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"Las kermeses"

FOTO ARCHIVO TUMBAR EL TARRITO. Uno de los típicos juegos de las kermeses.

Dentro de las diversiones que nuestra ciudad ofrecía por aquellos años del 50 y pico, había una en especial que llegó a constituirse en algo muy tradicional, ameno, familiar, divertido. Y estas fueron sin lugar a dudas las tradicionales “kermeses”. Se desarrollaban, especialmente, en los meses de primavera-verano, en casi todos los clubes, escuelas o cualquier institución de bien público.

Las organizaban aquellos esforzados colaboradores, que noche a noche trabajaban desinteresadamente para recaudar fondos. Eran grupos grandes de gente de todas las edades, que con mucho esfuerzo y trabajo, pero también con gran entusiasmo, todos los años, pacientemente con lo que tenían o fabricaban, daban vida a estas populares “kermeses”.

Algunas llegaron a congregar a toda una multitud los fines de semana, cuando habitualmente se realizaban. Para aquellos que no vivieron aquella hermosa época, trataré de describirles en qué consistían y cómo y dónde se realizaban... Generalmente comenzaban a la tardecita; ¿el lugar? cualquiera era bueno, los patios de los colegios, las pistas de baile, alrededor de las plazas, canchas de fútbol, salones, todo podía servir de escenario para estas tradicionales fiestas. Los puestos o kioscos se construían con tablones y dentro de ellos se colocaban los juegos y detrás los premios, por supuesto atendidos por chicas y muchachos que a viva voz trataban que jugaras en los distintos lugares diseminados por el local. Trataré de recordar algunos de los innumerables juegos que existían... El clásico tiro al blanco, el bazar, la ruleta, las argollas, los billares, el clásico conejito que debía entrar en unas casitas numeradas, el campeonato de penales, el tiro a los muñecos, había de todo...

Por lo general, no se cobraba entrada pero alguna rifa, para una “mesa servida” tenías que comprar; además, los juegos, si te entusiasmabas te podían salir “algo” caro, pero todo el mundo te decía: “Hay que colaborar, es para un beneficio”... y todos un poco más otros menos, nos jugábamos algo. Cómo recuerdo aquellas que se realizaban en la Placita Honda, fueron una de las más tradicionales, a todos los juegos se le sumaba el número “central de la noche”: “El Concurso de Cantores”... era impresionante la cantidad de gente que no quería perderse el “plato fuerte”. Marianito y Gardelito, se disputaban noche a noche la final del concurso tanguero. Un poco en broma y algo en serio la lucha, entre estos dos populares personajes de nuestra ciudad.

Todos los clubes también las realizaban y algunos al finalizar los juegos, organizaban pequeñas tertulias bailables con “selectas grabaciones” como entonces se decía. Pero yo quiero rescatar algo más de todo esto. Como un acontecimiento social donde el abuelo, el hijo y el nieto pasaban, todos juntos, momentos de sana alegría. Quién de los muchachos no iba a las kermeses, para ver si estaba la piba que habías “relojeado” el domingo anterior, en la “vuelta al perro”, del bulevar o a lo mejor para encontrarte con la chica que el sábado en Independiente, te había dicho que “sí” a tu declaración de amor... Qué caros y sentidos recuerdos me trae a la memoria esta evocación de nuestra juventud. Es que nuestra vida en aquellos años fue muy feliz, simple, con una gran cantidad de valores humanos. Pero como todas esas cosas bellas del ayer se fueron apagando hasta que desaparecieron.

La llegada a la ciudad de grandes parques de diversiones con nuevas atracciones, juegos mecánicos, mucho colorido y sorteos fabulosos, las nuevas costumbres, sepultaron para siempre esos momentos, que como muchos, nos fueron quitando el progreso. Pero a vida es así y fue una etapa que se fue y nunca volverá. Hace poco tiempo, le prometí a mi pequeña sobrina Agustina llevarla al parque que se levantaba a la vera de la Ruta 34. Al llegar y entrar vi todo iluminado, con su música, color, sus juegos mecánicos espectaculares, un avance extraordinario de la tecnología puesta al servicio de la diversión de la gente. Pero observé algo que se me sorprendió gratamente. Volví a ver, como en aquellos años de kermeses, a toda la familia, abuelos, hijos, nietos, igual que 50 años atrás... la miré largamente a la nena, con ternura, estaba feliz, con su gran globo con cara de banana que le había comprado, apretado en su manito. En ella me vi reflejado un poco yo también, mi niñez, mi alegría y me emocioné con los recuerdos, pero me dije para mis adentros, “Oscar estabas equivocado, la vida ha cambiado, las costumbres tal vez, pero el corazón de la gente sigue igual... di una vuelta más, como para aprisionar en mi corazón todo lo que la vida me había vuelto a regalar. Me fui caminando de la mano de mi sobrina... me pareció a lo lejos escuchar “5 pelotas por un peso... hagan juego señores”, o ver a la chica del bulevar, o a la de Independiente, como perdidas en el tiempo...

Pero antes de salir, lo miré al “gordo” de la entrada sonriendo y le compré dos bolsitas de praliné... como antes.


Escrito en octubre de 1999




 

Autor: Redacción

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