Eran las cinco de la madrugada. Un público expectante y nervioso aguardaba el veredicto del jurado que demoraba sus declaraciones. Oscuras y amenazadoras nubes de tormenta cargadas de eléctricas y retumbantes fuerzas naturales presagiaban la cercanía de un exuberante chubasco estival. Nadie abandonaba la plaza, hasta que el cielo abrió sus compuertas y una catarata de enormes gotas inundaron la Próspero Molina. ¡Y se produjo el desbande! En medio del chaparrón, en el sector norte de la plaza divisamos un enorme paraguas abierto a las inclemencias del tiempo. Ni lerdos ni perezosos corrimos bajo el mismo. ¿Y quién sostenía el paralluvias? Nada más ni nada menos que Julio Cepeda, rafaelino ganador de Pre Cosquín 2011 en la categoría “solista vocal masculino”. Insólitas sorpresas que el folclórico y sentimental Pre ya nos tiene acostumbrados, sorpresas siempre agradables y amenas, pues el espíritu de la Patria que se presiente en los días de competición (que en este 2019 son diecisiete) es el reflejo del sueño de los grandes adalides de la raza humana que poblaron y pueblan el territorio de nuestra Nación. Paz, pan y trabajo; justicia, respeto y equilibrio. Noche tras noche, el aire, el cielo y la tierra del Valle de Punilla, saturan la atmósfera con efluvios que llenan el alma de quienes se acercan con el corazón limpio, a gozar de la sublime gloria de la tan esquiva paz espiritual, siempre latente a través de la música y la danza.
Antonio Fassi