Pese a haber violado y matado a trece mujeres entre 1974 y 1975, a Francisco Antonio Laureana no le alcanzó para tener el triste privilegio de ser parte de ese grupo de asesinos legendarios. Aunque Laureana no mataba para aparecer en los diarios: mataba por placer. Era un asesino de manual, al que se adjudican 14 víctimas, todas mujeres.
"Gorda, cuidate. Y que los nenes no anden solos por la calle", memora el sitio online BigBand/News que decía el violador asesino cuando salía de su casa.
"Al igual que los típicos psicópatas estadounidenses, este muchacho se quedaba con souvenires de sus víctimas, como cadenitas y pulseras, que guardaba en una caja. No sería de extrañar que sintiera placer al recordar sus crímenes y mantener en su poder las pertenencias de las mujeres que mataba”, recordó el forense Osvaldo Raffo, quien le hizo la autopsia a Laureana, muerto a tiros en un enfrentamiento policial el 27 de febrero de 1975.
Las crónicas policiales de entonces dieron cuenta de que para atraparlo le pusieron mujeres policías como "anzuelo".