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Mejor dos que uno

ECLESIASTES 4:9-12 Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; más ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto.

Jesús envió a sus discípulos de dos en dos en muchas ocasiones, envió a los 12 a predicar. Después envió a los 70 a predicar. En varias oportunidades envió a dos de sus discípulos a ejecutar órdenes, como cuando fueron por el burrito con el que entró en Jerusalén y cuando prepararon el aposento alto para la última cena. En la iglesia primitiva vemos que los primeros discípulos también iban de dos en dos. Pedro y Juan, sanando al enfermo en el templo y ante el concilio. Encontramos al apóstol Pablo, predicando junto a Bernabé en su primer viaje misionero, luego que se separó de Bernabé, siempre estuvo acompañado por Silas o Timoteo. El texto que nos ocupa dice que “dos son mejor que uno”. Luego enumera él “Porque tienen mejor paga de su trabajo”. Dos trabajando juntos son más productivos. Por eso existen las asociaciones, las sociedades y las fusiones entre empresas y bancos. “Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante”. Se ayudan y levantan mutuamente. Un ejemplo es la ayuda que se tiene en un equipo deportivo; por muy bueno que un atleta sea, siempre necesitará de alguien que lo apoye como equipo. “También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo?” El mejor ejemplo de esto es el matrimonio, una pareja de esposos viviendo de común acuerdo. “Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto”. Hay mayor fortaleza y determinación cuando trabajamos a la par de otro. Dios dijo del hombre que no tenía pareja: “No es bueno que el hombre esté solo…” (Génesis 2:17). Y le hizo una ayuda idónea. Trabajar en equipo tiene muchos beneficios. En primer lugar la presencia de Dios habita en la unidad: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. (Mateo 18:20). Dios responde a las oraciones de dos en común acuerdo: “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos”. (Mateo 18:19). Es muy importante caminar la vida de común acuerdo. Dice el profeta “Cómo andarán dos juntos, si no estuviesen de acuerdo”. Amos 3:3 Un acuerdo es un encuentro o ensamble con otro; es la unidad de dos personas en una sola voluntad. Si no hay un acuerdo entre los dos, será muy difícil caminar o si lo hacen, será imposible hacerlo juntos. Es el corazón propio el que determina la unidad y compromiso hacia la otra persona. Algunos pensamientos sobre el trabajo en equipo, no hay “pareja perfecta, ni equipo perfecto”; la unidad y comprensión son reflejo de sanas actitudes hacia la otra persona. La unidad y amistad no es necesariamente el ensamble de dos personalidades iguales, sino en tener un buen corazón para comprender y relacionarnos con otro. La actitud correcta es estimar al otro y ejercer con responsabilidad mi parte del trabajo. Cuando estamos preocupados por quién manda, muy probablemente tenemos orgullo o deseos de ser el mayor. Recordemos: “quien quiera hacerse el mayor, será vuestro servidor”. Relacionarnos con otra persona hace que salga a luz lo mejor y lo peor de cada uno.

Por lo que debemos saber dar el enfoque correcto a esto: Dios está permitiendo que seamos formados a través de otro… Hierro con hierro se aguza; Y así el hombre aguza el rostro de su amigo (Proverbios 27.17).

Si Jesús siendo rey y Señor formó un equipo ¿Cuánto más nosotros debemos formar un equipo verdad?

Sin dudas juntos tenemos más fuerzas y alcanzaremos mayores logros. La clave en el equipo de Jesús fue el amor no tanto las capacidades. ¿Usted hubiera elegido esos doce? Seguramente no, cada uno tenía lo suyo, sin embargo Jesús no los vio por lo que eran, sino por lo que serían en EL. Cristo conocía sus corazones, sabía que uno le negaría y otro le entregaría, sin embargo los amó hasta el fin y los comisionó para seguir su tarea. Perfecto no hay ninguno, pero todos perfectibles. En tu trabajo, tus compañeros nos son competidores, son parte de tu equipo, en tu familia, en tu iglesia somos equipo. Recordemos que: “dos son mejor que uno”.

Por último el texto dice que cordón de tres dobleces no se rompe, esto es muy importante porque ya no son dos sino tres. ¿De qué se trata? Sencillamente de dar lugar y participación a Dios. Con Dios la unión es aún más fuerte y tiene promesa de éxito. Dios le bendiga.

Autor: Pastor Carlos Terranova

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