Información General

La familia... ¿patea la pelota afuera...?

Si tomamos conciencia de la crisis estructural y sostenida que vive nuestra sociedad, deberíamos hacernos unas cuantas preguntas: ¿nos adjudicamos la responsabilidad que nos cabe a cada uno como parte de ella?, ¿podemos visualizar que los valores se han desplazado e ignorado en un muchísimas oportunidades?, ¿nos jugamos con opiniones concretas, sentidas y veraces?, ¿asumimos el compromiso que tenemos como familia?...

Podría así seguir, pero me voy a detener en la última idea… familia… según alguna acepción es… a juzgar por el uso cotidiano, familia es una noción que describe la organización más general, pero a la vez más importante del hombre. Dicho en otras palabras, la familia constituye un conjunto de individuos unidos a partir de un parentesco… si analizamos lo que significa organización, según mi parecer, es hoy una organización muy desorganizada. ¿Por qué asevero esto? Porque estoy plenamente convencida que la familia por distintas razones ha delegado la gran responsabilidad de la maternidad y paternidad, en cuantiosas ocasiones a terceros y los que recordamos -de mí generación- como fuimos criados, tenemos presentes olores, dichos, escuchas de nuestros padres, en cambio hoy se vive corriendo en pos de tener una vida con más comodidades y no teniendo que negarles nada y dejamos de lado sentarnos con ellos, escucharlos, observarlos, estar atentos a las conductas que tienen fuera de casa, con quién están. Ustedes me dirán: "lo que pasa es que necesitamos trabajar los dos para vivir" y yo los comprendo y les digo: puede ser, pero creo que mis hijos, no me dejarían mentir si les aseguro que siempre los escuchamos, los mimamos, observamos sus comportamientos -aunque obviamente nos habremos equivocado en muchas cosas- y lo que es más importante, lo que nosotros no cubríamos lo cubría una abuela que aceptaba el paso de los años y disfrutaba de sus nietos, como hoy disfruto yo con quien me lo permite. La mujeres y los hombres que somos abuelos, no tenemos que temer decirlo, por miedo a sentirnos viejos, descartables… es mucho más digno asumir nuestro rol -lo que no quita que podamos seguir desempeñándonos en la vida en lo que nos gusta- pero les aseguro que hay tiempo para todo. También habrá quién me retruque diciendo, no llegamos a fin de mes, todo está muy caro, hay un 32% de pobres en este país y yo no voy a ser tan ilusa como para negarlos, pero dentro de ese 32% de pobres, muchos se acostumbraron a no trabajar, ya que en este país se perdió la cultura del trabajo, otra parte, trabaja y ni tiempo de quejarse tiene, pero otros tantos, trabajan en manifestaciones, y me pregunto: ¿todos saben por qué hacen lo que hacen?, yo creo que no. Ahí entran a jugar un papel muy importante, los valores… el respeto, la generosidad, la humildad, el honor, la amistad, el amor, la verdad, la honestidad… y habrá quien me diga, muy buen discurso y yo respondo, los valores inculcados por una familia presente no se olvidan, es más, trascienden nuestra vida y se continúan en generaciones. No acepto los padres que delegan la responsabilidad de educar a la escuela, cuando la primera educadora es la familia… la escuela tiene la gran responsabilidad de construir el conocimiento a partir de la realidad de los alumnos, acompañarlos, guiarlos y la familia tiene que estar conectada con la realidad escolar del hijo. Si mi hijo, rompe, destruye, pega, roba o mata, no puedo como familia decir que nunca vi nada, porque eso significa, que no estuve con él, ni cerca de él. Llegó el momento en que todos debemos interrogarnos como familia, allí está el nuevo rumbo de una sociedad que crece en valores y no en corrupción. Un padre que defiende ante su hijo a un corrupto, que apoya por conveniencia lo que no está bien, que insulta al que no piensa igual, que agrede a su entorno, ¿qué puede enseñar a ese hijo que debe aprender de él?

El cambio estructural en nuestra cultura se va a dar cuando entre otras cosas, la familia no tire la pelota afuera y asuma su compromiso, su rol fundamental para que los niños y jóvenes sean los líderes intachables para un futuro soñado, para un país que lo merece. Es mi deseo que asumamos todos lo que somos… si nos enojamos todo seguirá igual, pero si reflexionamos renace la esperanza y Dios sonríe.

Autor: Alicia Riberi

Estás navegando la versión AMP

Leé la nota completa en la web