Por Edgardo Peretti
Jaimito ya no está solo. Ahora controla una sociedad activa de indisciplina junto a Pedrito, alguien del palo que lo secunda de manera notable y que siempre lo acompañará en la vida.
El relato nos ubica a estos dos salvajes educandos en pleno patio escolar ejerciendo el arte de la “gomera” (o la honda, según el barrio), con la cual fustigan a condiscípulos (con bolitas de paraíso), a los pájaros (con bolitas de barro) y a vidrios cercanos (con aceritos, o sea las bolitas de ese metal que conforman la parte interior de los rodamientos (rulemanes). Todo ello con notable eficiencia, se acota.
Advertida del problema la portera en turno accede al lugar de los hechos y procede a la aplicación del protocolo usual: los levanta a cada uno de una oreja y los lleva –en el aire- hasta la puerta del aula donde espera la docente con su mejor sonrisa (sólo para la foto, aunque la selfie aún no se inventó porque estamos en los sesenta).
Una vez depositados se advierte que no han soltado una lágrima ni una queja, dejando en claro que en el futuro serán delincuentes de código o agentes de bolsa.
La maestra con tono suave, bajo, casi susurrante, comienza con aquello de “Qué bien! Qué bien! Qué dirán sus padres!”. Silencio. Ambos saben que no hablarán sino que actuarán en consecuencia, forrándoles el traste a cinto/alpargata/chancleta/rebenque o cualquier otra cosa que ande a mano. Se niegan a declarar.
La docente ya pasa al segundo estadío: “Ustedes son la peste negra! No tienen vergüenza! Van a terminar en el reformatorio o de crotos (linyeras)”.
Ya en el tercer nivel el volumen se alza. Los demás alumnos, adentro del aula, se zambullen en sus lecturas de “Pinino” o “Campanita”, la portera ha desaparecido y hasta el badajo de la campana se enmudece, todo para escuchar la sentencia final: “Ustedes dos me van a sacar canas verdes!!”
Breviario de antiguo lenguaje educativo correctivo
Atento a lo anteriormente expuesto, y dejando en claro que los jóvenes malvivientes no tienen idea de lo que son las canas ni mucho menos ese asunto de la coloración, consideramos adecuado mencionar algunas situaciones que se condensaban con dichos tales como:
*No me conteste y dígame que estaba haciendo fuera de su banco!
* ¿Usted piensa que esto es una broma?
* ¿A qué vienen a la escuela?
* ¿Por qué no cuenta en voz alta y nos reímos todos?
*¿Qué es ese olor a flatulencia? (N. del autor: como los chicos no saben el significado del término, el festival de pedos continuará sin pausa)
* ¡Se les despertó el indio! (En ese tiempo no se hablaba de aborígenes ni pueblos originarios o derechos milenarios. Los “indios” siempre eran los malos).
* Lo voy a poner en penitencia!
* ¡No me haga renegar!
* ¡Son la piel de Judas!
* Párese derecho. Camine derecho. Siéntese derecho.¡Quédese quieto!
* ¡Veo que tiene los conocimientos atados con alambre!
* ¡El peor grado que vi en mi vida!
* ¡Mocoso maleducado!
*¡Esta letra parece patas de gallina sucias!
*¡Le voy a lavar la boca con detergente!
* Ahora llora! ¿Quiero saber si en su casa también llora?
* ¡No quiero escuchar una mosca volando!
La advertencia de la maestra ha calado hondo en el sentido de la prudencia de los dos veteranos guerreros que aún mantienen las orejas rojas. Los ubicaron en el fondo del aula, a la espera de una introspección de su conducta que nunca llegará. Saben que es el momento prudente de guardar compostura.
Pero el destino hace de las suyas. No es una mosca la que ingresa al aula por uno de los inmensos ventanales que dan a la calle; no, es una paloma torcaza que se empeña en volar sobre las cabezas de los demás niños y amenaza con dejarle un recuerdo al peinado batido (de peluquería) de la docente, con lo cual no sólo agravará su estado de ánimo sino que puede ser perjudicial para el futuro de los sospechosos de siempre.
Rápido de reflejos, Jaimito saca la gomera de cuello, toma un “acerito” que le acerca su colega de causa y le acierta al pájaro en la cabeza. Es nocaut y cuenta de diez, pero el bicho aún tiene que caer…
Final 1 (Constancio C. Vigil, en “Mangocho”)
…la palomita cae en manos de Raquelita, la abanderada, la mejor alumna, que la protege con amor y cariño, le da agua para beber, cura sus heridas y luego escribirá una redacción en su honor que tendrá un notorio diez (10) como calificación.
Final 2 (Quentin Tarantino)
…la torcaza deja un reguero de sangre en su camino, tumba la jarra de agua que está sobre el escritorio, mancha la carpeta de actividades de la maestra, deja su excremento en los rostros de varios babiecas que andan abriendo la boca mirando el cielo y termina destrozándose contra un vidrio.
Jaimito y Pedrito se miran. Han cumplido con la justicia.
Como decíamos, seguirán juntos en el camino de la vida, bastante exitosamente. Primero regenteando un casino clandestino, luego con una cueva de dólares y más tarde armando cuentas off shore en paraísos fiscales.
Hoy, son panelistas especializados en economía en distintos programas de televisión.
Moraleja: en el paso por este mundo hay dos caminos; uno es el fácil, el otro es el que te toca.
Ilustró Alan Pruvost