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¡Hay que trabajar!

Tiempo atrás caminando por calle Belgrano, un joven de no más de quince años me sorprende con una expresión: ¡Señor, me da unas monedas!

Me quedé mirando sorprendido, y desde luego nada le di, pero sí le manifesté: ¿Por qué no trabajas? Me respondió: ¡A mí no me gusta trabajar!

Con ese criterio no vas a llegar muy lejos. ¿No sabes que todos tenemos el deber de trabajar? ¡El trabajo no es un castigo ni una pena!

Desde luego, tras un poco de conversación me entero de que los padres están separados, vive con la madre, que sí trabaja.

Luego y en mi casa me vinieron a la memoria, los inmigrantes de los siglos XVIII y XIX. Esos sí que trabajaron, hicieron este gran país con esfuerzo y sacrificio. También vino a mi memoria, el recuerdo de un inmigrante que vino con lo puesto, conocí a varios de sus nueve hijos, a quienes al cabo de su vida les dejó más o menos 800 hectáreas de campo, pero no en el desierto, sino en las colonias vecinas.

Los inmigrantes, ya sean italianos, suizos, judíos, alemanes, etc., llegaron todos sin recursos, sin embargo a los tres o cuatro años ya tenían su modesta casita, sin bancos de crédito, etc, pero eso sí, no pedían monedas de limosna, trabajaron de sol a sol, y podemos decir sin equivocarnos que hicieron el país que hoy disfrutamos.

Lamentablemente se ha perdido la cultura del trabajo, sin la cual no se puede avanzar.

Hoy es común, tratar de conseguir un puesto público, para ser los populares "ñoquis". Digo a los abuelos y padres, que deben exigir a sus hijos y nietos que deben trabajar, que ello será en beneficio propio y de toda la familia; además el trabajo ennoblece y da recursos para avanzar.

El tema da para mucho más, pero terminemos con una expresión categórica:¡hay que trabajar!

Autor: Amado Raspo

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