BUENOS AIRES, 30 (NA). - El papa Francisco resaltó que la confesión "no es un tribunal de condena sino una experiencia de perdón y misericordia" y reconoció que "a menudo, a los fieles les cuesta trabajo confesarse, sea por motivos prácticos, sea por la dificultad natural de confesar a otro hombre los pecados propios".
Hoy y mañana, iglesias de diversas diócesis del mundo permanecen abiertas con la presencia de sacerdotes para que los fieles puedan confesarse.
La propuesta "24 horas para el Señor" fue lanzada por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización y la Iglesia en la Argentina recibió con disponibilidad.
El papa Francisco recibió anteayer en el Aula de las Bendiciones a seiscientos participantes en el curso anual del foro interno de la Penitenciaría Apostólica.
Desde hace un cuarto de siglo ese dicasterio ofrece, sobre todo a los sacerdotes recién ordenados y a los diáconos, ese curso para contribuir a la formación de buenos confesores.
En su discurso el Santo Padre invitó a los presentes a atesorar la experiencia adquirida para ayudar cada vez más a la Iglesia y a los confesores a desempeñar "el ministerio de la misericordia, que es tan importante", según consignó el Servicio de Informaciones del Vaticano (VISNews).
Dijo que "en primer lugar, el protagonista del ministerio de la reconciliación es el Espíritu Santo. El perdón que el sacramento confiere es la vida nueva transmitida por el Señor Resucitado a través de su Espíritu".
El Papa los invitó a acoger a los penitentes "no con la actitud de un juez y tampoco con la de un simple amigo, sino con la caridad de Dios".
"El corazón del sacerdote es un corazón que se conmueve. Si es verdad que la tradición indica el papel doble de médico y de juez de los confesores, no hay que olvidar que como médico está llamado a curar y como juez a absolver", señaló.
Francisco enfatizó: "¡La misericordia es el corazón del Evangelio! Es la buena nueva de que Dios nos ama, de que ama siempre al pecador y con este amor lo atrae hacia sí y lo invita a la conversión".
"No olvidemos que, a menudo, a los fieles les cuesta trabajo confesarse, sea por motivos prácticos, sea por la dificultad natural de confesar a otro hombre los pecados propios", manifestó.
Por eso llamó a los sacerdotes de todo el mundo a trabajar sobre ellos mismos, sobre su "humanidad, para que no representemos nunca un obstáculo sino para que favorezcamos siempre el acercamiento a la misericordia y al perdón: ¡La confesión no es un tribunal de condena, sino una experiencia de perdón y misericordia!", precisó.