Entre las muchas actividades desplegadas por el ilustre sanjuanino, fue en 1856, designado inspector de escuelas, en la Provincia de Buenos Aires.
Cumpliendo sus funciones, llegó sorpresivamente a una Escuela, comprobando que los alumnos eran buenos en geografía, matemáticas e historia, pero flojos en gramática, lo cual hizo saber al maestro.
Este asombrado le dijo: "No creo que sean importantes los signos de puntuación". "¡Qué no! Dijo Sarmiento y le dio un ejemplo: "El maestro dice, el inspector es un ignorante".
"Yo nunca diría eso de usted señor Sarmiento". ¡Pues yo sí!, dijo tomando una tiza y cambiando el lugar de la coma, la frase quedó así: "El maestro, dice el Inspector es un ignorante". ¡Que lección gramatical!