Espontánea, entusiasta, revolucionaria, Luciana Mocchi es una joven cantautora uruguaya, que con su música va recorriendo varios países del mapa, y este viernes se presenta en el cierre del Ciclo de Música Popular, de la Asociación Cultural Otras Voces. El recital tendrá lugar en El Burgués Café (Saavedra 52) a partir de las 21:30 horas. Esta actividad se realiza con el aporte de la Comisión Municipal para la Promoción de la Cultura. En diálogo con LA OPINIÓN, Luciana nos cuenta:
- ¿Cuándo y cómo nace tu vínculo con la música?
- No recuerdo un momento preciso en el cual haya nacido mi vínculo con la música, creo que siempre estuvo allí, que siempre me vinculé de esa manera con el entorno. Mis padres dicen que desde que empecé a hablar todas las proyecciones que hacía empezaban con un "cuando yo sea cantante". De todas maneras, sucede algo que no sé exactamente que fue, como a mis seis, siete años, donde empiezo a conocer y descubrir en mí, un lugar al cual puedo llegar con las canciones. Tengo muchos recuerdos de una infancia solitaria, escuchando música, momentos de paz, de desahogo, canalizados ahí, en el play/rec de la casetera. Me encerraba en mi cuarto a cantar arriba de algún casette que había grabado yo misma desde la radio, cantaba y escuchaba música todo el día.
- ¿Cuándo empiezas a dedicarte profesionalmente a este arte? ¿Recordás qué sentías en ese momento?
- La primera vez que canté tenía 8 años. Fue en mi casa y fue a la gorra. Mi padre hizo un escenario con tablas de dibujo y yo canté las dos canciones que sabía un millón y medio de veces. Pasamos la gorra y vendimos pan con manteca. Año 98, augurios de una crisis y mundial de Francia para disimularlo un poco. Invité a todos los vecinos, hice flyers, la entrada (para los que podían) salía 1.50. Sentí lo mismo que siento ahora cuando me subo a un escenario, algo que no puedo explicar, y creo que es emoción. Creo que siempre lo hice de una manera muy profesional, aunque no cobrara por ello, y no me salieran las cosas que quería. Haber renunciado a estudiar una carrera, a seguir trabajando ocho horas en algo que no me gustaba, fueron cosas que me hicieron enfocarme más. Está el mito de que es difícil vivir de la música, pero yo pienso que eso no es real. Difícil es vivir de algo que no te gusta. También está el mito de que hay que cobrar para que sea un trabajo, o para que sea profesional. Profesional es el que va y pone todo el corazón en lo que está haciendo y cuando uno hace eso la plata aparece sola.
- ¿Quiénes son tus referentes y tus maestros?
- Me crié escuchando Roger Withaker, Mozart, Bethoven, Vivaldi, Bob Dylan, Cabrera, Mateo, Charly García, Rafaga, Gilda, Bandana, Shakira. Creo que esas son influencias de las que no podes escapar, porque están en tu casa o en el bondi, en la calle. Sin embargo no sé si son referentes o maestros. Un maestro es mucho más que una canción bonita. En ese sentido creo que mi público me enseña mucho, y de elles y de mi equipo de trabajo es de quienes más aprendo, el aprendizaje creo que se trata de todos esos vínculos amorosos que te vas cruzando, en los aciertos pero sobretodo errando fuerte. En el mundo de la música hay un par de personas a las cuales les debo agradecer siempre, una es Yayo Serka, baterista de Lila Downs y Angelicque Kidjo, que me dio para adelante y me vinculo con mucha gente muy hermosa cuando yo tenía 18 años y tenía canciones en las cuales no creía tanto. Me ayudó a creer, gracias a él me sostuve en el camino.Y otros dos son Esteban Pesce y Marcos Meerovich, con quienes toqué durante más de 10 años y quienes estuvieron a cargo de la producción de mi segundo disco, pero yo siempre creo en la espiritualidad, en los referentes en ese sentido, porque la música en mi caso sale de ahí, es como el abrazo de un amigo.
- ¿Cómo nacen tus canciones?
- Nacen de una frase, de un disparador, de una situación, de una reflexión, de cosas que aparecen por ahí, pasadas por el filtro propio de lo que soy. Generalmente compongo guitarra y voz, o piano y voz todo junto, letra y música. Y si no termino las canciones en el momento luego se me van.
- ¿Cómo ves a la sociedad actual ? ¿Crees que la música es una herramienta para transformación individual y colectiva?
- Creo que la música en mi caso es el camino hacia la transformación individual, y que el arte es una herramienta para la transformación. En mi caso es así, porque busco eso, pero no puedo decirle a nadie más que la música "es" nada. Yo hago música para cambiar el mundo, creo en la transformación del encuentro entre las personas, en el poder de estar en un mismo espacio pensando en una misma cosa o cuestionándonos determinadas ideas. Mi objetivo no es ni grabar discos, ni llenar salas, o sí, pero lo importante no es eso, lo importante es el "para qué". Creo que como cualquier cuestión creativa, siempre depende de cual sea el impulso de cada persona, la esencia, el corazón. Cuando la esencia es un registro sincero, el camino creativo va dejando huella de la historia, de lo que sucede, de la resistencia, de lo que nos pasa, de cómo van cambiando los sentimientos, los vínculos, la lucha, los paisajes, y eso siempre es importante. La música grabada, el disco, las letras aprendidas por la gente, son un anclaje a la memoria, y la memoria nos da la posibilidad siempre construir desde otro lugar. Me gusta cuando la canción cumple esa función, y si no es así, está bien también. La música en vivo es un momento irrepetible donde las personas se encuentran a escuchar algo. Escuchar es un acto revolucionario en este momento en el que el mundo tiene tanto ruido, muchas imágenes, mucho bombardeo y cosa controlada.
- ¿Qué significa la música en tu vida?
- Es mi espíritu, es el cuarto donde me encerraba cuando era chica. Me sigo encerrando en el mismo lugar, solo que ahora conseguí compartir lo que sale de esos encierros. Es una forma de vida, pero también es la vida misma, porque no sé donde estaría si no fuese por la música. No es una parte ni nada, creo que es mi vida entera.