Por Gloria Yanito. - Nos imaginamos un mundo en paz?, sin venganzas, sin envidias, sin prejuicios, sin mentiras, sin críticas destructivas. La verdad, podría continuar así, con los “sin” hasta el infinito… recién entonces los pueblos serían verdaderos paraísos -como en realidad, los creó Dios en un principio-, sublimes oasis de paz, esperanza y amor. Las comunidades serían genuinas y sin diferencias raciales, religiosas, económicas, sociales ni intelectuales, que son las que provocan enfrentamientos que hacen olvidar que somos personas con deberes y derechos, pero nacidas de una misma patria, de una misma tierra y en consecuencia vivenciar un único bien común.
Es importante recordar como premisa que hay una verdad irrefutable: “nadie es dueño de su vida, ni de la de los demás”, por consiguiente cada vez que se vulnera este concepto, la oscuridad de la conciencia evidencia una atroz indiferencia, que pareciera congelar el corazón provocando temor, confusión, desconfianza, impotencia, destrucción y el terrible olvido de un ser único dueño de nuestras vidas: Dios.
Pensarán que soy una ilusa y no importa ya que sólo deseo manifestar una forma de vivir en paz y que esa paz es la que deseo hacer presente en esta “sociedad” que pareciera haberse aletargado, desconociendo los valores prioritarios que rigen una comunidad, que si no se frena se autodestruirá. Esos valores son la verdad, la libertad, la generosidad, la humildad y el amor, ese amor que Dios regaló en demasía, quitándole importancia a nuestros múltiples errores, y nosotros, en lugar ser agradecidos construyendo un mundo más perfecto, lo transformamos en “puro libertinaje” que confunde y enerva, haciendo que los hombres se extralimiten. Si apeláramos a esa paz verdadera, no existirían ni la droga, ni las armas, ni los atropellos, ni la impunidad, ni la confusión que lleva a las personas a transgredir límites peligrosos por una codicia sin límites, por una envidia degradante y una justicia enmascarada que da escalofríos.
Es que somos tan ciegos y tercos que no podemos cambiar la corrupción por abrazos, servicio, generosidad, trabajo y amor?
El salmo 61 dice: Son sólo un soplo los hijos de Adán, el hombre una mentira; si a pesarse llegaran todos juntos, ni un soplo pesarían…y también dice: Señor: tú pagas a los hombres de acuerdo con sus obras…
Finalmente nos dice la palabra:…en Dios sólo descansa el alma mía, de El viene mi esperanza; mi salvación, mi roca sólo es él, mi fortaleza, no he de vacilar…
¿Esperanzador el mensaje no? Todos juntos tengamos presentes las sabias palabras del papa Francisco: no se la crean…