Mis ojos entornados y mi mente transportadora llegaron a un lugar del no sé qué y del no sé cuándo y es como si en mi cuerpo millones de estrellas se metieran sin permiso e iluminaran un camino recorrido como en borrosa postal. Viajé años atrás y en mi corazón comenzaron a brotar recuerdos viejos que abren la esperanza de un nuevo mundo, habitado por una nueva humanidad.
Cuando uno visitaba a un hermano, a los padres, a los amigos, a los sobrinos, a los primos, era como que todo se detenía sólo para compartir ese instante, sólo preocupados y ocupados por el mundo del amigo, del hermano, de los padres, de los sobrinos. Cuánta comunicación, con los ojos, con los labios, con el alma. Hoy hay que pedir turno para llegar de visita y si no hay que conformarse, con un rápido saludo, con una media sonrisa, que no se sabe que significa, si ándate o bueno, bah, pasa, cada uno sigue en lo suyo, indiferente al “cachito” de amor que tal vez llegó en un momento y al no encontrar asidero se va y ya no se va a repetir, vendrá otro, tal vez, no el mismo o tal vez ya no volverá a venir.
Los seres humanos hemos perdido en lo más cercano, la comunicación, la manifestación del amor, pareciera que decir te quiero, es una pérdida de tiempo y a veces ese que te lo quiso decir hoy, ya no tendrá tiempo de decírtelo jamás. ¿Somos conscientes que hemos dejado a un costado los vínculos, las relaciones humanas? excusas, sólo excusas…tengo que terminar esto ya, tengo que entregar esto, tengo tanto que estudiar, si no me apuro no cierro este negocio y lo necesito, estoy jugando y si interrumpo no lo engancho más…millones de excusas. Por este sin fin de pretextos sacrificamos el amor, la amistad, el escucharnos, como si una hora más o menos fuera determinante y somos tan necios que creemos que los tiempos del mundo los digitamos nosotros y aunque yo no atienda a quién me visita, tal vez, sólo tal vez, tampoco tenga tiempo de seguir adelante.
La comunicación, hoy por hoy es un arte…es el arte de compartir algo, de ponerlo en común, de mantenerse en contacto con el otro intercambiando mensajes, pero no monólogos, mensajes en donde cada parte diga lo suyo. Precisamente por ser un arte, es poco comprendida y no todos poseen la sensibilidad agudizada como para cultivarla.
Miro el mundo con los ojos del alma y digo: -qué pena, cada uno quiere decir lo suyo, pero no escuchar al otro, sólo vale lo propio y a veces se detecta muy tarde que alguien necesitaba sentirse escuchado y “ser famoso” para el otro, sólo un ratito.
Para qué tanto apuro, si todo gira velozmente, se mezcla, se entrecruza y de golpe Dios dice: basta, ya no más y un sin fin de ilusiones quedaron prendidas de proyectos que no se pudieron concretar y que otro, cualquiera, lo seguirá y ya no será su proyecto, quizás de quién será…se cumplirá también, porque en este mundo nadie es imprescindible, es como si cuando naciéramos nos dieran un traje, más lindo, más feo, más rico, más pobre, para poder descubrir que somos capaces de hacer con él…mejorarlo, desgastarlo, romperlo, multiplicarlo.
Abramos los ojos del corazón, porque lo del cuerpo no son suficiente para encontrar la llave mágica que movilice el engranaje de una vida más provechosa en vínculos, en ver al otro, en escucharlo, no importa lo que se deja de hacer…no vivamos en cortocircuito con Dios, lo más probable en que terminemos electrocutados por nuestra propia insensatez, porque Dios no nos castiga, nos muestra a cada rato caminos alternativos y provechosos.
La violencia, el odio, el desencuentro, la incomunicación, el egoísmo, la mentira, el engaño, la ambición desmedida, son los males que aquejan a nuestra sociedad, que poco a poco va pereciendo por nuestra propia indiferencia e ignorancia por las relaciones humanas.
Las acciones muchas veces no son malas, pero no son contundentes, porque el espíritu está ausente, el espíritu es lo que le da vuelo a las acciones del corazón.
Iniciemos un camino de reencuentro con el diálogo, basado en el respeto, para que las relaciones humanas germinen en una primavera florecida en el amor por el otro…así la humanidad ya no será un teléfono descompuesto.