(Enviado especial a Montevideo). - En esta edición seguimos repasando nuestra experiencia en la capital uruguaya, ciudad que visitamos la semana pasada y que nos permitió conocer con un grado mayor de profundidad el sentir “charrúa”. Nos recibió con la expectativa de las jornadas preliminares de los famosos carnavales, tradición que defienden y sostienen y que sigue teniendo la preponderancia cultural de siempre.
Con la avenida 18 de Julio adornada para la ocasión, Montevideo nos mostró rápidamente su avidez por esta celebración que los distingue y enorgullece, que además es esperada con mucha expectativa por los participantes. Cada murga pugna por realizar la mejor presentación posible, en este caso en el evento que se realizó el viernes pasado, y así ganarse el derecho de participar en la competencia final que será en los primeros días de febrero.
LA VIDA
Es prácticamente imposible no viajar sin comparar, pero una de las cuestiones que claramente diferencia a Montevideo de nuestro país, y no sólo de Buenos Aires sino también con nuestra misma Rafaela, es el tránsito. El transporte público respeta el carril derecho, recorre arterias principales y en ningún momento se encuentra abarrotado. Todas las calles están perfectamente señalizadas y la mayoría de los cruces en las zonas céntricas son controlados por semáforos.
Lo más llamativo es que el peatón cruza en la mayoría de los casos. Cuando las personas bajan del cordón en las esquinas los vehículos frenan y respetan la senda peatonal. Incluso en algunos lugares de la Rambla, donde la velocidad sube naturalmente, implementaron un sistema “personalizado”: el peatón pulsa un botón y acciona automáticamente el rojo del semáforo para poder cruzar.
LA ECONOMIA
Sabemos que viajar al exterior no es ventajoso para los argentinos. Atlético jugó la Copa Bimbo en 2013 con un dólar a $ 4,5 y ahora la Copa Antel con una divisa a casi $ 7, aunque la valuación real supera los $ 11. Uruguay no tiene problemas de inflación pero igual a nosotros todo nos cuesta cada vez más.
Si bien la cotización oficial marca que por 1 peso argentino deben darnos más o menos 3 uruguayos, el mejor cambio que hemos conseguido fue en alguna ciudad limítrofe: $ 1 argentino, $ 2,70 uruguayos. En tierra de Montevideo las casas oficiales y los hoteles no ofrecen más que 1,50 por cada peso de nuestro país, lo que hace la cosa aún más desventajosa.
Uruguay no tiene problemas de abastecimiento, un ejemplo claro son los productos farmacéuticos. Entramos a varias farmacias a consultar sobre algunos productos que en nuestro país no se consiguen y no hay inconvenientes sobre su provisión. Además, se observan todas las marcas nacionales conviviendo con las internacionales, tanto de ropa como de alimentos.
De un lado de la Rambla varios barcos cargueros esperando turno para subir o bajar productos, camiones trasladándose desde y hacia los accesos a la ciudad, actividad en el aeropuerto y ningún conflicto radical a la vista.
La sensación luego de convivir con los montevideanos algunos días es que en esta tierra las normas tienden a cumplirse. La situación “deportiva” vivida el lunes en el estadio “Centenario”, que fue lo único que vimos en ruinas, motivó los reflejos rápidos de las autoridades. Un fiscal denunció, una jueza recogió el guante y a nadie le tembló el pulso para que 9 jugadores de los equipos más grandes (como si fueran River y Boca) vayan presos. No apareció ni el poder político ni la Asociación Uruguaya de Fútbol para que la cosa pase de largo, como se hubiera encargado Grondona y alguno de los gobiernos, nacional o provincial, para evitar las medidas que se tomaron. Diferencias, claras y evidentes, con nuestra querida tierra.