Al entrar en el pueblo de Soledad (departamento San Cristóbal) había dos carteles, dando la bienvenida a la ordenación sacerdotal de Mauricio Molina, manifestando su lema de ordenación: “Lo tomó... lo partió y lo dio”.
La misa presidida por el obispo Luis Fernández y concelebrada por unos 45 sacerdotes de nuestra diócesis de Rafaela, algunos formadores del Seminario de Paraná, de la arquidiócesis de Santa Fe y de la diócesis San Francisco, se realizó anteanoche fuera de la explanada del templo parroquial. Acompañaba la imagen centenaria de Nuestra Señora de la Soledad (representa a María al pie de la cruz de Jesús en el calvario). Participaron también diáconos permanentes, religiosas, una multitud de fieles del lugar y allegados al nuevo sacerdote de Rafaela, San Guillermo y diversas comunidades parroquiales donde estuvo sirviendo a lo largo de los años.
Fernández destacó la importancia de que Mauricio siga alimentando sus raíces originadas en la experiencia de fe en este pueblo donde nació y se crió. Llamó a reconocer los signos sencillos y pobres como Jesús se viene manifestando desde su nacimiento en Belén y ahora en los signos de bendición que viene realizando en esta localidad, por fuera de las noticias periodísticas porque está lejana de los grandes centros de atención política y económica. En la vida de esta comunidad nacieron y se gestaron las vocaciones del padre Alejandro Mugna, ordenado en 2000, hoy vicario general de la diócesis, y el diácono permanente Víctor Tuninetti, ordenado en 2005.
Al final de la celebración, el nuevo sacerdote agradeció a Dios su llamada y el camino de ser ministro de Jesús buen pastor, reconociendo con gratitud su experiencia de fe desde su familia numerosa, y con el testimonio y orientación de diversos sacerdotes que lo ayudaron a discernir y asumir la llamada de Dios, en el seminario de Paraná como en las diversas comunidades parroquiales donde fue completando su proceso de formación.
El obispo diocesano agradeció el testimonio del padre Antonio Navarro que el lunes pasado celebró sus bodas de oro sacerdotales, actualmente párroco de María Juana. Fabián Rivero, párroco de Soledad, agradeció el intenso y extendido trabajo que realizaron numerosas personas e instituciones en la comunidad para vivir una verdadera fiesta del pueblo de Dios. Finalmente, se realizó un cordial agasajo a la canasta en el Club de Bochas.
HOMILIA DE FERNANDEZ
A continuación la homilía del obispo Luis Fernández: "nos ha convocado en Soledad, la Iglesia diocesana, para vivir una vez más el amor misericordioso con que el Padre Dios, nos cuida, nos llena de ternura y no deja de asombrarnos con sus obras maravillosas.
"Este tiempo del adviento, nos llena de esperanza y confianza, nos prepara para ese acontecimiento central de la humanidad donde, en uno de los lugares más humildes, pobres y olvidados de las grandes ciudades, como era Belén, nacía el Salvador del mundo. Así se hace la historia de Dios, como hoy nos encontramos en el pueblo de Soledad, alejado de los grandes centros urbanos, donde suele centrarse la mirada y atención de los hombres y pareciera que se define lo importante de la vida, el amor de Dios sigue haciendo de las suyas, obrando caminos silenciosos, pobres y humildes, haciendo el centro, trayéndonos a todos aquí a Soledad, porque El, quiere mostrarnos una vez más, su obra desde la sencillez, la vida honesta del sacrificio cotidiano, de mañanas frías del invierno, de amaneceres tempranos y calurosos de veranos calientes, donde se aprende a gustar lo poco, a caminar largo para llegar a la escuela y los niños no dejan de estudiar, sin dejar de ayudar a sus padres en las tareas del campo, donde se recibe la fe, en los rezos largos del rosario a mano que las abuelas y la familia va desgranando, siempre bajo la mirada serena y cercana de la virgencita en el altar de la casa o en la parroquia donde la Soledad de María, se hace tan pueblerina.
