SUNCHALES (De nuestra Agencia). - El templo de esta ciudad como ha ocurrido en otros de todo el país fue visitado por una inmensa cantidad de fieles que colmaron sus capacidades, debiendo muchos, seguir el desarrollo de las ceremonias religiosas de pie.
Ayer por la mañana, y el sábado por la noche, la Iglesia San Carlos Borromeo estuvo totalmente colmada para participar de las actividades de la Vigilia Pascual y la Misa de Resurrección, ceremonias que fueron presididas por el párroco, Raúl Massini, quien en ambas ocasiones pronunció la homilía, cuyos principales pasajes reproducimos a continuación.
El sacerdote, mientras iba desarrollando su exposición, interactuó con los niños de catequesis de comunión, quienes en las misas, habitualmente, están ubicados en las primeras hileras de bancos frente al altar.
"Queridos hermanos, hoy hacemos nuestra también la alegría de las mujeres piadosas que nos termina de relatar el Evangelio. ¡Noche Verdaderamente Feliz! ¡Plena de alegría! Porque Jesús ha resucitado y ha sido constituido Señor del cielo y de la tierra. El bien ha triunfado sobre el mal… la vida sobre la muerte. Por eso Jesús no está en el sepulcro, no está entre los muertos: El vive.
"A lo largo de este triduo pascual, para penetrar en su misterio y descubrir sus implicancias en nuestro hoy, hemos ido preguntándonos en cada día del mismo ¿qué comunidad /Iglesia anhela el Señor? ¿qué tipo de discípulo Jesús buscaba formar?
"Así hemos reflexionado el Jueves Santo, sobre nuestro estar llamados a ser una Iglesia que se baja a la altura de los pies de los hombres y mujeres de su tiempo, una comunidad servidora, discípulos que no buscan los lugares de privilegios, sino que se hacen los últimos y descubren que la alegría verdadera está en servir. Iglesia que encuentra en la Eucaristía la fuerza y el empuje para servir a los más pobres y necesitados. Por eso rechazamos la caricaturización de discípulos que pelean por un puesto de privilegio y que miran con desprecio a los demás, porque “hace mucho tiempo que estoy acá”. Nada más lejano al querer de Jesús.
"El Viernes Santo, contemplando la Cruz del Señor, recordamos que el Señor nos ha elegido para amar a todos, como él no ha amado a nosotros, es decir “hasta el extremo”, dando la vida por amor a los hermanos. Reflexionamos sobre la necesidad de ser “una Iglesia de puertas abiertas (…) llamada a ser siempre la casa abierta del Padre” (EG 46); como el mismísimo Corazón de Jesús que quedó abierto por la lanza del soldado, según escuchamos en el relato de la Pasión según San Juan. Una comunidad en la que todos son bien recibidos y se sienten como en casa; discípulos que salen a buscar a los que están lejos para ayudarles a entrar. Por eso rechazamos la caricaturización de la Iglesia como espacio para algunos privilegiados, selectos grupos de estrictos cumplidores de la ley divina, y la caricatura de los que la formamos, haciendo de patovicas, que dejan entrar a unos y a otros les cierran el paso.
"En esta noche de la Vigilia Pascual, quisiera invitarlos a que la clave nos la den las mujeres que fueron al sepulcro: ellas cuando recibieron la buena nueva, salieron corriendo a contarlo a los discípulos. Corrieron…
"Por eso tenemos que correr también nosotros. Ustedes me dirán: pero, ¡vivimos corriendo! Es cierto. Pero reflexionemos un poco: ¿para qué corremos? para que nos haga bien a la salud, por deporte… porque es la única manera de llegar a hacer todo lo programado… porque todos corren… porque vivimos a mil todo el día y si no corres te pasan por encima… porque el acelere de la vida me impulsa… y no falta aquel que lo hace para que lo vean, para impresionar, para creerse que ocupado es eficiente, y digan: pobre, no da abasto con todo lo que tiene ¡mirá, vive corriendo! No para jamás.
"Frente al texto del Evangelio, que nos narra la motivación del correr de las mujeres, nos damos cuenta de que lo dicho arriba son caricaturas. Ellas corren porque tienen una buena noticia, una alegre noticia y quieren compartirla. Ellas corren apresuradas porque saben que los discípulos, sus hermanos, están tristes y encerrados y ellas tienen algo que los llenará de felicidad, que les regalará el consuelo, que los llenará de luz, en fin los hará salir de su ensimismamiento.
"Llegados a este punto, la pregunta es inevitable: ¿corro/corremos para anunciar a los demás la buena noticia de la resurrección de Jesús? ¿corro/corremos para anunciar que El está vivo? ¿corro/corremos para compartir la alegría profunda de la Pascua que inunda mi ser para que llene la vida de los tristes, abatidos, encerrados? ¿corremos o estamos parados, inmovilizados, paralizados? ¿salgo a anunciarlo? O me quedo cómodo en casa y que de la misión se ocupen otros que tienen más tiempo…
"La Pascua nos recuerda que Jesús quiere una Iglesia, una comunidad de discípulos, que corran para anunciar la buena nueva del triunfo de la vida sobre la muerte, no una comunidad que viva a mil, atrapada en un hiperactivismo egocéntrico; “La Iglesia «en salida» (es) salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas, no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino. A veces es como el padre del hijo pródigo, que se queda con las puertas abiertas para que, cuando regrese, pueda entrar sin dificultad” (EG 46).
"Correr como las mujeres del Evangelio, significará para nosotros animarnos a vivir como nos pide el Papa Francisco: “prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida. Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: «¡Denles ustedes de comer!» (Mc 6,37)” (EG 49).
"Correr como las mujeres del Evangelio, significará para nosotros animarnos a vivir buscando no nuestra propia gloria sino la del Padre “Unidos a Jesús, buscamos lo que El busca, amamos lo que El ama. En definitiva, lo que buscamos es la gloria del Padre; vivimos y actuamos «para alabanza de la gloria de su gracia » (Ef 1,6). Si queremos entregarnos a fondo y con constancia, tenemos que ir más allá de cualquier otra motivación. Este es el móvil definitivo, el más profundo, el más grande, la razón y el sentido final de todo lo demás. Se trata de la gloria del Padre que Jesús buscó durante toda su existencia. El es el Hijo eternamente feliz con todo su ser «hacia el seno del Padre» (Jn 1,18). Si somos misioneros, es ante todo porque Jesús nos ha dicho: «La gloria de mi Padre consiste en que den fruto abundante» (Jn 15,8). Más allá de que nos convenga o no, nos interese o no, nos sirva o no, más allá de los límites pequeños de nuestros deseos, nuestra comprensión y nuestras motivaciones, evangelizamos para la mayor gloria del Padre que nos ama”. (EG 267)
"Quiera el Señor resucitado manifestársenos, como a las mujeres en la mañana de aquel Domingo que marcó para siempre sus vidas, para que así como ellas, habiendo sido tocados por el Señor, nos animemos a ir corriendo hacia los hermanos, hacia los más necesitados, los más pobres, para anunciarles que Jesús está vivo, que es posible vivir en la verdadera fraternidad, sin miedo al camino y a los peligros que en él se presenten, buscando dar gloria la Padre, que nos manifestó su amor en la resurrección de su Hijo Jesucristo el Señor". Amén".
BODAS DE PLATA
Antes de concluir la celebración del oficio religioso, el padre Massini convocó a Ezequiel y Carina- el Intendente y su esposa- quienes ayer cumplieron sus bodas de plata matrimoniales, y precisamente la misa de Pascua tenía entre sus intenciones el agradecimiento por ese aniversario.