Hablar de esperanza es hablar de vida, porque la vida es esperanza, sin ella es imposible avanzar.
Cuando uno se levanta, enseguida se pone a pensar en los problemas que hay que enfrentar, cuando en realidad agradecer es lo primero, por despertar, por estar sano, por tener lo que tenemos, si no fuera por la esperanza, no saldríamos de casa a cumplir proyectos, a trabajar, a divertirnos.
Si una persona conoce a otra y se vincula, lo hace porque tiene esperanza de acordar, de congeniar, de pasarla bien, no lo hace para sufrir, sino sería masoquista. Quien elabora un proyecto es para desarrollarlo, en consecuencia tiene esperanza de hacerlo, de que prospere y de que otras personas colaboren y lo ayuden a hacerlo más grande. La madre que lucha al lado de su hijo por una adicción, sea droga, alcohol, juego, el mundo de la computadora, internet y demás, lo hace porque tiene esperanza de que logre superarlo, sino no lo intentaría. Las personas que visitan a los presos, no lo harían si no tuviesen la esperanza de lograr algún cambio, o al menos poder dialogar y trasmitirles la posibilidad de recuperarse e integrarse otra vez a la sociedad, o tal vez vivir con un poco más de paz.
Cuando uno ve a tantos chicos en la calle, sin rumbo, sin lo necesario para formarse en condiciones idóneas, se pregunta si hay esperanza para ellos y yo aseguro que sí, pero es necesario trabajar con toda la familia, hay que volver a instaurar la cultura del trabajo y muchos dirán…¿qué decís? Y yo les digo… sin la esperanza de cambiar la cultura de no trabajar que existió en varias generaciones, deberíamos bajar los brazos y abandonar cualquier proyecto que nos oriente hacia otra forma de vivir.
Los que defendemos la vida, si no tuviésemos la esperanza de que triunfe la moción, de no legalizar el aborto, diríamos que se legalice y ya está, lo mismo dirán los que piensan lo contrario.
Los que amamos a los ancianos y no queremos que se olviden de los abuelos, que son un pilar importante para cualquier familia, conservamos la esperanza de que nuestros “viejitos” estén cada día mejor y buscaremos darle afecto, acompañarlos, porque no perdemos la esperanza de cambiar el desarraigo que está sufriendo la tercera edad.
Los que luchan por disminuir los accidentes de tránsito, sea por alcoholismo, por imprudencia, por irresponsabilidad, no pierden la esperanza de que todo cambie, sino no lo harían.
Los cristianos que en distintas partes del mundo pierden la vida por defender su fe, no lo harían si no tienen la esperanza de que algo cambie, están dando su vida, que no es poca cosa.
Cuántos luchan por cuidar el medioambiente, que si observamos atentamente, hay otros tantos que no lo cuidan, porque tiran basura, pilas, por cualquier lado, talan bosques, contaminan aguas y cuántas cosas más y si esos luchadores prestaran atención solo a las malas conductas, no lo harían si no tuviesen la esperanza de que algo se modifique.
La esperanza es un condimento que nunca se puede desprender de nosotros, porque sin ella no sobreviviríamos en la vida diaria, que nos enfrenta a múltiples desafíos, a los que le debemos dar respuesta.
La esperanza, aún en este mundo en el que pareciera haber desaparecido, existe y es un condimento fundamental para desarrollarnos en la vida, tan fundamental como el agua para sobrevivir.
Esperanza, regalo de Dios, para no desfallecer, en el largo o corto camino de nuestra existencia.