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La misericordia... ¿un estilo de vida?

En este último año se ha hablado mucho de la misericordia, desde la apertura de la Puerta Santa, para el jubileo del año de la Misericordia 2015…el papa Francisco nos interpeló, como pastor, a partir de ese momento, para que practiquemos la misericordia, a todos, sin distinción de ninguna clase.

Misericordia, si analizamos rápidamente el término, significa una perfecta interrelación entre el perdón, la compasión, la bondad, el amor, la fidelidad… ¿Por qué? Cuando uno se vincula con otro, deberíamos mirarlo como un hermano, un “otro” para querer, sin tener en cuenta las diferencias, ni sociales, ni étnicas, ni de ideologías, ni de pensamientos, ni de prácticas religiosas, ya que nuestra intención debería ser amar al “otro” en todo momento. ¿Se puede? Va a depender de cómo vivamos la fe, de cómo nos vinculemos, de nuestra memoria vengativa, destructiva o misericordiosa…Las personas muchas veces somos envueltas por sentimientos mezquinos, que sólo nos hacen buscar nuestro bienestar o el de toda nuestra familia y ahí se acaba nuestro “universo”…Si llegáramos a descubrir cómo cambiaría nuestra vida si ampliamos ese universo, no perderíamos el tiempo odiando, despreciando, discriminando o descalificando al prójimo.

Todos tenemos un grave problema que nos causa heridas y hiere a otros en muchas ocasiones de manera terminal, “la lengua”, la capacidad para destruir la moral de una persona, manejándonos con prejuicios y no con misericordia. Si reflexionáramos acerca de todos los errores cometidos por nosotros mismos y por la veces que ansiamos la misericordia del otro, no nos convertiríamos tan rápidamente en jueces implacables…miramos mucho la paja en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro…¿alguna vez advertimos que al descalificar a alguien por inercia, causamos un daño letal, que puede llevar a ese otro a cometer actos por perder su autoestima, por sentirse solo, juzgado, acabado, sin amor?

Tal vez nunca recapacitamos que Dios nos invita a ser misericordiosos desde que nacemos y hasta que morimos y es que infinidad de veces ni pensamos en la posibilidad de morir y es tan delgado el límite entre la vida y la muerte, que a veces no da tiempo y nos sorprende desprevenidos y no por falta de aviso, porque quien vive la fe más o menos profundamente, sabe que esto es así y que es muy importante hacer un camino hacia la misericordia que Dios espera de nosotros. Obviamente que no es fácil, y nos levantamos y caemos y nos volvemos a caer y a levantar, pero la buena voluntad, la intención genuina, Dios la ve, porque es el único que conoce nuestro interior profundamente…Dios es el único juez al que no le podemos discutir, ni mentir, ni tratar de convencer, porque El ve lo que nadie ve, ni nosotros mismos a veces. Queridos amigos lectores, estamos en tiempos difíciles y en tiempo de Adviento, de conversión, de esperar el nacimiento del Salvador, de ese que no especuló, que dio su vida voluntariamente, aunque muchos no puedan creerlo. Ejemplo de generosidad, de amor y misericordia. La Misericordia es una virtud, un don, un regalo, es un estilo de vida. Cuando descubramos el valor de practicarla, iniciaremos un camino de Fe, misericordiosamente hacia un final con Dios. No me gusta pensar un final sin Dios, porque creo que llegar llenos de amor nos garantiza la paz, en cambio llegar vacíos, en tiempo final nos llenará de interrogantes. La misericordia debe ser un estilo de vida y nos garantiza la misericordia de Dios para nosotros.

Autor: Alicia Riberi

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