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La escuela: ¿barrera de contención rota...?

Se agolpan los recuerdos en mi cabeza…querida escuela, cuántas cosas me diste y hoy se puede ver que ni a vos se te respeta.

A veces pareciera que consideraran la escuela como un edificio frío y material y nada más, la escuela es una construcción social en la que se conjugan ideales, opiniones, formaciones personales que deben acoplarse a una comunidad. Es todo un trabajo en el que cada componente de esa construcción se transforma en parte de una organización que debe brindar a un montón de niños y jóvenes la posibilidad de realizarse en un proyecto de vida que responda a sus capacidades.

Los docentes son el eslabón de la cadena que día a día ingresan a las aulas con la intención de enseñar a sus alumnos lo mejor, pero hay variables fundamentales que cada uno debe revisar, como por ejemplo, porque eligieron ser docentes, desde qué paradigma se posicionan para desempeñar su tarea, qué formación recibieron, qué los moviliza todos los días para concurrir a la escuela. Parecen respuestas obvias, pero no es así ya que cada persona es única, con una historia de sucesos personales que la definen. Lo que sí tenemos que tomar conciencia que para estar frente a las aulas, hoy tenemos que desempeñar una tarea titánica porque nuestros niños y jóvenes merecen la oportunidad de que se los escuche, de que no se los estigmatice, de que se respeten sus tiempos y capacidades y por sobre todas las cosas hay que tener presente que las familias ya no son las de antes, son muy diferentes, se reconozca o no hay una crisis muy profunda en la familia, que es la que hoy debe repensar su misión, pues los hijos no son un agregado, sino son nuestra propia continuidad en el mundo, con su propia proyección, pero con los valores claros con que su familia los impregnó. Los docentes no escapamos de esta realidad.

Los equipos directivos tienen la oportunidad histórica de orientar el cambio en las instituciones educativas en donde les toca gestionar, formándose, capacitándose y preparando un perfil psicológico que les permita leer las instituciones, comprenderlas y buscar en equipo soluciones alternativas, no esperando que los conflictos estallen, sino previniendo. Podrán decir: -no es fácil, y yo digo: -por supuesto que no, pero no es imposible. Hoy pareciera que todos queremos para ayer las soluciones y que nos vengan de afuera, cuando en realidad si los que caminamos todos los días la institución educativa no logramos dilucidar el problema y proponer soluciones, cómo nos pueden llegar de quién no está en la escuela todos los días. Es seguro que cualquier especialista puede aportar ideas, pero lo concreto lo va a lograr quién conoce, quién palpa todos los días lo que pasa con los alumnos, los docentes y demás integrantes de la comunidad. El contexto de cada institución es propio y merece una revisión intrainstitucional que favorezca una mirada crítica que facilite la retroalimentación de proyectos y la elaboración de otros nuevos.

El supervisor es el nexo, es el puente que genera un vínculo más genuino entre la escuela y el macro sistema educativo. El supervisor debe acompañar la labor del director, orientar, aconsejar, muchas veces moderar en conflictos y en consecuencia es el que tiene una mirada externa, que muchas veces descongestiona conflictos y alimenta el espíritu de lucha en bien de la escuela como organización social inclusiva y generadora de una calidad educativa que posibilite a los educandos al menos un futuro de inserción en la sociedad ya que la exclusión determina personas que al no encontrar un lugar en donde poder desarrollarse, al tener menos competencias, se enardecen y su pensamiento se nubla y muchas veces desencadenan acciones violentas.

El macro sistema educativo tiene la mayor responsabilidad, pues debe velar por lograr un diagnóstico certero de la realidad, para poder bajar una mirada que coincida con lo que sienten y piensan los actores de las distintas comunidades educativas. Hoy se nos brindan múltiples posibilidades, que debemos aprovechar, socializar y no negarnos a lo que se nos da como una nueva posibilidad de debate y construcción, ya que si fracasa, la responsabilidad es nuestra también, porque tenemos la capacidad para opinar y aportar alternativas que muchas veces desde la gestión en un escalón más alejado no se ven.

Hoy no es el momento de enfrentarnos los que estamos vinculados a la maravillosa profesión de enseñar, sino que es el momento de aprender a comunicarnos de otra manera, de aceitar los canales de comunicación, moderar y clarificar los mensajes y pensar y repensar que todos somos diferentes, pero podemos sumar y no restar ya que sumando podemos equivocarnos, pero al menos lo intentamos, pero restando destruimos las posibilidades de cambio.

Hoy el dilema más grande es la incomunicación, debemos reflexionar sobre la comunicación madura y positiva que es lo que puede generar un cambio profundo, ya que la comunicación distorsionada puede acarrear la confusión y generar odios y desacuerdos, que nos condenen a continuos fracasos. Nadie puede ser el salvador, todos juntos sí podemos lograr una educación que incluya a todos y respete las diferencias no como discurso, sino como una gran realidad.

A los padres les digo, transiten la misma vereda de los educadores para que los niños y jóvenes aprendan que ellos son los que vienen a aprender y los adultos velamos por ellos y no que los adultos nos peleamos mientras los chicos aprovechan los huecos para transitar caminos poco propicios.

La escuela no debe ser una barrera de contención rota, sino una barrera de protección, en donde el alumno, al menos en la escuela, esté feliz y seguro. Eso, no es responsabilidad de un estamento sino de todos.

Autor: Alicia Riberi

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