Una palabra tan pequeña, cuya connotación es tan grande como el mundo entero. Desde que los hijos nacen, la vida de una madre cambia radicalmente. No sé si realmente pensamos en la gran responsabilidad que asumimos al decidir tener un hijo. Un hijo empieza a latir en nuestro vientre desde el día uno, en que ese ser tan inocente y sin voz, ocupa un pedazo de nosotras para poder formarse y despertar luego a una vida independiente, fuera del vientre de su madre.
Agradezco a mi “Madre”, haberme dado la posibilidad de vivir, de conocerla, abrazarla, amarla intensamente y despedirla con montones de lágrimas y un gran dolor, pero a sabiendas que le di todo, por su abnegación, su respeto y amor, que solo podré devolverle haciendo lo mismo pero a mi manera, con mis hijos, sus nietos.
Ser madre es un don de Dios, que no voy a esconder porque me digan que soy mística, es el don más maravilloso recibido después de la vida. Creer en Dios me da la fuerza para enfrentar todos los días distintos desafíos y María, su Madre y nuestra Madre, son el modelo a seguir. Los hijos no piden venir al mundo, tenemos la libertad de elegir si queremos o no ser madres, nadie nos obliga, entonces aprendamos la responsabilidad como valor, para trasmitirla de generación en generación. Salimos a exigir que condenen a quien viola, roba o mata, exigimos seguridad, pues bien, los niños también necesitan de la seguridad para nacer, para poder tener vida y hacer con ella lo que sueñen, no se le puede negar la posibilidad ¿o porque no se pueden dejar oír no vale su reclamo silencioso, que trasciende el alma y no lo humano?
No juzgo al que no piensa como yo, lo respeto, pero no adhiero, me atrevo a decir lo que pienso y no servirá mi nota para descalificar a nadie, sino para calificar a tantas madres abnegadas que viven por y para su familia y sacrifican muchas cosas que consideran vanas por ver crecer a ese fruto hermoso del amor o no tal vez, no importa, pero sí del Amor como valor.
Necesito hacerle llegar un gran abrazo a todas las madres en su día, pero también para todos los días del año y a las que se sienten con culpa por estar poco o tal vez porque creen que no hacen lo suficiente, les digo:- todas restamos tiempo en algún momento a nuestros hijos, pero no es la cantidad sino la calidad del tiempo dado, escuchando, mimando, reprendiendo, poniendo límites, construyendo valores, sin culpas, somos madres y no amigas y nuestros hijos deben sentir que no nos manipulan aunque haya gritos, berrinches, al final dirán … gracias mamá por haber dicho alguna vez que no.
En este momento en que pretenden decidir cuál es la Educación Sexual para nuestros hijos y quieren tomar decisiones por nosotras, quitándonos la potestad de decidir lo mejor para nuestros hijos, debemos hacernos escuchar, con respeto, pero con firmeza, nuestros hijos no son negociables. Creo que la Educación Sexual integral en una escuela es una cosa y traspasar los límites es otra.
Estamos en tiempos difíciles, en donde pareciera predominar el libertinaje en esta sociedad que está totalmente confundida, de a pasitos pretende destruir la familia como Institución, mamás luchemos sin violencia, pero con convicción por el bien de nuestros hijos, es la mejor manera de honrar nuestro día.
Un gran abrazo a todas las madres y a los hijos que se hayan ausentes y no valoran a su madre, reconsidérenlo, pensando en que Dios dijo: Honrarás a tu padre y a tu madre. A las que ya no están físicamente, vaya un sentida oración.
MAMÁ, un vocablo tan chiquito, que es capaz de inundar de amor al mundo.