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Los hijos, un regalo de Dios

Etimológicamente, según de la lengua que provenga puede decirse que hijo significa: persona que amamanta, ser, dar a luz…y yo pensaba, todo tiene que ver con mis más hondos sentimientos. Amamantar a un hijo es el momento más sublime que existe, esa comunicación silenciosa que se produce entre los hijos y la madre, en la que sin decir nada ¡se dicen tantas cosas! Es como si a través de esa leche ingresara en el cuerpo del bebé todo el amor más sublime del mundo.

Ser, que pequeño vocablo que determina infinidad de cosas, ser varón o mujer, ser bueno o malo, ser honesto o tramposo, ser alegre o triste, ser útil o inútil, ser vago o trabajador, ser constructor o destructor. Todo eso implica ser y desde que nacemos es una elección personal, pero al ser hijos recibimos de nuestra familia, la raíz que facilita u obstaculiza edificar un ser que avance hacia un horizonte de libertad, que posibilite cimentar una vida en valores, que permita diagramar un proyecto propio de vida que nos satisfaga.

Dar a luz…el nacimiento de un hijo irradia de luz la vida de cualquier persona, la llena, la completa, la hace plena.

Los hijos son todo eso y mucho más, pero nosotros vivimos queriendo que hagan lo que decimos pensando desde nuestros intereses, desde nuestro pasado, pero nuestros hijos son nos nuestra propiedad, sino que tienen ideas propias, metas propias, sentimientos propios.

Los hijos son sinónimo de amor, de vida, de continuidad. Ahora se toman decisiones pensando en los adultos y no en los niños que decidimos traer a este mundo. Cuando se decide un divorcio, cuando una mujer o un hombre deciden terminar una pareja, alguna vez piensan en los hijos que necesitan testimonios, ejemplos, seguridad para crecer como seres responsables y felices, o es que somos tan hipócritas que no advertimos que los defectos de los jóvenes son el resultado de nuestros defectos, que egoístamente no pensamos en corregir para mejorar la familia, sino no sólo en seguir con esos defectos sino lo que es peor, en el disfrute personal.

A nuestros hijos les faltan modelos, buenos modelos y los adultos no queremos dejar ir la juventud, haciendo el ridículo tratando de prolongar una adolescencia que tuvo su momento, que seguramente no es este. Si cada madre o padre que se pone al nivel de sus hijos, porque no soportan perder la juventud, advirtieran lo grotesco del papel que actúan ante la sociedad, no lo harían. Cada uno debe aceptar que la vida son intervalos de tiempo y que hay que dejar el espacio para que se desarrollen los hijos respaldados por la madurez, la razón, el conocimiento, el discernimiento y el amor de los padres, que no deben perder de vista que son los referentes de las generaciones que siguen.

Padres, madres, recuperemos la cordura y ocupemos el lugar que hemos elegido y que no debemos perder, para ceder con dignidad el lugar de protagonismo que le cabe a nuestros hijos.

Los hijos son un regalo de Dios que permite con sabiduría, prolongar nuestros valores en el mundo.

Autor: Alicia Riberi

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