"Es este amor de Dios, que hoy nos convoca para mostrarnos su vida, su obra en Mauricio, uno de los hijos de este pueblo, ya como hace unos años, lo mostraba también en la ordenación del padre Alejandro, hoy vicario general de la Diócesis.
"Lo primero que quiere decirte el amor del Padre, querido Mauricio, es esto que Él te ha preparado toda esta celebración de la ordenación sacerdotal, donde has nacido, te dice, ´no te olvides nunca de tus raíces´. Aquí tu madre, junto a tu padre y toda tu familia te recibió la vida, y aquí también el amor de Dios, hoy te quiere entregar esta nueva vida del sacerdocio, que no es para olvidar lo vivido, sino porque lo vivido te ha ayudado a que hoy puedas llegar a vivir al servicio del pueblo de Dios, pero siempre sin olvidar tus raíces, fundamento también del amor con que Dios, te llamó.
"Al celebrar la eucaristía, que es memorial, donde Cristo, nos ha enseñado a volver siempre a nuestras raíces cristianas, es decir al sacrificio de la cruz, a su pasión de amor, entregando la vida por nuestros pecados, y venciendo la muerte con la pascua de su resurrección. Así en cada misa que vas a celebrar, estarás ayudando al pueblo de Dios a volver a sus raíces cristianas, como hoy vos, recibís el orden sagrado del sacerdocio, en tus raíces, aquí en Soledad.
"Has elegido como lema de tu ordenación sacerdotal, la cumbre y fuente de la vida cristiana que es la eucaristía: ´lo tomó, lo partió y lo dio´.
"Así hizo Cristo con su vida, al saberse enviado por el Padre dijo: ´aquí, estoy´, a Él, no le marcaron la cancha (le hablo en lenguaje del fútbol, porque es bueno), Jesús tomó las riendas de su vida, y fue con libertad y entusiasmo, fiel a la misión que el Padre le había encomendado.
"Andá vos también Mauricio, como fuiste desde tus raíces, con sencillez y alegría, con coraje y entrega. No recibís la ordenación, para ser un funcionario, sino que al estilo del santo cura Brochero, vos también tengas celo apostólico, si no tenés nada que hacer, hacé como hiciste en San Guillermo, andá a los colegios a charlar con las pibas y pibes, hacete amigo, perdé el tiempo con los jóvenes, dales tu vida con amor.
"Que las necesidades de la gente te van a cansar, esa es la vida del sacerdote, no para sentarse y pasarla bien, no para ser servido, o ponerte por encima de los otros creyéndotela, que sos el más puro o el mejor, sino como el cura Brochero, para andar entre la gente y ponerte a su disposición.
"Acompaña mucho a los laicos, no seas un cura que tiene tener todo en sus manos, en el puño, que todo tiene que pasar por vos, confía en los laicos, en las religiosas, en los jóvenes y esposos, trabaja junto a ellos, no te dejes tentar por el clericalismo, que no deja crecer a la Iglesia de Cristo.
"Ama siempre la diocesaneidad, trabajando la fraternidad sacerdotal en unión al presbiterio, al obispo a todos los consagrados para servir con alegría al santo pueblo de Dios. Recordá que el sacerdocio no es algo tuyo, personal, es algo de Dios, somos instrumentos para dar la vida acompañando y sirviendo a todos. Has sido tomado de entre los hombres, para servir a la humanidad, no para servirte de ella.
"Qué bueno que hayas puesto en tu lema: ´lo partió´. Esto es lo que hizo Cristo, se partió se rompió por los demás, no se guardó nada, lo entregó todo, no andaba mirando, si se sentía bien, o si estaba bajoneado, o si el otro lo había mirado con celos, o si alguno lo negaba, sino que Él se partió, se entregó hasta darlo todo, su vida por amor, sin esperar agradecimientos, menos aún entrar en componendas o coimas corruptas para estar mejor, al contrario, vivió en la pobreza, en la sencillez de vida, perdiéndose y viviendo de verdad los últimos lugares, que son los primeros en el reino de Dios, como Belén, como Soledad, como tus raíces Mauricio de familia unida, trabajo honesto y poco pan caliente, pero con un corazón solidario grande capaz de compartir la vida haciéndote amigo de todos como Jesús.
