grupo local"; si hablamos del "conjunto visitante", Hércules es la más grande congregación con 10.000 galaxias, y tardaríamos
(siempre en nuestro imaginario vehículo) 300 millones de años en llegar allá.
Ese es el Universo del que formamos parte y nosotros, con nuestra soberbia y prepotencia creemos ser "los dueños del mundo". ¿De qué mundo? Imaginemos cuántos millones de años lleva evolucionando el Universo a nuestro alrededor.
¿Se justifica nuestra pretensión de querer adaptarlo a nuestros caprichos mundanos convenientes a nuestro ego?
Tal vez sea mejor tratar de comprender mejor nuestro fugaz y efímero papel sobre esta estrella llamada Tierra, y cooperar a un entendimiento humano, en vez de amontonar poderes, dinero, soberbia, prepotencia y así avalar la palabra del título, que significa porquería, adefesio, esperpento, y también "mezcla confusa" ¿No le parece que nos acercamos mucho a estas definiciones, sobre todo (como sociedad) a la última?