Economía

Inocente hasta que se demuestre lo contrario

SENADO. La llamada Ley de Inocencia Fiscal se aprobó el viernes 26 de diciembre con 43 votos a favor y 26 en contra.
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Por Guillermo Briggiler

Inocencia fiscal, el giro cultural que la economía argentina necesitaba. La reciente aprobación de la llamada ley de Inocencia Fiscal marca algo más profundo que una simple modificación al Régimen Penal Tributario. Representa, en los hechos, un intento de redefinir la relación histórica entre el Estado argentino y quienes producen, invierten y trabajan. Una relación que durante décadas estuvo atravesada más por la sospecha permanente que por la presunción de buena fe.

Concretamente y en lenguaje coloquial significa que, si tenés dólares en el colchón (comprados informalmente, pero con fondos lícitos) podés utilizarlos, por ejemplo comprando inmuebles o depositándolos en un banco. Si te atrasás en el pago de impuestos, tenés la chance de corregirlo sin que te inicien causas penales (la ley busca separar el error tributario del que evade a propósito), dando la chance de regularizar.

El espíritu de la norma es claro: el contribuyente deja de ser tratado como un potencial delincuente por defecto. Al elevar los umbrales penales, reducir la criminalización de incumplimientos formales y priorizar la regularización por sobre la sanción, el Estado envía una señal contundente hacia adentro y hacia afuera del país: producir en la Argentina no debería ser un deporte de alto riesgo jurídico.

Este cambio conceptual no es menor. En una economía acostumbrada a esconder ahorro “en el colchón” por miedo a la persecución fiscal, la ley busca reinsertar capitales en el circuito formal, estimular el consumo y facilitar decisiones de inversión de mediano y largo plazo. En otras palabras, intenta que el miedo deje de ser una variable económica.

Desde la óptica del gobierno, la Inocencia Fiscal es coherente con el resto del programa económico, que se estructura en el orden macroeconómico, la disciplina fiscal y la previsibilidad. El mensaje es que el equilibrio de las cuentas públicas no se logra ampliando la presión punitiva, sino agrandando la base económica, formalizando actividades y generando confianza.

Sin embargo, como toda reforma estructural, la ley no está exenta de críticas y controversias. Algunos sectores advierten que elevar los umbrales penales podría derivar en una menor capacidad de control del Estado y en una señal equivocada para quienes incumplen deliberadamente. Otros temen que se genere una percepción de “premio” a evasores pasados, en detrimento de los contribuyentes que siempre cumplieron.

También aparece el interrogante clásico: ¿cómo se garantiza que la presunción de inocencia no se convierta en laxitud fiscal? ¿Puede el Estado recaudar de manera eficiente sin perder poder de fiscalización? Son preguntas legítimas, especialmente en un país con larga tradición de informalidad.

No obstante, el verdadero debate de fondo es otro. La experiencia argentina demuestra que el enfoque exclusivamente punitivo fracasó. No logró mayor recaudación sostenida, no redujo la evasión estructural y sí alimentó una cultura de desconfianza mutua. La Inocencia Fiscal no elimina el control ni las sanciones graves; redefine prioridades y corrige excesos.

Desde una mirada estratégica, la ley puede convertirse en una herramienta clave para la normalización económica. Menos temor jurídico implica más decisiones productivas, más consumo. Más previsibilidad significa más inversión. Y más actividad formal amplía la recaudación genuina sin necesidad de subir impuestos.

El desafío, claro está, será la implementación. La credibilidad se construye con reglas claras y estabilidad en el tiempo. Si la Inocencia Fiscal se sostiene, se complementa con simplificación tributaria y se integra a un esquema de crecimiento, puede convertirse en uno de los cambios culturales más relevantes de la etapa actual.

En un país acostumbrado a que la ley fiscal sea un instrumento de castigo, apostar por la confianza es una novedad disruptiva. Y aunque no está exenta de riesgos, la historia económica argentina sugiere que el verdadero riesgo siempre fue otro: seguir haciendo lo mismo y esperar resultados distintos. Ahora, gracias a la nueva ley, sos inocente por intentar proteger lo que es tuyo.

#BuenaSaludFinanciera

@ElcontadorB

@GuilleBriggiler

Autor: 481228|

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