Por Carmen Beltramo. - "Hace 33 años, el cielo se abrió y la Madre de Dios bajó a la tierra", dijo el vidente Iván el pasado 24 de junio, al compartir la aparición que tuvo momentos antes en el Podbrdo.
Ese hecho maravilloso se sucedió ininterrumpidamente a diario, durante estos 33 años y algunos días. Seis jóvenes croatas, que se encontraron por el día de la fiesta patronal de San Juan Bautista en Medjugorje, vieron en la colina una bella joven, sonriente, que los llamaba con su mano, mientras abría y cerraba su manto mostrándoles al Niño que traía con ella. Los chicos, adolescentes estudiantes, quedaron asombrados y temerosos y huyeron a sus casas llorando y riendo. En ese tiempo, el comunismo imponía su yugo sobre la tesonera fe de los sufridos habitantes del lugar, unas 600 personas, y nada sabían de anteriores apariciones de la Virgen. Sin embargo, poco a poco, fueron escuchando a los chicos y creyeron en su relato. Ivanka, Marija, Miriana, Vicka, Iván y el pequeño Jacov de sólo 9 años, relataron una y otra vez como la hermosa señora vestida de gris, con un manto blanco, ojos celestes, largos cabellos negros, tez morena, de una belleza y dulzura indescriptibles, les hablaba, a veces llorando, de la paz: “Yo soy la Reina de la paz”, “vengo a decirles que Dios existe”, “paz, paz y sólo paz debe reinar entre los hombres y entre los hombres y Dios”, fueron sus primeras palabras.
A partir de entonces, comenzaron a llegar los peregrinos de todas partes del mundo, de toda religión y creencia. “¿Que los trae a Medjugorje, un pueblito sin mayores atractivos turísticos?”, preguntan los sacerdotes en sus homilías. Y concluyen que la presencia de la Virgen es la fuerza que los impulsa en busca de paz, salud, consuelo y descanso para sus vidas fatigadas en un mundo que propone la ausencia de Dios, de valores, que exalta el individualismo, el consumismo, que segrega, margina y resalta el tener por sobre la vida humana.
LUGAR DE ORACION
La propuesta en Medjugorje es volver la mirada a Dios, abrir el corazón para sentir la presencia de la Gospa (la Virgen), que incansablemente invita a la oración con el corazón, la eucaristía frecuente, la confesión mensual, la adoración, el ayuno, el rezo del rosario y la lectura de la biblia. Nada nuevo en realidad, pero sí, olvidadas en la vorágine del mundo que nos lleva a decir “no tengo tiempo” y postergar la oración. Por eso, Medjugorje es un lugar de oración. Así lo proponen el Podbrdo o Monte de las apariciones, el Krizevac, la montaña más alta donde se hace el vía crucis, el Cristo resucitado, la parroquia Santiago apóstol con su programa vespertino de tres horas (en la celebración aniversario hubo 247 sacerdotes celebrando), las peregrinaciones a poblaciones cercanas para visitar el lugar de martirio de un grupo de sacerdotes franciscanos y la bellísima imagen de medalla milagrosa que conocemos con el nombre de Reina de la paz.
Sacerdotes de todo el mundo, muchos de ellos acompañando a los peregrinos celebran las misas a diario durante los días de aniversario y confiesan a cientos de personas que esperan durante horas por este sacramento. Es uno de los signos más fuertes del lugar, donde se registran muchas conversiones y llamados vocacionales. Es una fiesta del alma, ver con cuánto amor y dedicación, cada sacerdote ejerce su ministerio. Ese fervor profundo que se vive en Medjugorje, se repite en las homilías y en los gestos.
Varios días en la semana hay adoración eucarística, conmovedora por el silencio total que se mantiene durante la misma. También los viernes se hace la veneración de la Cruz, que tiene el mismo estilo, celebraciones a las que asisten miles de personas.
ESPIRITU PEREGRINO
Vivir la presencia actual de la Virgen sobre la tierra es una experiencia profunda. Todo habla de Dios, del encuentro del hombre con su Creador, expresado a través de las apariciones, en las que la Gospa acerca a la tierra los planes que Dios tiene para sus hijos.
El trato de los habitantes del lugar, gente simple y humilde que recibe a los peregrinos con toda la calidez y la dulzura de un familiar, la sencillez de la vida cotidiana, el paisaje, un jardín en medio de los efectos desvastadores de la guerra (una extensión de 60 km en torno a Medjugorje fue protegido durante ese tiempo de destrucción), las montañas escarpadas, que se fueron modelando con el paso de tantos peregrinos, el profundo azul del cielo, la tranquilidad de las calles, el ritmo lento, que invita a olvidar la prisa que el mundo propone y sumergirse en la paz tan deseada.
