Convencido de que la cuestión ambiental constituye uno de los principales temas en la agenda de la humanidad, el ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el rafaelino Ricardo Lorenzetti, brindó ayer una conferencia ante un colmado recinto del Concejo Municipal en la que describió con tono pesimista la situación actual y, al mismo tiempo, planteó con espíritu optimista que corregir el rumbo para evitar el colapso del planeta depende de cada uno de nosotros.
La disertación fue la actividad central que en forma conjunta organizaron el cuerpo legislativo local, el Departamento Ejecutivo Municipal y el Centro de Capacitación del Poder Judicial de la Provincia de Santa Fe en el marco de la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente, que se conmemora cada 5 de junio desde 1973 a partir de una resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU).
El intendente de Rafaela, Leonardo Viotti, y el presidente del Concejo, Lisandro Mársico fueron los anfitriones de la conferencia en la que el vocal de la Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial y Laboral -Sala 2-, Pablo Lorenzetti fue también uno de los expositores.
Concejales, funcionarios del gabinete municipal y autoridades del Poder Judicial, como el procurador de la Corte Suprema de la Provincia, Jorge Barraguirre asistieron al encuentro que se inició a las 19 y terminó poco después de las 20 tras los 40 minutos de la conferencia “El nuevo enemigo: el colapso ambiental” que ofreció Ricardo Lorenzetti.
"Quiero agradecer a todas las personas, hombres y mujeres de Rafaela, tan querida ciudad, que están aquí presentes. Entre mis antecedentes, tal vez el más importante que hay que citar, es que soy rafaelino, y esta es la ciudad en la cual yo he crecido, en la cual está mi familia, en la cual siempre me parece importante contribuir, porque uno nunca deja de pertenecer al lugar donde se ha criado", señaló Lorenzetti en un gesto afectivo hacia el público en el inicio de su mensaje.
La consigna de la convocatoria era plantear un conjunto de reflexiones sobre "los factores causantes del colapso climático y sus incuestionables consecuencias, como las guerras del agua; los incendios forestales masivos; la destrucción del paisaje; las nuevas enfermedades y pandemias; la crisis del modelo económico, político e institucional". El escenario global coloca al mundo "al borde de una catástrofe ambiental", por lo cual es necesario poner manos a la obra para proteger la naturaleza para salir del desencanto y la desorientación que impera en estos tiempos. Y el punto de partida podría ser "una nueva narrativa que inspire a las personas hacia un camino de esperanza".
A pesar de su profundo conocimiento del derecho ambiental, Lorenzetti evitó el ámbito jurídico y se propuso "compartir algunas reflexiones de la enorme complejidad que significa hoy el cambio que estamos viviendo a nivel global".
"Estamos en un fin de ciclo de cómo se ha vivido y cómo se ha gobernado la sociedad, la política y la economía en los últimos 200 años. Es decir, desde la Revolución Industrial hasta ahora. Hay que tener conciencia de que estamos en una época de cambio histórico" sentenció aún en la introducción. "¿Cuáles son las principales tendencias que la ciencia nos está mostrando hoy acerca de este cambio?" se preguntó.
En primer lugar, identificó que se advierte un paso de la pureza hacia la contaminación. Afirmó que el agua, el aire, la tierra y el paisaje están contaminados en un tiempo donde "todo parece artificial". "Pasamos de un ambiente puro a otro contaminado" a la vez que planteó que "hasta el lenguaje está precarizado". En tal sentido, indicó que "hemos empezado a olvidar el lenguaje puro, tradicional, evolutivo de la historia, para empezar a tener un tecno lenguaje, cada vez más precarizado, cada vez más automatizado. La comunicación por WhatsApp entre dos personas son todos signos y pequeños textos casi incomprensibles", argumentó. "¿Qué es lo que queda de puro en el sentido de natural? Es muy poco", se lamentó Lorenzetti.
"Una segunda tendencia es el paso de la diversidad a la homogeneidad. De la diversidad en el sentido de que en el mundo natural hay muchísimas especies naturales, especies animales, pero también especies culturales. Y estamos pasando a la homogeneidad. ¿Qué quiere decir esto? Que hoy tenemos muchísimos más animales domésticos y animales de los cuales nos alimentamos, pero todos los demás se extinguen. Es tan destructiva nuestra actividad respecto de la biodiversidad que es el gran tema del año hoy en Naciones Unidas. La defensa de la biodiversidad, que exista más biodiversidad es mantener la variedad de animales y de plantas. Esto es un cambio muy grande que tenemos por delante", aseveró.
