“La sopa del monstruo”, de Fortunato Nari (edición 2013, Vinciguerra/el libro argentino, de 80 páginas) es el nuevo libro que ha hecho conocer este autor emblemático de la ciudad (por adopción nuestra hacia él) nacido en Monte Oscuridad.
Se trata de un ejemplar bellamente presentado que contiene un relato (“La sopa del monstruo”) y cien haikus, circunstancia feliz de la poesía en la que Nari se siente como en su sopa (perdón, quise decir en su ambiente más natural).
“Sé infinito y sé suave”. En una parte de la obra Fortunato Nari expresa esta idea que, podemos decir, expresa con suprema claridad uno de los objetivos de su escritura y también, por qué no, de su manera de ser.
“Sé infinito y sé suave”. Habría que agregarle también, para completar la esencia de lo que es Nari, “sé profundo, sincero, auténtico, mira a través de ti mismo y de los demás, y allí, sabiamente escondida, encontrarás la belleza, esa que llenará tu vida con sonrisas de luz”.
Eso es la escritura de Nari: brillo y calor, alimentándose del pensamiento más puro y sensible, sin límite de tiempo ni materia. Por sobre todo e indispensablemente, belleza.
Estos son algunos de sus haikus: “Este pueblito / que cuida mis palomas / cobra en palabras”, “Calla el crepúsculo / y un olor de hojas secas /crece en silencio” , “En esa nube / sueña el amo del aire… / Es El, que pasa”.
Quedan también especialmente invitados los lectores a saborear una aparentemente inquietante sopa del monstruo, un relato servido en diecinueve páginas que se disfrutan palabra a palabra y una demostración de la gracia inmaterial que surge de su prosa.
Su obra, en general, alimenta en nosotros lo que nos hace estar por encima del suelo. El hecho más notable, y casi un milagro, que ha producido la literatura de Nari es una paradoja: cuánto más peso de sensibilidad aporta a los conceptos incorporados, más aéreo y volátil es el mensaje a transmitir, consiguiendo la elevación.