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"Hasta siempre, corazón"

FOTO LA OPINION CAYETANO COLSANI. Compartió recuerdos sobre su relación con Miguelito Yapour.

"En tiempos donde se busca fomentar el emprendedurismo, creo necesario rescatar a quienes abrieron caminos y se transformaron, a través de su esfuerzo y espíritu innovador, en un emblema de una ciudad pujante. El caso de Miguelito deja un mensaje muy fuerte sobre que cuando se quiere, se puede", afirma Cayetano Colsani, que además de profesor del nivel secundario pertenece a una familia ligada al sector gastronómico de Rafaela desde hace más de 60 años. 

Miguelito no es otro que Miguel Yapour, quien murió a los 90 años el pasado 28 de febrero tras una intensa y fructífera vida en la que construyó una empresa familiar que se proyectó como una bandera de la ciudad hacia toda la Argentina. 

"Simplemente quiero contar una experiencia cercana como proveedor y como amigo, ya que a través de nuestra empresa Confitería Colsani le proveímos a Miguelito durante casi 30 años, toda clase de bocaditos, sandwiches y masas para las fiestas en la que prestaba servicios", dice Cayetano en una visita sin prisa a este Diario. "Me hizo la fiesta de casamiento en 1964", admite para dejar en claro que su relación se gestó hace décadas. "A Miguelito lo conocí en el año 1960", aclara. 

Enseguida recuerda que "el primer gran desafío fue el casamiento del piloto Carlos Reutemann, para el cual llegó a un acuerdo con su suegro, el empresario Marcos B. Bobbio que era el dueño de Canal 13 de Santa Fe y el papá de Mimicha, la novia del Lole". "Hicieron la fiesta en una quinta del recolecto barrio Guadalupe de Santa Fe. En ese momento comenzamos la relación comercial, Miguelito nos preguntó si nos animábamos a hacer los bocaditos y la torta. Nosotros recién abríamos la confitería. Fue una gran corazonada. Salió todo bien, afortunadamente. No fue una fiesta masiva, habrá visto alrededor de 200 invitados. La anécdota es que Bobbio no le pagó en efectivo sino que fue un canje por publicidad en Canal 13, lo que era importante por la llegada de ese canal en toda la región", apunta. 

"Y cuando en el año 1966 viene el presidente Guido a Sunchales, por una fiesta en SanCor a la que asistieron 18 mil personas, tuvimos que ir juntos con Miguelito a Rosario a alquilar sillas porque en toda la zona no había para tantos", cuenta entre risas. "El coraje de alguien que no había terminado la primaria y darle de comer a 18 mil personas... solamente a un loco lindo se le ocurre aceptar semejante desafío", reflexiona en voz alta. 

Cayetano destaca que "Miguelito siempre estaba alegre" y que "su saludo típico era `Hasta siempre, corazón`". Piensa que "el corazón corazón era propio de él, era una forma de demostrar cercanía, afecto y cariño con las personas". Y otra vez bucea en su memoria: "Cuando se inauguró el Túnel Subfluvial, el presidente de la Nación era el General Onganía. Se hace una fiesta en Paraná, y en el medio de la misma Onganía pregunta quién es el famoso Miguelito, esperando encontrarse con un gran empresario, quizás de traje y corbata. Y Miguelito siempre estaba en medio de la organización, atendiendo, atento a los detalles para que todo salga bien. Cuando se estrechan la mano, Onganía quedó sorprendido porque se encontró con alguien que si bien era el dueño de la organización, con gran humildad conservaba la actitud de ser el mozo. Hoy en recursos humanos se enseña el sentido de pertenencia, la actitud de servicio y cercanía con el otro, Miguelito fue un precursor en esto". 

"A mí me atendió la fiesta Miguelito". Esta frase, dice Cayetano, se pronunciaba con orgullo en la ciudad y todos lados.

"Miguelito no tenía un gran discurso, pero tenía actitudes, hechos, modestia, un buen servicio. A nosotros, como proveedores, nos dio la posibilidad de participar en las fiestas más categorizadas, como el casamiento de la hija de uno de los Pagani dueños de Arcor en Arroyito. Fue el 10 de marzo de 1983 en esa ciudad cordobesa. Nosotros hicimos la mesa de dulces, hubo 400 invitados, con muchos embajadores. Miguelito se lució enormemente. Con el episcopado y embajadores del más alto nivel", consigna.

"Si debiera definirlo, fue un optimista consuetudinario, siempre encontraba que lo que iba a hacer era mejor que lo que había hecho. Era creativo, inteligente, comprensivo, pícaro. Un tipo que construyó de abajo un imperio, pero en base a su espíritu emprendedor. Fue humilde, honesto, trabajador, buen amigo", resalta Cayetano, quien no oculta su admiración por Miguelito. "Los Colsani le proveímos durante casi 30 años durante todas las semanas. Nunca firmó un remito, nunca un cheque. Pero tampoco tuvimos una diferencia", asegura. 

"Siempre nos motivaba a hacer algo distinto. El inventó servir bandejas con luces encendidas. Lo estrenó en la Fiesta de Siglo, la fiesta de la Asociación de Dirigentes de Ventas y Comercialización que se hizo para 2.000 personas en Santa Fe", ilustra. "Te digo más, Miguelito eligió la palabra `organización´ para denominar a su empresa. Y así quedó Organización Miguelito que después se impuso al menos en el rubro gastronómico", añade.  

Y para cerrar Cayetano optó por una mirada particular. Se preguntó cuánto caminó en su rol de mozo Miguelito. "Al menos cumplió esa labor durante 30 años, considerando 52 semanas por año, son algo así como 1.660 sábados y él estuvo al menos el 90% de ellos. Si en cada fiesta recorrió 5 kilómetros, que no es tanto, entonces podemos afirmar que caminó 8.000 kilómetros durante las distintas fiestas que atendió. Es una gran cifra", manifiesta casi a modo de despedida del amigo. 






















Autor: REDACCION

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