El pueblo polvoriento agonizaba lentamente una muerte segura. Unos pocos habitantes, se reunían en el cementerio desierto, detrás de la iglesia que nunca tuvo cura. Como una mancha negra sobre la tierra sedienta, despedían al niño que perdió la vida en el incendio. Estaban todos menos Raúl; espiaba de lejos su culpa. La mano firme del destino, guió el globo encendido hasta la precaria vivienda, deseando alcanzar con su mensaje a Dios, provocó una tragedia. Miguel, el padre de la criatura, buscaba en las miradas vacías, una respuesta que jamás encontraría. Su madre, en llanto, rogaba dejarla ir con su niño. Desde aquél momento serían dos extraños unidos por la misma pena. Esa tierra estaba maldita, nadie escuchaba los rezos, poco a poco los habitantes se irían o morirían en su porfía. El bar de la esquina, apenas respiraba con sus puertas abiertas, el calor se posaba sobre todo, en lo alto un ventilador luchaba con un viejo enredo de sueños e ilusiones sin cumplir. Sobre una mesa sucia, Dante bebía su angustia en soledad, la mujer que amaba huyó en brazos más prometedores, pero su recuerdo quedó allí, para atormentarlo. Un perro viejo, dormía aferrado a la sombra que se estiraba inevitablemente hacia la oscuridad, donde fuerzas poderosas, terminaban de ajustar sus planes. Cuando nadie estuvo despierto, un bólido incandescente cruzó en la noche, desgarrando el cielo negro con un surco humeante. Cayó detrás de un monte ralo de paraísos, la tierra se estremeció en una explosión de luz blanca cegadora, el temblor fue aterrorizante, las casas crujían con sus aberturas arrancadas por el estallido. Sin energía eléctrica, la oscuridad se hizo insondable y un olor sulfuroso lo invadió todo. La población conmovida en su fibra más íntima, se reunió en el bar, varios decidieron preparar sus cosas para marcharse, era una clara señal. Mientras otros, formaban un grupo de hombres, para ir a ver, qué había caído detrás del monte. Cuando partieron, un niño se percató, que en la abandonada plaza principal, un extraño lo observaba todo. Se trataba de una persona bastante curiosa, de edad avanzada, vestía un jacket gastado, con botones mal cosidos, de diferentes tamaños y pantalón rayado. En su cabeza un bombín roído, dejaba escapar debajo, mechones de pelo blanquecino. Parecía divertirse, luciendo su monóculo, hablaba y se reía con voz sonora. Los niños lo rodearon rápidamente, gastándole bromas hasta que
este los corrió con su viejo bastón. Una de las mujeres, presurosa fue a rescatar las criaturas, preguntándole quién era. El aparecido dijo entre risas haber venido por pedido de ellos a complacer sus deseos.
Cuando los hombres volvieron del monte, contaron que no habían encontrado nada que les llamara la atención y escuchando a la mujer decidieron interrogar al forastero. El hombrecito les informó que si aún lo deseaban podría ayudarlos, haciendo que el pueblo progrese y miles de personas deseen conocer ése páramo olvidado por Dios. Las miradas de risa contenida entre ellos puso furioso al pequeño ser, que arremetió torpemente con su cayado, diciendo. -Soy el Doctor Leony, hijo de la pampa gringa y he cumplido mis sueños mucho antes que ustedes, a mí nadie me toma el pelo. -¿Así que deberán decidir si desean mi ayuda o no? Algunos comenzaron a tomarlo en serio, aunque los más desahuciados lo creían un loco. -¿De dónde habría salido? -Se preguntaban. Lo cierto es que en votación, se decidió aceptar la propuesta, sólo si esta no implicaba pago alguno. El hombrecito, pidió reunir a todos los habitantes alrededor de él sin excepción, cosa que fue cumplida casi de inmediato. Entonces tomó su bastón y comenzó a hundirlo con increíble facilidad en la tierra reseca. Lo hundía y lo sacaba de a tramos cortos, explicando que de esa manera buscaba las venas de la tierra, era importante encontrarlas sin hacerles daño. El silencio se hizo denso por la ansiedad de algunos y el descreimiento de otros, como el visitante tenía mal genio, nadie se atrevía a emitir sonido alguno, en tanto continuara la delicada operación. En un momento Leony asintió para sí y clavó el bastón muy profundo, tanto que la tierra le cubrió el brazo hasta el codo. Luego de esto lo retiró rápidamente y se alejó unos pasos. Había quedado abierto un orificio en el suelo seco, de donde comenzó a brotar agua. Cada vez en mayor cantidad, cristalina, fresca, pura, eso lo llenó tanto de alegría que bailó y cantó, ante la sorpresa de la gente. Estaba tan feliz que decidió darles un regalo adicional, colocando su bombín sobre la vertiente lo golpeó con la empuñadura de plata del bastón, transformándolo en una hermosa fuente de mármol blanco. Los pobladores estupefactos no podían salir de su asombro, hasta que el más desconfiado de ellos los sacudió, preguntando en que los beneficiaría tener una fuente de agua en ese inhóspito lugar. El monóculo del viejo saltó y con ojos furibundos le respondió, que el agua de esa fuente era tan especial como él. El que la bebiese, sólo un sorbo bastaría, para olvidar todo lo que deseara, aliviando su carga y haciendo a las personas mucho más felices. Miles, rogarán por un trago, su precio será mayor al del oro y el pueblo se convertiría en el destino más codiciado. Pero les advirtió que la decisión sería sólo de ellos, para bien o para mal, las consecuencias serán impredecibles. Cuando terminó de decir esto, simplemente caminó con saltitos enérgicos, rumbo al monte de paraísos. Los presentes se miraron entre sí, sin que nadie se atreviera a beber de la fuente, algunos se mostraron indiferentes, otros temieron por la advertencia, sólo los más valientes tocaron desconfiados el frío mármol. Lo cierto es que se retiraron a sus casas, en silencio, los acontecimientos vividos fueron extenuantes, el cansancio se hizo sentir y necesitaban reponer fuerzas. Cuando la noche cayó, el poblado a pesar del calor seguía desierto, hasta que una fugaz sombra se recortó de la oscuridad, corrió hacia la fuente, estuvo un breve instante y se retiró de la misma forma. Noche tras noche las sombras se alternaban. Al cabo de unos días, el ánimo de las personas era otro y los primeros desconocidos aparecieron en el pueblo preguntando por el misterioso manantial. Poco a poco, las palabras del viejo se hicieron realidad, miles de personas pagaban gustosos por llegar a la fuente, el progreso no tardó en arrasar con el pasado angustioso.
Muy cerca, de la actual gran ciudad, el viejo vio apenado, pero sin sorpresa, como desde la casa de Raúl, se elevaba nuevamente otro globo encendido buscando su destino. “La decisión será sólo de ustedes.” Leony era más sabio que viejo, conocía que el tiempo es un todo, por eso las cosas se repetirían una y otra vez, con diferentes actores, o en otras circunstancias, pero volverían a suceder.
El llanto de un niño se escuchó con claridad en la calma de la noche, Miguel y su mujer se abrazaban y besaban nuevamente, llorando de alegría por su hijo recién nacido. Las palabras del extraño, estaban presentes. “Para bien o para mal.”
Dante, al fin logró rehacer su vida con un nuevo amor. Ahora caminaba ausente, con la mirada extraviada, su mano empuñaba un revólver. Se dirigía a la casa de su mejor amigo.
“Las consecuencias serán impredecibles”.