Notas de Opinión

Omar Corrado merece todos los homenajes de un grande en todo sentido

Omar Corrado cuando recibió un reconocimiento a la trayectoria en el Concejo Municipal de Rafaela.
Crédito: ARCHIVO

Por Ricardo Lorenzetti

Trascendió Rafaela y se fue a Francia, obtuvo el doctorado en musicología en La Sorbona y, a partir de ello viajó por todo el mundo dando conferencias con un nivel académico que pocos han podido igualar. Fue amigo de Beatriz Sarlo, y de muchos argentinos destacados.

Pero fue mi amigo, y sobre eso quiero escribir estas palabras, porque fueron muchos años de una amistad sólida, honesta y compartiendo ideales.

Éramos muy jóvenes y nos reuníamos periódicamente a estudiar; a Omar le interesaba trascender los límites de la musicología; a mí los del derecho. Entonces leíamos y discutíamos sobre psicología, lingüística, antropología, filosofía, arte. Con igual entusiasmo, ambos enfrentamos tanto los textos de Sigmund Freud y Gustav Jung como a los autores de la Escuela de Frankfurt; desde Jacques Lacan, Karl Popper, Claude Lévi-Strauss, Ferdinand de Saussure, Jean Piaget, Paul Ricoeur, Tzvetan Todorov, Julia Kristeva y Karl Marx, hasta Henri Bergson, Martin Heidegger, Jean-Paul Sartre, Umberto Eco y Thomas Kuhn. En resumen, todo lo que podíamos conseguir.

Omar me acercó a la música clásica del siglo XX, Schoemberg, Varesse, Stravinsky y me explicó sus complejidades. Con todo ese caudal de contenidos organizamos algunos eventos sobre surrealismo, dadaísmo, modernismo y otras corrientes en el centro municipal de Rafaela.

Estudiamos también las corrientes sobre pintura y literatura; Omar me acercó también a Juan José Saer, y sus reflexiones sobre “Nadie nada nunca”.

Omar había hecho su tesis sobre Debussy, y con él aprendí a valorar a Érik Satie. Juntos leíamos también las memorias de otro músico argentino que el admiraba: Juan Carlos Paz, “Alturas, Tensiones, Ataques, Intensidades” que todavía conservo como un grato recuerdo.

Tuvo una gran influencia sobre mi formación y por eso se lo agradecí en dos de mis libros: “Las normas fundamentales de derecho privado” y “El arte de hacer justicia”.

Nuestras vidas siguieron su camino y Omar fue reconocido en todo el mundo, publicó numerosos libros, pero siempre nos veíamos para recomendarnos lecturas.

Sólo se me ocurre recordar las palabras de Miguel Hernández, en su poema “Elegia” cuando perdió a Ramón Sijé, su amigo y dijo: no perdono a la muerte enamorada; no perdono a la vida desatenta.

* Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

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