Qué triste ver en las canchas árbitros que con soberbia pretenden hacerse respetar por un grupo de niños, jóvenes o profesionales. La autoridad se ejerce con sabiduría, conocimiento cabal del término Justicia, respeto por quien tienen enfrente, con autonomía y sin presiones ni acomodos de ningún tipo. ¿Alguna vez reflexionan a solas, sobre la responsabilidad que les cabe? Son los referentes, en primer lugar, de niños que están aprendiendo un deporte, están conociendo los límites de las normas de un juego… juego, supuestamente debería hacer feliz a los que lo practican y no provocar que salgan de una cancha muchas veces víctima de “robos” de partidos, por negligencia y quizás otras causas que desconocemos.
Me causa tristeza y esbozo una sonrisa irónica, cuando un árbitro, acá en Rafaela, con un público de pocas personas, se “hace el malo” y echa a gente del público de una cancha, sólo “para hacerse ver que tiene autoridad” y realmente da lástima, si para ejercer la autoridad necesita intimidar a quien está enfrente, le falta capacidad, eso es seguro. Cuando una persona actúa con rectitud y conoce a fondo la norma y la aplica debe hacer oídos sordos a los hinchas que gritan con pasión, esa pasión que genera el deporte y es el folklore del fútbol, del básquet…
La violencia la genera la injusticia, la deshonestidad, la desvergüenza de quien se supone debe ser la autoridad en una cancha e impartir fallos justos, aunque también algunos dirigentes que llegan al poder sin saber qué es, ni cómo se ejerce.
Utópicamente analizo lo que era el deporte hace unos años atrás… la camiseta valía, el respeto del hincha por la comunidad de su club existía, no todo era comercio, plata, intereses creados. La palabra valía en sí misma, hoy ni los papeles firmados valen. Qué está pasando... es que los que defendemos el honor, la responsabilidad de hacer bien un trabajo, los principios éticos nos aletargamos y cualquiera nos convence de cualquier cosa.
Cómo mira un árbitro a sus hijos a los ojos, cuando llega a casa habiendo estafado a un grupo de personas, olvidando que su obligación radicaba en hacer cumplir lo que está reglado y no acomodarse a códigos que los que somos honestos no entendemos y los niños no deberían empezar tan precozmente a entender.
Hago una salvedad, hay árbitros que se desempeñan con rectitud, aunque personalmente pienso que no son tantos, pero pido a Dios que multiplique a los justos, los necesitamos para cambiar esta sociedad enferma, en donde se confundieron los roles, se mezclaron los significados, y en donde los que están en pleno proceso de aprendizaje y desarrollo son los más perjudicados.
Finalmente les digo a todos los árbitros: imiten al mejor árbitro, al más justo, al más íntegro, a ese que en silencio enseña, con la mirada conmueve y con el amor cambia al mundo. La justicia es la base de una sociedad que marcha crece y se desarrolla…, luchen por ella, para que Dios no tenga que pedirles cuentas que no podrán saldar. Ante el Supremo no… Dios nos da oportunidades pero también nos hizo libres de ser o no ser.
Los árbitros deben ser jueces intachables y no generadores de violencia. No se les pide que sean infalibles…, pero “viejos… no pueden equivocarse tanto”.