Horacio Scándalo, fallecido hace ya 23 años, fue alguien realmente importante dentro de la historia del cine Belgrano, desempeñándose como director, gerente, programador y administrador de esa sala durante casi 40 años, es decir, gran parte de su existencia.
Hubo en realidad tiempos muy difíciles, crisis del espectáculo cinematográfico muy duras y profundas, a las cuales siempre Scándalo le puso el pecho, en realidad una forma de decir, ya que allí, en esa empresa de la cual era dependiente pero que consideraba como parte suya, dejó todo su esfuerzo, su sacrificio de muchísimas horas, su ingenio para afrontar épocas complicadas, en síntesis, su valioso aporte para que la sala funcionara de la mejor manera. Incluso en aquellos momentos en que la escasez de recursos dificultaba las tareas de mantenimiento, una de las mayores preocupaciones de Scándalo, tratando de sostener a "su Belgrano" de la mejor manera para toda la ciudad de Rafaela.
Es oportuno entonces, en estas seis décadas del Belgrano, recordar a alguien que fue partícipe muy destacado dentro de la existencia del mismo, merced a su aporte personal en favor de la empresa.
El 23 de diciembre de 1994, poco después de su desaparición física, LA OPINION consignaba en su editorial "corresponde reconocerle a Horacio V. Scándalo haber contribuido durante casi cuatro décadas a favor de la cultura rafaelina, volcando con permanente cordialidad su espíritu de servicio, su generoso corazón para cuidar hasta en el más mínimo detalle el mantenimiento de la gran sala que es orgullo de Rafaela; haciendo posible que además de la exhibición cinematográfica con sus altibajos de tiempos de bonanza y de crisis, pasaran por su escenario decenas de artistas de variado género, nacionales a internacionales".
Añadía además dicha nota editorial que fue homenaje de despedida de Scándalo "Rafaela perdió a un valioso hombre de la cultura. No fue escritor, ni escultor; tampoco pintor, menos director o actor teatral. Es que no necesariamente hay que ser artista para poder hacer algo positivo por la cultura. A favor de esta también vale y mucho, tanto el que escribe una partitura como el maquinista de un escenario; el que escribe libros como el que los vende no como una vulgar mercancía, sino con la convicción que el libro es una rica cantera de conocimientos", resultando entonces una muy acertada descripción sobre la labor que había desarrollado Scándalo frente al cine Belgrano.