Libertad es una palabra que en la acepción general se manoseó mucho, se le quitó la esencia y en muchas ocasiones se confunde con libertinaje. Si volvemos a la etimología de la palabra significa “cualidad de libre” y agrega que libertad implica “actuar de acuerdo a la conciencia propia”.
Si analizamos todo esto, advertiremos que hoy por hoy, las personas hacen infinidad de atrocidades en nombre de la libertad. Por ejemplo: las familias no perduran más, porque ante la primera dificultad, la pareja se disuelve, ante el primer encandilamiento por la belleza de una mujer o de otro hombre se van para disfrutar su derecho a la libertad, sin darse cuenta que cuando la rutina llegue será igual y la ronda volverá a empezar; o cuando hacen innumerables piquetes en nombre de la democracia, impidiendo con egoísmo que otros, que deben ir a trabajar, no lo puedan hacer y ellos también viven en democracia; o cuando cada uno frente a una cámara dice lo que se le viene en la boca sin pensar ni lo que dice, ni a quién lastima, ni los efectos secundarios que acarrea.
La libertad es un don y un regalo de Dios al hombre para que se realice, crezca y haga crecer su maravillosa obra: la creación… nos dio la posibilidad de realizarnos libremente, pero para el hombre no fue suficiente, siempre quiere más, a costa de cualquier cosa. No era más fácil pensar: libres para crear, construir, curar, pensar, amar, que libres para destruir, para enfrascarnos en una sociedad consumista, para amontonar bienes que ni estamos seguros de poder disfrutar, o hasta hay personas que matan en nombre de la libertad o de Dios. Barbaridades que sorprenden día a día y se construyen enseñanzas y valores que son los que deben primar en una sociedad que intente un crecimiento en calidad.
La libertad es un valor que termina para cada uno, cuando empieza el derecho a la libertad del otro. Para poder vivir y convivir es necesario respetarnos y sacar a relucir eso que se llama espiritualidad y que debería distinguirnos de cualquier otro ser vivo. Debemos volver a conmovernos por el dolor ajeno y no quedarnos en la conmoción, sino ayudar, colaborar, sacrificar nuestro bienestar para darle un mínimo de bienestar al otro. En nombre de la libertad, no debemos estar en el sálvese quien pueda sino salvémonos todos y construyamos una sociedad que sea sensible y reparadora y no una sociedad en la que se crea una grieta inventada por la política o por grupos que necesitan dividir y crear caos. La famosa grieta no se formó por libertades políticas diferentes, sino por falta de cordura y amor. Estamos a tiempo, volvamos a pensar y a darle valor a lo que verdaderamente lo tiene y no perder el tiempo contestando estupideces a quien no piensa.
La libertad es un don de Dios y el que no supo usarla, que no culpe a Dios por las consecuencias de sus errores, que asuma su responsabilidad… Dios nos cuida siempre, pero El no es responsable de que no entendamos el real sentido de la libertad.