Por Ana Davicino (Especial LA OPINION). - Las siguientes notas intentan acercarse a la imagen digital, a través de un panorama general y algunas características que marcan los cambios que ha significado el desarrollo de la tecnología digital para las imágenes y el mundo del arte y realizará algunas consideraciones particulares sobre las imágenes digitalizadas e impresas que son uno de los aspectos más híbridos de esta cuestión.
Este asunto, si bien ha sido estudiado con cierta profusión, despierta aún múltiples resquemores y desconfianzas, ya que se encuentra en un terreno nuevo, en los bordes.
A mitad del siglo pasado, pensar una experiencia cotidiana de lo digital estaba reservado para la ciencia ficción. Hoy, la tecnología digital, y los artefactos que a partir de ella se producen son parte de nuestra cotidianeidad y transforman los modos de ver, convivir, interactuar, acceder a la información, relacionarse, aprender y crear.
Uno de los ámbitos de mayor transformación ha sido el de las imágenes. Encontramos imágenes en los carteles de los negocios, el diario, la televisión, las páginas de internet, la tapa de un disco compacto, la caja de un producto en el supermercado, la pantalla de nuestro teléfono, el museo. Consumimos imágenes, y también las creamos, modificamos y transferimos con una profusión inimaginable unas décadas atrás y, por ende, hemos cambiado su lugar y significancia cultural. Esas imágenes, en su mayoría, tienen un tratamiento o transformación con tecnología digital.
¿A qué nos referimos cuando hablamos de imagen digital? Sobre la definición de imagen, esa representación de lo visual que nos excluye cuando la observamos, no vamos a profundizar, porque ya tendríamos allí para un artículo completo. A los fines de este artículo nos circunscribiremos a las imágenes de factura humana.
Por otra parte, la palabra digital deriva del latín digitus, dedo, como los dedos se utilizaban para contar se transformó en dígito, número y digital representado mediante números. Imagen digital es un archivo compuesto por un código numérico, que luego un dispositivo electrónico representa en la pantalla mediante píxeles (cuadrados de color) en los mapas de bits, u objetos geométricos independientes en el caso de las vectoriales.
Las imágenes digitales no permiten su traducción automática hacia lo visual como las anteriores imágenes de orden físico y químico. La imagen existe como tal solo mientras la vemos sobre una pantalla: allí, nos enfrentamos a una simulación gráfica que se forma a partir de la matriz numérica contenida en el archivo. No hay una relación isomórfica entre la matriz y lo que vemos. Se dice que nos encontramos en un nuevo orden visual de simulación y virtualización. En realidad, se trata de una dualidad entre lo latente (almacenada como matriz numérica en el disco de la computadora u otro soporte de almacenamiento portátil) y lo manifiesto, cuando podemos percibirla en la pantalla o impresa en el papel. Esta dualidad resulta perturbadora porque no existió nunca con la imagen física, que nos aseguraba su estabilidad y su presencia material, más allá de nosotros o el tiempo. También perturba porque, en general, sólo tenemos acceso a la interfaz gráfica y todo lo digital permanece oscuro, inalcanzable y misterioso.