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“Los Puros. Una noche de amor” se presenta esta noche

Hoy a las 22 se presentará en el Centro Cultural La Máscara, la obra de teatro, “Los Puros. Una noche de amor”, del autor y director Alberto Serruya, quien en esta oportunidad respondió preguntas acerca de su creación, el proceso, los actores y proyectos futuros de esta obra santafesina.


-¿Cuándo y cómo surge la idea de “Los Puros. Una noche de amor”?

-“Los Puros. Una noche de amor” nace del temblor verificado en mi cuerpo tras la lectura de una noticia. Podrá aparecer exagerado, banal o pretencioso, pero es verdad. Los últimos días del mes de septiembre del año dos mil siete, los diarios del mundo dieron cuenta de un suceso que me impresionó profundamente: el doble suicidio del escritor y filósofo André Gorz y su esposa, Dorinne Keir. Ella padecía una enfermedad degenerativa irreversible e incurable - que progresivamente le fue ocasionando los peores dolores- por lo que permaneció postrada en una cama los últimos veinte años. Obviaré más detalles de la noticia para hablar de lo que, estimo, es lo relevante: ¿Cómo justificar la fascinación y el misterio que puede ejercer para alguien la decisión de otro por terminar con su vida?. Más aún: qué decir cuando ese impulso ha sido organizado de manera conjunta por dos personas que, después de más de cincuenta años de vida en común, siguen amándose.


-¿Conocía a los actores, realizaron otras obras juntos?

-Conocía a Marcos Martínez y a Adriana Rodríguez desde hacía muchos años, y más aún, los admiraba y sigo haciéndolo. En el caso de la cantante María Victoria Dávila, la había oído cantar en varias presentaciones del grupo "Glamour" que ella integra y siempre había sentido que frente a ella era mucho más que una buena voz lo que me emocionaba. Su manera de interpretar la música fue lo que me decidió a convocarla.

Ahora, mirando para atrás y como siempre sucede con el teatro, todo lo que logramos - casi tres años representando el espectáculo, la gira por Europa, el reconocimiento que logró-, no hubieran sido posibles sin ellos tres. Son la carne y el aliento de todo lo que sucede en esos 70 minutos sobre el escenario.


-¿Cómo fue el proceso creativo y cuál la esencia de la obra?

-Investigé algo en relación a la vida y obra de Gorz: su condición de exilado; su encuentro con Dorine en Francia; su trabajo en la mítica revista “Les temps Modernes” junto a  J. P. Sarte; su aporte filosófico en el panorama de los pensadores  europeos, su decisión de recluirse en la comuna de Vosnon entregado a cuidar de su mujer, no más. Escribir sobre el amor en tanto tópico que se desarrolla en una secuencia temporal es, irremediablemente, interpelar al tiempo en términos de su materialidad. Nada mejor, me pareció, que recrear esa última noche, la del desenlace fatal: imaginar una rutina previsible que tensara el desenvolvimiento de las situaciones en fuga hacia el final de esa pareja enamorada. Crear, en definitiva, un universo singular por el que desfilaran, ante los ojos de los espectadores, un cúmulo de acciones sobre el telón de fondo de la amenaza de la desaparición de sus protagonistas. Deseaba - aún lo sigo haciendo - contestar a una pregunta: ¿cuáles son los límites del amor?

Había partido de una premisa que la lectura de aquella noticia disparó: “Cuando alguien a quien se ama, enferma, uno también se enferma. Quizá eso sea el amor: una prolongación de otro cuerpo en uno”. Hay varias cosas que el texto quiere recuperar o, al menos, instalar sin ningún afán de arrojar certezas o “explicar”.


-Desde la dirección ¿cuáles fueron las ideas claves que acompañaron el proceso?

-Creo que este espectáculo ha logrado articular muchos signos de fuerte impacto emocional: ha recuperado la idea de un texto de importancia, un lenguaje de cierta densidad que es, por lo demás, el único que, creo, podrían sostener estos personajes. El espacio escénico está delimitado por la figura de un rectángulo en el que sobresale la presencia de un artefacto teatral que hemos ideado en madera y hierro: cama/cárcel; cama/jaula y la planta de luces con sus puntos fijos y su escasa impronta cromática busca provocar fuertes contrastes entre los volúmenes. La música, especialmente compuesta, incluye la presencia en vivo de una cantante que, deseamos, amplíe el registro y clasificación del espectáculo acercándolo a la idea de obra de arte total. Pero todo esto no sería nada, sin el trabajo de los actores que son, sin dudas, los que eternizan el acontecimiento, el elemento más dinámico y asombroso que tiene el teatro.


-Estuvieron de gira por Europa ¿cómo fue esa experiencia?

-Hace poco más de un año, nos presentamos en el Colegio Mayor Universitario de Madrid y en la Casa Argentina de París. Fue una experiencia maravillosa la de ofrecer el espectáculo a la mirada de otros públicos con distintas tradiciones y anclajes y comprobar que despertaba las mismas reacciones que acá, es decir, que todos los signos del espectáculo se manifestaban con la misma intensidad, variación y riqueza con la que fueron creados originalmente y que el lenguaje del teatro, condensado fundamentalmente en la actuación, portaba esa universalidad que permite borrar cualquier frontera geográfica o idiomática.


-¿Qué significa para ustedes presentarse este sábado en La Máscara?

-La Máscara es un colectivo que tiene marca registrada. Sus integrantes son parte de la historia más rica del teatro de esta geografía de los últimos veinte años, por poner una fecha. Rafaela, y esto ustedes lo saben mejor que nadie, es una plaza teatral que genera teatro por todos lados: las producciones locales - que muchas veces llegan a Santa Fe y podemos apreciar-, el maravilloso Festival Nacional de Teatro que año tras año crece y crece, la labor viva de sus artistas, todo lo han ido conformando como un lugar deseado por los teatreros que queremos pisar esta tierra y mostrar nuestras creaciones a un público que al estar tan actualizado y entrenado en la expectación, seguramente nos devolverá una mirada crítica y aguda.


-¿Cuáles son los planes a futuro?

-Con parte del elenco estamos trabajando en una obra nueva que se llama "Japón" y que con viento a favor verá la luz durante el 2015, pero para eso ya habrá tiempo de otra visita.


La boletería está habilitada de lunes a viernes de 18 a 20 y los sábados a partir de las 21. El valor de las entradas generales es de $ 60 y $ 40 para asociados. Las reservas pueden hacerse llamando al Tel: 503222.

Autor: Ana Paula Rosillo

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