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Graciela Prieto Rey: una sólida atadura

“Atadura”, de Graciela Prieto Rey (edición 2013, de Editorial Palabrava, 82 páginas) es la obra con que culmina el importante esfuerzo que ha significado la creación de ocho libros de autores significativos de la región con la intención de fortalecer el contacto entre autor y lector.

El cierre de este ciclo se concretó con una realización literaria impactante. Esta obra de Graciela Prieto Rey justifica estar en el género policial y lo excede generosamente; ya que este tipo de novela admite ciertos límites y “Atadura” es mucho más que una novela policial corta, ya que logra crear un clima de suspenso irresistible: se hace necesario llegar al final lo antes posible para conocer la resolución de un hecho que implica peligro de pérdida de una vida, y además hace reflexionar acerca de algunos valores que hacen a la vida en pareja.

Una de las cuestiones, y no menor, es la que abarca un conflicto propio de la condición humana ¿Queremos todo lo que tenemos tal como está? ¿Necesitamos probar otras alternativas paralelas para saber si lo que hay nos satisface? o, dicho de otro modo: ¿tenemos el ideal romántico de desear lo que no podemos tener?

La realidad en que se ubica a los personajes es muy compleja dentro de un clima tan enrarecido y habitado de perversiones, que la falta de moral de las situaciones llega a justificar los actos innobles, y hasta parecen estos la actitud natural consecuente. El lector se preguntará si realmente los personajes buscan la felicidad y, finalmente, si el modo en que se cierra la acción es un castigo, si hubiera podido terminar de otro modo, o si la fatalidad ha impuesto su modo ciego de resolver.

Abunda la obra en escenas de fuerte impacto, aunque contenidas en el punto preciso: muestra pero no golpea sin necesidad. Dice pero oculta y sugiere más que lo que expresa. Los detalles significativos que son la clave del rompecabezas van cayendo de a poco en situaciones que no lo anuncian especialmente; llegan como verdades dichas al azar en conversaciones que tratan de otro asunto, lo que configura un recurso muy hábil por parte de la autora que trata de este modo con sabiduría literaria, y al mismo tiempo con respeto, al lector atento a las señales entre líneas.

El título tampoco es casual: su justificación surge clara en un párrafo y es perfecta: es la clave del mensaje de la obra y define la sensación que motiva la mayoría de las acciones de los personajes.

Se puede decir también que el personaje principal es el modo en que se relata. Conciso, contundente, directo, con frases breves que lo expresan todo con sólo las palabras estrictamente necesarias. Graciela Prieto Rey no intenta la metáfora como sistema (el vocabulario es llano, de captación rápida de la idea) pero logra en muchos momentos del texto una admirable síntesis (“Sus valijas preparadas ilustran la decepción”, “Elegimos, pero en cualquier elección, el dolor es la certeza”, “Siempre que tiene una decepción amorosa desaparece y seguro que andará detrás de una perra o un gato”, o esta que no es exactamente textual “le dolía el cuerpo ausente de él”).

Demás está expresar la entusiasta recomendación de que lean esta intensa y profunda novela, donde se juegan vidas y valores, se siente fluir cálidamente la vida en cada línea de su texto. Y, si lo pensamos bien, estamos diciendo que la conexión con la escritura bien concebida y concretada es una atadura sensible y fuerte. Además de necesaria.

Autor: Hugo Borgna

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