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"La posibilidad de compartir el tesoro grande del sacerdocio"

Este viernes 8 de agosto, a las 20, el obispo diocesano Luis Fernández presidirá la ceremonia de ordenación sacerdotal del diácono rafaelino Diego Agazzoni en la Catedral San Rafael. Finalizada la celebración, se realizará una cena a la canasta en el salón de la Parroquia Santa Rosa de Lima. El nuevo sacerdote celebrará su primera misa el sábado 9 a las 18, en la parroquia Nuestra Señora de Fátima.

Diego nació el 5 de octubre de 1985 y es hijo de Graciela Forni y Mario Agazzoni, y hermano de Gustavo. Su familia reside en el barrio Fátima. Realizó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio San José. Cuando tenía 18 años, ingresó al Seminario Nuestra Señora del Cenáculo de la ciudad de Paraná, capital de la provincia de Entre Ríos. Durante sus estudios en esta institución, realizó experiencias pastorales en las parroquias de Ceres, Vila, San Antonio y Santa Josefa Rosello y San Pedro de nuestra ciudad. Desde el 2013 colabora en la parroquia de Fátima. Fue ordenado diácono el 20 de diciembre de 2013 por monseñor Fernández. A pocos días de su ordenación, el joven seminarista fue entrevistado por este cronista de LA OPINION, compartiéndose su testimonio:

-¿Cómo surgió la vocación?

-Es muy difícil explicar en pocas líneas lo que se desarrolló en varios años, pero intentaré resumir un poco. Cuando era adolescente quería casarme y tener hijos, pero el Señor tenía otros planes para mí. No por eso Dios es malo o hace lo que quiere, sino que siempre busca lo mejor para sus hijos y les da la libertad para elegirlo o no. Por eso, mi vocación se fue plasmando lentamente en mis primeros años de vida, ya que mi familia era de ir a misa semanalmente y algunas noches rezábamos el rosario con mis abuelos maternos. Pero fue sobre todo en 4° año de la secundaria, después de varios encuentros, cuando empecé a plantearme porqué me sentía tan bien haciendo cosas para que otros conocieran a Jesús, a ese Jesús que yo seguía y me gustaba hacerlo. Así desde cuarto año la llamada a seguir a Jesús era cada vez más fuerte, pero necesitaba ayuda para discernir con claridad si era que me llamaba yo o era Dios que me llamaba al sacerdocio.

-¿Cómo fue tu discernimiento y el acompañamiento previo al ingreso al seminario y durante el mismo?

-La Diócesis brinda un servicio llamado "Curso de discernimiento", para discernir con más profundidad la vocación, del cual fui invitado a participar y con el acompañamiento del padre Gustavo Montini, hoy obispo auxiliar de Roque Sáenz Peña (mi director espiritual) y otros sacerdotes del equipo vocacional (Fernando Sepertino y Raúl Massini) junto con monseñor Carlos Franzini, pude ver con claridad que el Señor me necesitaba para esta vocación. En los años de seminario seguí con el discernimiento, acompañado por estos mismos sacerdotes y los formadores del seminario, y también siguieron las confirmaciones del Señor para ser sacerdote. Pero sobre todo donde más recibí acompañamiento para mi discernimiento vocacional, además de los recién mencionados, fue la familia. Ellos me acompañaron durante el inicio de mi inquietud vocacional y durante todo el seminario. Esto sería más o menos mi historia vocacional, pero como dije al inicio, está muy resumida.

-Previo al seminario, ¿participaste en otros servicios pastorales?

-Estuve trabajando como catequista en la parroquia San Antonio de Rafaela, participé de la Pastoral juvenil del Colegio San José siendo integrante del Grupo Huellas, y animador de un pre-juvenil, y a su vez participaba de las reuniones de pastoral juvenil del decanato 4. Pero además participé con otros jóvenes en radio con un programa católico llamado “Abriendo caminos” que salía los sábados en el año 2003. Fue por eso que integré el Equipo de Pastoral de las Comunicaciones de la Diócesis en ese mismo año.

-¿Una vez ordenado sacerdote, se conoce el nuevo destino?

-No siempre, cuando uno es ordenado sacerdote viene el cambio de parroquia; suele suceder así, pero no siempre se cumple esto. En mi caso sé que tendré seguramente otro destino, pero aún no lo sé. Agradezco de corazón la posibilidad de llegar a los lectores del diario LA OPINION, y sobre todo la posibilidad de compartir con todos el tesoro grande que es el sacerdocio. Es un tesoro grande que desborda por todos lados y a quien recibe este regalo le queda grande también. Por eso quería aprovechar esta ocasión para decirles a aquellos jóvenes que están sintiendo fuertemente el llamado a dar la vida por los demás siguiendo a Jesús, a que se animen a decirle al Señor que quieren seguirlo. Quien le abre el corazón al Señor rápidamente tiene la respuesta y es plenamente feliz. No se cierren en ustedes, sino pidan al Señor que les mande a alguien que los acompañe y verán que El se encargará de mostrarles el camino a seguir. Renuevo mi saludo para todos los lectores del Diario y les pido en especial que recen por las vocaciones.

Autor: Emilio Grande (h.)

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