Y aquí también incluyó los cambios en el lenguaje: "Vamos hacia la homogeneidad porque cada vez más perdemos lenguas nativas de los pueblos originarios, todo el mundo empieza a hablar un lenguaje cada vez más común. Esto también nos condiciona el pensamiento, que también se está haciendo cada vez más homogéneo. Se está perdiendo el pensamiento crítico y cada vez somos más homogéneos en el modo de pensar", expuso. "A pesar de que a veces creemos que hay gran diversidad de opiniones, en realidad, lo único que hacemos es lo que se denomina el sesgo de confirmación, es decir buscamos confirmar lo que ya pensamos y cada vez es más rígido lo que pensamos", precisó.
La tercera tendencia que mencionó es que "estamos pasando de un sistema en equilibrio a un sistema en desequilibrio". "El sistema natural tiene un orden, como el de las estaciones. Hay un invierno, hay un verano, hay un otoño, una primavera y luego hay una flexibilidad sobre esa base organizativa. Todo gira sobre la base de una extraordinaria estabilidad. Y por eso esa estabilidad le da un mensaje al resto. ¿Cómo sabe un pájaro que tiene que mudarse y emigrar porque cambia la estación? ¿Quién le avisa? ¿O quién le comunica a una planta que ha llegado la primavera? Hay un lenguaje organizativo en la naturaleza", manifestó. Sin embargo, ahora se observa "un cambio hacia un sistema de desequilibrio, los inviernos ya no son tan fríos, los glaciares se derriten, las tormentas son más severas, y ahora incluso las turbulencias en los vuelos son más frecuentes, esto es porque el aire es cada vez más inestable".
Lorenzetti alertó que el desequilibrio no solo afecta al ambiente sino también impacta en la economía, entre otros ámbitos. "Las empresas textiles ya no hacen la ropa como hace 50 años porque ya no hace tanto frío", ejemplifica.
La última tendencia que enumeró tiene que ver con "la acción se centra sobre las personas, es decir en los últimos 50 años se trabajó sobre la idea de la acción humana sobre la naturaleza, pero ahora cambia el eje". "Asistimos a un mundo donde comienza a haber inteligencia artificial y control de lo que denominamos el libre albedrío. ¿Hasta qué punto el ser humano hoy va a seguir siendo humano en la medida en que se cambia el lenguaje? Porque el lenguaje comienza a ser digital, comienza a haber influencias sobre nosotros de los algoritmos, comienza a haber una presión muy grande sobre el ser humano en su capacidad de decidir. Este es un gran debate del mundo de hoy", alertó Lorenzetti.
"Estas cuatro tendencias son muy profundas, de la pureza a la contaminación, de la diversidad a la homogeneidad, del equilibrio al desequilibrio, de la influencia sobre la naturaleza a la influencia sobre el ser humano. Pero todo esto se hace a una extrema velocidad, que es el otro gran tema que se trata hoy en la ciencia", remarcó.
"La vida era muy tranquila hasta el siglo XIX. Los tiempos eran lentos. Pero si nosotros hoy vemos la velocidad del cambio, nos damos cuenta que es muy difícil adaptarse. Yo escribí un libro hace muchos años, en homenaje a mi abuela, que había fallecido, y se lo dediqué como un homenaje, diciendo que en su infancia, hasta los 84 años, vio el nacimiento de la heladera, del televisor, del automóvil, del avión, del viaje a la luna, de los trasplantes. Se cambió toda su vida en una sola generación. Y pensemos ahora. La generación que tiene 40 años vive en un contexto que no existía cuando nació. Porque no había internet, no había celulares, no había Wikipedia, no había redes sociales, no había Google, no había YouTube, no había Netflix, nada. Cambió todo en pocos años. Entonces, ¿cómo se adapta el ser humano a eso?" reflexionó.
Para Lorenzetti "todos estos cambios a extrema velocidad han descolocado la clase política mundial porque nadie sabe qué hacer". Al respecto, señaló que "hasta el siglo XX se pensaba en el progreso indefinido" pero "hoy nadie cree en el desarrollo evolutivo e indefinido, se piensa que si seguimos así, chocamos". "En el mundo actual hay una enorme interrogante sobre si el futuro, en esos términos, es posible", consideró. "Como lo sostuvo Einstein en una frase muy conocida, no vamos a lograr resultados distintos si seguimos haciendo lo mismo.
