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Messi brilla en un Mundial de estrellas

Messi cumplió días atrás 39 años, está en el final de su carrera, pero juega como si la iniciara.
Crédito: REVISTA ACCIÓN / BC

Por Alejandro Wall

(Desde Dallas).- Dallas es un infierno. En Arlington, donde la selección cierra la fase de grupos frente a Jordania, se levantan algunas ráfagas de viento, pero nada disipa el calor. Ni siquiera hay tanta previa de los hinchas argentinos sobre el asfalto hirviendo. Faltan dos horas y media para el partido y todos buscan entrar al estadio cuanto antes. La casa de los Dallas Cowboys, el equipo de la National Football League, tiene un microclima bien refrigerado, el refugio perfecto para ver a Lionel Messi.

​​​​​​​Si Dallas era una ciudad maldita para el fútbol argentino, el lugar donde se produjo el final de Diego Maradona como futbolista de la selección en el Mundial 94, Messi se encargó de exorcizarla. En los dos partidos que jugó en el estado de Texas, demolió récords y llevó a la Argentina hacia los dieciseisavos de final con puntaje ideal. La selección ganó sus tres partidos, con Argelia (3-0), Austria (2-0) y Jordania (3-1), sin demasiados problemas. Llegó al tercero, incluso, con la clasificación en el primer lugar asegurada. Lionel Scaloni, en su gestión precisa del equipo, les dio minutos a todos los futbolistas de campo. Administró las cargas de sus jugadores y realizó pruebas. Mostró otra vez por qué es uno de los más aplaudidos cada vez que aparece en las pantallas del estadio o se anuncia su nombre.

​​​​​​​En ese ranking de ovaciones, figura después de Messi, que se convirtió frente a Austria en el máximo goleador de la historia mundialista, con 18 tantos, una marca que estiró con su tiro libre frente a Jordania. Ya suma 19 en total, hizo seis en esta Copa, tres de ellos en un hat-trick contra Argelia en Kansas City. Messi cumplió días atrás 39 años, está en el final de su carrera, pero juega como si la iniciara.

 

​​​​​​​Generaciones mezcladas

​​​​​​​Messi brilla en un Mundial de estrellas y de miles de estímulos. Entre Messi (39), Mbappé (27), Dembelé (29), Vinicius (25) y Haaland (25) hicieron 24 goles en la primera fase. A ese lote de figuras hay que sumar a Harry Kane (32), Lamine Yamal (18) y, por supuesto, Cristiano Ronaldo (41). Si existiera una estadística sobre cantidad de figuras en Mundiales, el 2026 podría tener otro récord. Lo viejo –por suerte– no termina de morir y lo nuevo que –bienvenido– está naciendo. Son generaciones que se mezclan para disputar el próximo reinado.

​​​​​​​Messi da esa batalla rompiendo la lógica del tiempo y reconfigurado en la cancha como segundo delantero. Es el que finaliza las jugadas que a veces él mismo empieza. Mientras a esa edad otros jugadores se retrasan en el campo y se mueven en lotes pequeños, Messi se adelanta y ocupa más espacios. Camina, parece ajeno a todo, hasta que ataca, hasta que huele sangre.

 

Más allá de los números

Su presencia es la gran atracción de un Mundial que rompe récords de asistencia. Es un triunfo para Gianni Infantino, el presidente de la FIFA que armó el Mundial XL de 48 equipos y 104 partidos.

​​​​​​​Pero más allá de los números, el foco de bronca en este Mundial fue la pausa de hidratación, que es una pausa comercial. En los estadios, se las chifla. Se pueden hacer Mundiales de muchos equipos, pero el fútbol se juega en dos tiempos.

​​​​​​​Y si es triunfo de Infantino, ¿es también el triunfo de Donald Trump? Ausente en los estadios, el presidente de Estados Unidos está más ocupado intentando salir del pantano de la guerra contra Irán, un país cuya selección fue sometida a variadas humillaciones durante el Mundial.

​​​​​​​Infantino, que meses atrás le entregó el Premio FIFA de la Paz a Trump, ya anunció que el líder republicano entregará la Copa del Mundo en la final del 19 de julio en Nueva Jersey. ¿Se quedará en la foto del festejo como ya hizo durante el Mundial de Clubes?

​​​​​​​A las figuras se le suma que los locales tienen su fiesta. Estados Unidos y México levantaron expectativas. El equipo de Mauricio Pochettino lo hizo desde el primer partido, con su 4-1 a Paraguay, aunque dejó dudas en su derrota con Turquía. Sobre todo, a una sociedad que le dice «fútbol» a otro deporte porque este es el soccer, pero en la que, sin embargo, el Mundial despertó un nacionalismo inesperado. «Nunca antes el fervor que rodea a la selección masculina de Estados Unidos había sido tan grande como ahora», escribió Charlotte Harpur en el sitio The Athletic.

​​​​​​​El orgullo también es de las selecciones que sorprendieron, como República del Congo, Sudáfrica (ahora ya eliminada) y Cabo Verde. Se metieron nueve equipos africanos (también pasaron Senegal, Argelia, Costa de Marfil, Marruecos, Egipto y Ghana) en la siguiente ronda cuando solían hacerlo dos. África quizá sea la gran ganadora con los nuevos cupos y está para competir.

​​​​​​​Cabo Verde, un archipiélago que apenas supera el medio millón de habitantes, será ahora rival de la Argentina. Es un cruce inesperado para la selección de Scaloni, que quizá esperaba a Uruguay o España. Pero así también es el Mundial, que siempre guarda una sorpresa. Ya no será en Dallas, en el microclima de su estadio, sino bajo el calor de Miami, una ciudad que la Argentina conoce mucho. Sobre todo su capitán y goleador.​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​ (Fuente: Revista Acción de Banco Credicoop)

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