Las "postas" eran las llegadas obligatorias de los viajeros, de las galeras, de las diligencias, mensajerías y las carretas de cuyos capataces lograban a su llegada a las postas una realidad íntima con el puestero y su familia.
Pero que eran en realidad. En los vastos y largos caminos del virrreinato, fueron una necesidad impostergable de los viajeros a su llegada; era poco menos que una fiesta.
Allí se reposaba, se comía, se preparaba la salida para el día siguiente. Se cambiaban los caballos cansados, reemplazados por los que proveía el puestero, y en fin los llegados traían las noticias de lo sucedido en las capitales de provincias.
Desde luego en ocasiones estaban los puesteros sometidos a los cuatreros o merodeadores, o bien al malón de los indios de "tierra adentro".
Aún era común la llegada de los fugitivos de la Justicia, que buscaban proveerse de todo lo necesario antes de largarse al desierto.
Años atrás, tuve el privilegio de visitar la "Posta de Yatasto", que fue el lugar que por primera vez se entrevistaron San Martín y Belgrano. Viví desde luego una emoción tremenda, por la gran cantidad de placas de bronce y de chapas que como homenaje se brindaron a dos de nuestros más ilustres próceres.
Hubo también otra posta llamada "Cabeza del Tigre", que no se si aún existe, que fue el lugar donde fue fusilado Liniers, cuando equivocadamente se apartó de la Revolución de Mayo, para con los cordobeses iniciar una Contrarrevolución.
En fin, cada cierta cantidad de kilómetros, se encontraban las postas que cumplían una noble función para con los viajeros.
Extractado de "Crónica Histórica Argentina" Tomo 2.