BUENOS AIRES, 3 (NA) -- La fiesta popular boliviana Alasitas cobró vida una vez más el último fin de semana en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en distintas sedes.
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires destacó todo lo que aconteció en el barrio de Villa Lugano, pero también Floresta fue un foco de celebración.
Lugano vivió la fiesta con espectáculos artísticos a cargo de las Fraternidades de Tinkus y Salay Caporales los de Tupiza, el grupo autóctono Comunidad Markasata y los folclóricos Munay Llajta y Jacha Uruy.
Otro tanto ocurrió en el local bailable Eclíptico, de la avenida Rivadavia al 8100, donde no faltaron los stands gastronómicos con platos regionales como el paceño (tradicional de alasita), sajta de pollo y phisara de quinoa.
O los jugos de frutas desconocidos para los porteños que no conviven con comunidades bolivianas.
"Esta celebración se lleva a cabo año tras año para honrar al Ekeko, el dios de la abundancia. Y para eso, la gente viene y adquiere en la feria estas miniaturas llamadas Alasitas para que se hagan realidad con el correr del tiempo", explicó Felipa Quispe, presidente de la Asociación Vendedores Independientes, Artesanos y Artistas del Parque Indoamericano.
En el evento, tal cual detalló Quispe, se rindió honor a ese dios y en el caso de lo ocurrido en Floresta se vendió a través del sistema de remate.
Esta tradición es un elemento cultural común de la sociedad boliviana y una de sus fiestas más importantes.
Alasitas significa "comprame" en idioma aimara y las miniaturas están referidas a distintos elementos del hogar como dinero, autos, casas y ropa, entre otros, que aparecen sobre figuras de animales de la selva.
Todo ello se encomienda al Ekeko para que las transforme en realidad en el futuro.
Todas las miniaturas fueron sometidas a un ritual denominado challa, rito andino que incluye una rociada con alcohol o vino, pétalos de flores, sahumerio, adornos coloridos y oraciones que mezclan tradiciones prehispánicas y católicas.
En Bolivia, la fiesta de la Alasita se celebra cada 24 de enero en la ciudad de La Paz y se prolonga durante unas tres semanas.
La Vicejefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, a través de la Subsecretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural, auspició la fiesta.
No obstante, la comunidad boliviana en Buenos Aires se quejó el año pasado porque se cancelaron las celebraciones al aire libre, que tenían lugar en Parque Avellaneda.