Información General

Mujer es el espejo de la familia

Mujer, una palabra minúscula para definir a un ser tan multifacético y complejo... Una mujer es capaz de entregar en un segundo todo, es capaz de sentir el dolor más profundo y pasar inadvertida, es capaz de necesitar el favor más grande y no reclamar nada, es capaz de entregar la vida por su hijo sin la menor queja, es capaz de sobreponerse a los mayores fracasos y seguir apostando al futuro. La mujer es el espejo en el que se refleja toda una familia y muchas veces es la que siente como si las fuerzas ya no la sostuvieran y aun así sigue.

Hay grandes mujeres que han dejado huellas en la humanidad, dignas de ser imitadas, una de ellas es María, la madre de Jesús que sin pedir explicaciones aceptó silenciosamente y con total docilidad ser la madre del Salvador, confiando ciegamente en aquel que todo lo puede... Mujer, que si bien fue sumamente obediente, sabía lo que tenía que hacer y cuándo y cómo si esto fuera poco fue ejemplo de generosidad y fidelidad y multitudes en el mundo entero la reconocen como el pilar de la humanidad.

La Madre Teresa, que con su humildad y su enorme humanidad, construyó puentes para que mucha gente a la que le tocaba partir sin una mano amiga, sin un mínimo consuelo, pudiera dejar este mundo sosteniendo una mirada de amor y misericordia al encuentro del más grande de todos, Dios, al que muchos ilusos intentan suplir en este mundo y a los que El silenciosamente les indicará en algún momento que eso no es posible.

Las hermanas Cossettini que demostraron que en educación se pueden lograr grandes cambios con un gran sentido profesional, con gran creatividad, pero por sobre todas las cosas, con un gran amor por la docencia más allá de las fronteras comunes, y un profundo amor por los alumnos, es por eso que pasaron a la historia y quedaron en la memoria y el corazón de tanta gente.

Y así podríamos seguir... a todas las mujeres les digo... sigamos construyendo caminos, ahí donde no hay, porque es ahí donde necesitan y resignemos cosas superfluas por ejemplos y testimonios verdaderamente importantes, para que las generaciones que nos sigan puedan recuperar la esperanza y la certeza de que no todo está perdido y que siempre, siempre, siempre se logran superar los obstáculos.

Es necesario más que nunca, que demostremos lo que es ser realmente una mujer, no intentando superar al hombre, que tiene su propia función determinada por Dios, sino, abocarnos a cumplir nuestro rol de sabias conductoras de un hogar y profesionales dignas y responsables, en las cuales los hijos puedan ahondar la mirada para seguir edificando cuando ya no estemos y que les quede como legado, el amor, ese que nunca nadie puede apagar.

Autor: Alicia Riberi

Estás navegando la versión AMP

Leé la nota completa en la web