"Crisis, como las vive todo el mundo, las vas a vivir, son parte de la vida, que si como Cristo, las sabes transformar en oportunidades, son las que más te van a ayudar a seguir madurando y crecer sin perder la alegría del evangelio.
"La vida sacerdotal es para los demás, no te encierres en los problemas, ni te dejes abatir por las injusticias, siempre tené esa confianza de compartir con otros, sabé escuchar aún, del que piensa distinto a vos o es de otra religión, hoy tenemos que hacer como Iglesia la cultura del encuentro, ayudar a que las mujeres y hombres, nos cuidemos entre nosotros, sepamos dialogar, escucharnos y hasta dales el coraje, porque vos lo hacés primero de que sepan perdonarse. Sos sacerdote para realizar en este mundo el sueño de Dios: ´Padre que sean uno, como tu y yo´. Así te hará vos mismo eucaristía para tus hermanos, haciendo y dando la vida para la unidad para la comunión entre todos, sin discriminar ni excluir, y no temas dejar el rebaño, cuando alguna de las ovejas se han perdido, pero nunca juzgues, o peor aún condenes, porque no nos dieron la misión de juzgar o de condenar, sino la de ser misericordiosos, la de perdonar y volver a la vida, con alegría en el corazón.
"Y por último dice tu lema sacerdotal ´lo dio´. El adviento que estamos viviendo, nos dice que alguien viene, Dios sale de sí mismo, envía a su Hijo, que bueno este Dios, que hoy también sigue saliendo, te invita a vos a que vayas como su Hijo con la misión de darte como el pan vivo eucarístico, salís vos Mauricio, enviado por Dios, para dar la vida. Sé Mauricio como es la intención de Dios, una Iglesia en salida, como nos pide el papa Francisco.
"Estas son palabras de aliento que te da hoy en tu ordenación sacerdotal el Papa: Jesús te ha mirado, y por lo tanto si estás donde ahora estás, es porque Él te miró y te llamó, y te da la gracia del sacerdocio. O sea que Él no se aparta de nosotros, aunque pasemos malos momentos y aunque nosotros por ahí le hagamos alguna traición. Pero él está al lado, siempre está a nuestro lado. Lleva la certeza de que si él te llamó, estará a tu lado, y esto te traerá mucha paz siempre.
"Y esto lo dijo el Papa: ´Lo digo en criollo no de mal hablado: no sean guachos. Es decir no sean huérfanos. Tenemos una madre. O sea estén muy cerca de la madre. El cura que está al lado de la Virgen, sabe que tiene su madre. En los momentos difíciles no se sientan huérfanos. La orfandad es una de las pasiones que está sufriendo el mundo de hoy. El mundo actual padece mucha orfandad y también nos la contagia a nosotros. Jesús me llamó y me dio la fuerza, pero también me dio una madre. Mauricio déjate dar ternura por nuestra madre la Virgen, no la tenés que andar mendigando, por ahí, para llenar vacíos afectivos. Vos desde niño, has aprendido a cobijarte bajo el manto de la patrona de este pueblo, que hasta ha querido llevar su nombre.
"Fuerza Mauricio, contás con el amor de Dios que te llamó, tenés a tu madre patrona de tu pueblo, y hoy mirá cuántos estamos a tu lado para decirte gracias por haber respondido con generosidad al llamado de Dios, estamos para agradecer a tu familia que te trajo a la vida y te crió. Gracias al seminario de Paraná que acompañó tu formación, gracias a la diócesis a tantos sacerdotes, religiosas y laicos que creen en el amor de Dios y su obrar en las cosas más simples de la vida".