"La gobernabilidad global se quedó sin discurso, sin relato. Por eso vivimos una era del desencanto. No hay nadie que se siente atraído por una idea tradicional. Los grandes discursos del siglo XX, que los conocemos todos, ya no movilizan", admitió.
Tras apuntar el concepto emergente de "vetocracia" del sociólogo francés Pierre Rosanvallon, que se basa en que ahora hay una mayor capacidad del veto en la sociedad que frena cualquier intento de cambio, resaltó que "cuando cualquier gobierno asume en el mundo actual se propone grandes cosas pero la política ha dejado de ser un proceso de cambio, ahora los procesos se ven paralizados por una multiplicidad de acciones. Es como Gulliver, un gran gigante paralizado por una multiplicidad de sectores". "Cualquier decisión es frenada en cualquier ámbito. Y esto es un problema muy serio. Y entonces prolifera la idea de que no hay control", añadió.
"Todo este panorama tan depresivo lo vemos también en la práctica porque uno puede decir que esta teoría son discusiones abstractas pero lo vemos en la realidad. Por ejemplo, nosotros tenemos la idea hoy de que la civilización es frágil. A pesar de que tenemos mucha tecnología, mucho desarrollo económico, pero si acá cortan la luz un mes, volvemos al periodo de Hobbes, al Leviatán", aseguró Lorenzetti.
En su abordaje del panorama actual, continuó con una mirada crítica. "Europa tiene un problema migratorio enorme ¿por qué? Porque agotaron África. Esto en materia de estudios ambientales se llama equidad intergeneracional. Es decir, el desarrollo de una generación que agota los recursos es la pobreza de la siguiente", resaltó.
Al final de su descripción del mundo actual, citó la figura del director de cine y actor Woody Allen: "Escribió un discurso a los graduados que en una escuela o en una universidad esperan el futuro con optimismo. Entonces él dice la humanidad está en una encrucijada como nunca estuvo. Uno de los caminos conduce a la desesperanza, el otro a la total extinción. Esto es lo que uno escucha cuando se habla de la crisis ambiental y del colapso ambiental". "Y no es así", afirmó al instante para sembrar la esperanza.
"Ahora es cuando decimos que debemos ocuparnos de los problemas concretos, ¿Qué es lo que vamos a hacer? Bueno, la buena noticia es que el mundo ya está cambiando", dijo invitando a la ilusión. En este contexto, exhortó a trabajar en conjunto contra el "enemigo común que es el colapso ambiental". "El tema nuestro de la Argentina es no perder otra vez el tren. Si nosotros seguimos sin hablar de esto y ocupados en las peleas menores y cotidianas vamos a perder una enorme oportunidad histórica". "Lo que nos falta es la cabeza de estadistas de mirar el mediano plazo y mirar los cambios globales", enfatizó.
Por último, consideró que se debe generar un "idealismo ambiental" que inspire a las personas al cambio, el cual no se producirá desde la parte de arriba de la pirámide del poder sino desde los movimientos sociales que están en las calles. El feminismo es un ejemplo concreto, el desarrollo de los derechos humanos desde la lucha en la Argentina o de los derechos laborales desde las fábricas.
"Ahora asistimos al fin de esa época, por eso decimos fin de ciclo y la inauguración de algo nuevo. Y yo creo que tal vez lo más importante que es lo que nos pasa y por eso hacemos estas cosas de reflexionar juntos, de entusiasmarnos juntos, es que en el mundo de hoy y en todos los países, no solo el nuestro, lo que predomina es la era de la desesperanza, de la discusión o del miedo. Si uno se pone a ver cómo hoy se comportan las sociedades y los gobiernos, es el miedo o la desilusión o la queja", sostuvo Lorenzetti.
"Pensemos un poquito mejor lo que estamos haciendo, porque de esa manera nos vamos a sentir más orgullosos con la generación que viene. Se nos van a preguntar qué hicimos. Y la verdad es que es la primera generación que toma conciencia del cambio climático, de que estamos en una crisis, pero es la última que puede cambiarlo. Por eso los invitamos a ustedes a que cada uno en su lugar haga algo por sí mismo o por las generaciones futuras", concluyó.