Todos los espacios son de oración y silencio. El Cristo resucitado, de metal macizo de algo más de 7 metros de altura, que representa a Jesús levantándose de la Cruz en la resurrección, fue enviado al lugar por el papa Juan Pablo II, desde el 2000 aproximadamente mana gotas de agua de su rodilla derecha; fluyen continuamente, con distinta intensidad y el hecho es considerado milagroso. Por eso, todos llegan a orar y a secar esas gotas utilizándolas para mitigar dolores y enfermedades. ¿Líquido sinovial, lágrimas, agua? No hay palabra oficial sobre qué es lo que mana. El líquido no se evapora en verano ni se congela en invierno, tampoco se derrama en el piso en los pocos momentos en que no hay gente secándolo.
El monte Krizavac, el más alto del lugar, desafía, como la vida misma, a escalarlo. En él se encuentra el vía crucis, que termina en una cruz de cemento de 8 m de altura, que fue inaugurada en 1933, para conmemorar los 1900 años de la muerte de Cristo. Los materiales fueron llevados por la gente del lugar a pulso. En esa cima, sucedieron hechos extraordinarios al inicio de las apariciones y es uno de los lugares de oración más concurridos. De día, de noche, descalzos, de rodillas, bajo la lluvia, en camilla, los peregrinos recorren las estaciones de este vía crucis, que incluye la resurrección y grandes gracias son concedidas, tanto de salud del cuerpo como del alma.
Los videntes mantienen un perfil muy bajo y se los puede ver solamente al finalizar las celebraciones del aniversario, rezando el Magnificat o brindando charlas a los peregrinos. Se limitan a repetir lo que vivieron y lo que la Virgen pide. Repiten una y otra vez que ellos son seres humanos que, como todos, se ocupan de su conversión personal cada día. “No tenemos poderes ni beneficios especiales y nos entristece mucho cuando se acercan a tocarnos o nos piden recetas”, repite Yacov, el más joven de los seis. Fueron sometidos muchas veces a estudios de todo tipo y en los últimos 4 años una comisión especial enviada por el Vaticano estuvo en el lugar. El informe que redactaron ya se encuentra en la mesa del papa Francisco.
Pero nada es más importante que la oración en ese lugar, en el que la gracia se derrama en curaciones milagrosas, conversiones, eucaristías multitudinarias, innumerables confesiones, a tal punto que el lugar fue llamado el confesionario del mundo. La oración del corazón brota espontáneamente y toda duda se disipa cuando se respira el clima del lugar. Mientras se espera la palabra oficial, el corazón tiene la certeza de que algo muy especial y distinto está ocurriendo. Un llamado urgente de la Madre que llega, una vez más, a repetir lo que ya sabemos, pero como “pequeños hijos” olvidamos con facilidad: hemos sido creados por y para Dios, nuestro camino es la santidad, es tiempo de gracia y de misericordia. Es tiempo de abrir el corazón y escuchar sus mensajes: “Queridos hijos, el Altísimo me da la gracia de poder estar aún con ustedes y de guiarlos en la oración hacia el camino de la paz. Su corazón y su alma tienen sed de paz y de amor, de Dios y de su alegría. Por eso, hijos míos, oren, oren, oren y en la oración descubrirán la sabiduría del vivir. Yo los bendigo a todos e intercedo por cada uno de ustedes ante mi Hijo Jesús. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!” (dado a Marija el 25-5-2014, 33 aniversario).
"Queridos hijos, yo, Madre de ustedes aquí reunidos y Madre del mundo entero los bendigo con la bendición maternal y los invito a emprender el camino de la humildad. Ese camino conduce al conocimiento del amor de mi Hijo. Mi Hijo es omnipotente. El está en todo. Si ustedes, hijos míos, no conocen eso, entonces la oscuridad reina en su alma, la ceguera. Solamente la humildad los puede sanar. Hijos míos, yo siempre he vivido humilde y valientemente, y en la esperanza. Yo sabía y había comprendido que Dios está en nosotros y nosotros en Dios. Eso mismo pido de ustedes. Deseo que todos ustedes estén conmigo en la eternidad, porque ustedes son parte de mí. En su camino yo los ayudaré. Mi amor los envolverá como un manto y hará de ustedes apóstoles de mi luz, la luz de Dios. Con el amor que proviene de la humildad, llevarán la luz donde reina la oscuridad, la ceguera. Llevarán a mi Hijo, que es la luz del mundo. Yo estoy siempre con sus pastores y oro para que siempre sean ejemplo de humildad para ustedes. ¡Les doy las gracias!" (dado a Miriana el 2-07-2014).
"Queridos hijos, hoy de una manera especial quiero invitaros a orar durante todo este tiempo por mis pastores. Oren, queridos hijos, por las vocaciones en mi Iglesia. Gracias, queridos hijos, por haber respondido a mi llamado" (dado a Ivan Dragicevic el 10-07-2014).