Sueño con despertar un día y escuchar a los políticos, personas que pretenden guiar el crecimiento de un pueblo, reconociendo el espantoso panorama de este bendito país: delitos a granel, drogas en demasía, inseguridad permanente, imposibilidad de decretar algún lugar para estar a salvo.
Sueño mis queridos políticos con que nos digan la verdad sin tratar de colorear de rosa lo que es gris y no digo negro para ser generosa.
Sueño con que tengan ese momento de integridad para decir: estamos haciendo las cosas muy mal o como dijo ese "señor", alguna vez, hace unos años: dejamos de robar un poco y alcanza para todos.
A veces reflexionando me doy cuenta que nos creen estúpidos, ¿y saben por qué? Porque el pueblo está cansado de quejarse y que no pase nada y está cansado de trabajar duro para que los políticos nos saquen a los empleados el impuesto a las ganancias para mantener a los que no trabajan. Si son tan altruistas yo les sugiero que donen sus sueldos para hacer beneficencia. Cuando uno hace las cosas bien no necesita que salgan fieles lacayos a defender lo que hacen.
La vida pasa rápido y llegará el momento en que cada uno quede cara a cara con el Supremo y quiero saber cómo van a justificar la deshonestidad consciente, las faltas de respeto, la indiferencia, la omisión. Esto último, “omisión”, es gravísimo porque es hacer como que no pasa nada, como que todo está bien... es que no quieren ver que un jubilado dio su vida trabajando día tras día más de treinta años para cobrar una miseria como recompensa, que es un vuelto si se tiene en cuenta lo que gasta cada uno de ustedes.
Creo que llegó el momento en que los argentinos demostremos que somos capaces de analizar, evaluar y expresar lo que nos define, lo que nos hace parte de esta patria que se desarma a pedazos, si no construimos juntos un modelo distinto. Lo importante, no es estar primero, segundo o no figurar en ningún lado, es ser parte de, ser consciente de que se aportó lo que cada uno puede dar.
La política no es mala palabra, pero la ensuciaron los políticos corruptos y en consecuencia los que no lo son, carecen de confianza por parte de un pueblo golpeado, estafado y herido.
Los ciudadanos queremos más que palabras, hechos, acciones que definan un modo de proceder, una manera de hacer política, que nos motive a trabajar con ahínco, aunque sea recomenzando y resignando intereses personales en bien de los comunitarios. Se acabó el tiempo de las mentiras, ya el pueblo no cree, entonces no hay que decir más palabras, hay que hacer y edificar en paz y no con amenazas que instalan el miedo y paralizan a una sociedad que se dio cuenta, que en este momento no hay límites y si la Justicia no actúa con celeridad y honestamente, jugándose por los ideales de un pueblo que espera azorado, estamos como dicen los jóvenes “al horno”.
Los que somos muy frontales y expresamos lo que pensamos, tal vez no le convenimos a nadie, pero sería bueno que una vez, tal vez, sólo una vez, escuchen, procesen y accionen en bien de la Patria que los vio nacer y de la que maman ustedes, nosotros, sus hijos y nuestros hijos.
La política no es un negocio, es un servicio.