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La magia de Ciro siempre intacta

FOTO G. SANCHEZ CIRO. Brindó junto a Los Persas tres horas de un show fantástico.

(Enviado especial a Santa María de Punilla). - Solo bastaba con ingresar al predio, con volver a ver ese “Disney Rock”, como lo definió Juanse. Ver qué poco se parecía al de 2016, todo lo que había cambiado y había mejorado de una edición a otra. Ver una estética diferente, ver cómo evoluciona, cómo se reinventa, cómo supera etapas.

Y a la vez descubrir que el mito sigue creciendo, sigue dando cada vez más, sigue cautivando, más allá de cualquier contingencia. Más allá que en la primera jornada se notó una leve merma en cuanto a la cantidad de público.

Cosquín Rock arrancó con una potencia inigualable. Tal vez a los atributos históricos y a las innovaciones a las que apuesta año a año, haya que sumarle ese perfume a nostalgia que sobrevuela el Aeródromo de Santa María de Punilla. Tal vez no se puede mensurar, tal vez no se puede medir, pero está. Se decía en la previa que sería una edición especial, justamente por ese factor. Y ya lo es.

Los Pericos arrancaron temprano destapando el gran baúl de los recuerdos, tal como se anticipó en la edición de ayer. Rápidamente sacudieron la modorra con El Ritual de la Banana y a partir de ahí, no dejaron éxito sin tocar. El Espacio Alternativo se convirtió en una fiesta, más allá de los problemas de sonido que se reiteraron y que hasta expusieron al propio organizador José Palazzo cuando subió con su bajo a acompañar a la banda. Nada pudo con el despliegue Perico. Más sus invitados: Corbata (de Carajo), Santi Aysine (Salta La Banca), Alejandro Kurz (El Bordo), el mencionado Palazzo junto a Martín Gutman.

La fiesta luego se trasladó al Ceremonia Geiser, donde la comunidad Paranoica esperó y luego disfrutó a un potente Juanse, que no defraudó y desplegó lo mejor de sí.

De ahí al Principal, porque la recta final de la primera jornada prometía. Y cumplió. Vaya si cumplió. Se puede decir que Gardelitos sacudió a sus seguidores y fue llenando el entorno. Que La 25 puso la vara más alta aún. Que Guasones fue la previa justa para un cierre que se podía esperar como muy importante.

Allá por la 1 de la mañana del domingo y con los acordes de Similar y desde la silueta de una naranja instalada en el escenario, apareció el siempre carismático Ciro. Y en apenas un par de minutos se supo que sería un show increíble. Una primera parte que se apuntaló con los temas de su nuevo disco Naranja Persa, al que la banda apuesta fuertemente. De a poco fue apareciendo la impronta Piojosa con Tan Solo o Ando Ganas.

Fiel a su costumbre, Ciro interactuó con la gente. Se lo notó cómodo con la noche y con el festival, al que lo toma como propio. Eran las 3 de la mañana cuando empezó a despedirse.

Irónicamente, él sería el último en retirarse del escenario. Los bises se fueron sumando y la gente, conocedora, no se movió. Incluso cuando sobre el final aparecieron unas gotas que, al igual que en 2016, se sumaron a la fiesta.

Para Ciudad Animal apareció una comunidad de animales con un gorila gigante que se mezcló con la gente y las banderas. Y un grupo de animales variados entre los que estaba -luego lo presentaría el propio Ciro- el cordobés David Nalbandian. El cierre sería con Noche de hoy y cuando parecía que todo había terminado, para Ciro pareciera que nunca termina. Se retiraron los músicos, los invitados, los animales, pero él se quedó. Y como siempre, tomó su armónica e hizo vibrar el predio con el himno nacional argentino.

Para un primer día de 3 que prometen mucho, fue demasiado. Ciro sabe hacerlo, sabe hacer saltar y bailar a una multitud agotada de todo un día de shows como si fuera el primero. Y dejar a punto caramelo el resto del fin de semana.





Autor: Redacción

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