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La escuela piamontesa cumple hoy 18 años

Las ideas nacen y no mueren jamás. A veces languidecen por falta de alicientes o por impensadas circunstancias, pero siempre resurgen de la mano de algún entusiasta visionario que la toma como estandarte para continuar avanzando. Y este comentario viene al caso porque la idea de querer saber hablar, leer y escribir en la lengua que trajeron nuestros ascendientes piamonteses era algo que anhelaban muchos de sus descendientes argentinos. Aquellos viejos inmigrantes, los que vinieron a hacer la América, nunca tuvieron tal instrucción, sólo hablaban con el acento tan particular que aprendieran de niños allá, al “pie del monte” escuchando a los mayores, palabras que ellos, a su vez, de la misma manera transmitieron a sus hijos nacidos aquí. Saber hablar, leer y escribir era la idea. Pero, como hacer para que se haga realidad? Hubo alguien que pensó en la manera. Se llamaba Luis Rebuffo quien, desde la Asociación Familia Piemontesa de Rosario, comenzó un buen día a dictar clases de lengua piamontesa en forma personal y por correspondencia. Y hubo otro que aquí, en Rafaela, lo descubrió y prestamente se registró como alumno. Estudios de por medio, utilizando las horas que debía dedicar al descanso, permitieron que el 2 de diciembre de 1980 don Florencio Racca -quien ya hablaba correctamente el piamontés desde muy joven- tuviese la satisfacción de recibir un diploma donde se le reconocía oficialmente que además sabía leer y escribir en la vieja lengua de los abuelos. Hubo después un tiempo en el que la idea se mantuvo latente aquí, en Rafaela, a la espera del entusiasta que la levantase cual estandarte y avanzara con ella para hacerla realidad. Y ese fue don Miguel Camperi. A su convocatoria se acercaron hijos y nietos de aquellos “gringos”, algunos con conocimientos previos, otros absolutamente ignorantes, pero deseosos todos de aprender a hablar como el nono y la nana y, porque no, también para saber leer y escribir en piamontés. Fue entonces que aquella tarde del martes 2 de abril de 1996 a las 19.30, comenzaba a dictarse la primera clase de lengua piamontesa en la sala Vechioli de la Sociedad Italiana. Iniciaba en ese momento su marcha la Scòla Parloma Piemontéis (Escuela Hablemos Piamontés) dependiente de la Asociación Cultural Piemontesa de Rafaela, con don Miguel Camperi como primer maestro y don Florencio Racca como asesor idóneo. Durante el segundo año de actividad se sumaba para aportar sus conocimientos la educadora Norma Brarda de Bruno, dispuesta a profundizar en la enseñanza de la gramática, de la correcta escritura y para ser la profesora sumamente atenta y exigente a la hora de hablar o leer con la difícil pronunciación que la lengua requería. Y es justo reconocerle también su esfuerzo para mantener el orden entre los alegres alumnos, siempre proclives a interrumpir las lecciones con charlas, cuentos y algún canto improvisado. Muchos fueron los que desde entonces pasaron por sus mesas en las innumerables tardecitas de los martes, tantos que también los jueves se hizo necesario dictar clases. Siete años después de la creación de la escuela algunos de aquellos primeros alumnos, ya provistos de un cierto conocimiento del piamontés, dieron origen al grupo de teatro “Avanti Piemontèis” (Adelante Piamontés) escribiendo ellos mismos los textos y actuando sus propias obras teatrales en las cuales representaban la vida, los acontecimientos y la manera de ser de aquellos viejos personajes que poblaron esta zona. El debut del grupo fue el 8 de octubre de 2002 y hasta la fecha llevan siete estrenos, algunos premiados en Italia, además de varias obras cortas tradicionales. Como vemos las ideas no mueren, a veces languidecen, quizás deriven por distintos rumbos, pero siempre están. 

Y hoy como hace 18 años atrás, otros entusiastas descendientes, quizás los más jóvenes, seguramente habrán de tomar el estandarte para seguir adelante obstinadamente, tal como alguna vez lo hicieron sus porfiados bisabuelos piamonteses. Es que como tantos de ellos fueron buena parte de la historia de Rafaela y su alrededores seguramente aún hoy quedarán bisnietos con esa idea en la mente, la de leer o escribir en la vieja lengua, y también muchos más a los que simplemente les gustaría hablar y hasta cantar en buen piamontés tal como lo hicieron el nono y la nona en la soledad de los campos o en las precarias casas de un pueblo que recién nacía perdido en medio de esta, nuestra pampa gringa.

Autor: Orlando Pérez Manassero

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