Por Raúl Vigini
Había pensado muy bien cómo abordar el primer encuentro con Carlos López Puccio, siendo integrante de Les Luthiers, para entrevistarlo. Pero un par de preguntas de su parte al inicio fueron “¿Sos de Rafaela? ¿Conocés a Omar Corrado?” modificaron mi estructura y tan sorprendido como conmovido iniciamos la conversación siendo al principio el entrevistado quien esto escribe. Y allí supimos de la importancia de un libro publicado por el musicólogo radicado en Rafaela.
El recuerdo nos lleva a tiempos adolescentes donde egresamos del Instituto Musical Universal privado, con estudios formales de guitarra, y las recomendaciones de su titular sugiriendo seguir profundizando con el instrumento mencionando el nombre del profesor Corrado muy joven ya orientado a cursar en el Instituto Superior de Música de la Universidad Nacional del Litoral. Que no cumplimos por cuestiones varias. Pero su presencia la volvimos a encontrar cuando participamos del inolvidable Taller Musical dependiente de la Secretaría de Cultura municipal en los años 80 del siglo pasado. Experiencia única donde compartimos su don de gentes, su genio para la empatía, la concreción de sus arreglos vocales en un repertorio que jerarquizaba desde un negro spiritual a la poesía musicalizada de Antonio Machado o temas profundos de María Elena Walsh. Sumado a presentaciones locales y zonales donde cada viaje era una historia plagada de anécdotas, llegando alguna vez hasta Capilla Fassi para actuar en el escenario del extinto Centro Cultural rural cuya estructura ya no existe. Pero viene al caso para asociar que esa participación permitió conocer al docente de canto Antonio Fassi, muy allegado al director del taller, que cumplía sus horas cátedra de técnica vocal individual para cada integrante del grupo. Y su lugar de director titular de la Banda de Música Municipal es para destacar, siendo una imagen detenida verlo indicar los movimientos que señalaba la particella con la sutileza de su manos lentas y prolijas hacia uno y otro lado.
Tiempos en que pudimos compartir un viaje a Buenos Aires en vacaciones de julio donde mi descanso como docente se contraponía a sus sesudas jornadas para trabajar en el archivo personal de Juan Carlos Paz, músico al que le dedicó su tesis para volver y presentar en La Sorbona. Ello nos permitió asistir al Centro Cultural Recoleta donde el maestro Francisco Kröpfl, investigador y compositor, presentaba un recital de música electroacústica y conocer a Judith Akoschky que ya recordábamos por sus discos Ruidos y ruiditos. Ambos muy cercanos a Omar.
Después lo acompañamos en la cena de despedida cuando concretó ese viaje a Paris.
Hasta que transcurridos algunos años, de regreso y egresado, viviendo en Rafaela o en la capital del país, revestía como docente universitario en varias casas de estudios superiores. Pero estuvo presente y fue bastión importante en la organización de las escuelas de música rafaelinas. Como primer director de la municipal que actualmente lleva el nombre de Remo Pignoni, pianista reconocido que le dedicó la vidalita Ramita nueva a quien consideró un joven amigo y tal vez discípulo. Y acompañando para la organización de la escuela de capacitación del Sindicato de Músicos local.
Con los años, las reuniones de carácter social y afectivo como consecuentes amigos se fueron sucediendo, y la posibilidad de mantenernos informados se acrecentó. El primero de Mayo al riguroso encuentro en el campo de Capilla Fassi, algún locro de buena factura en la casa del maestro de canto que alguna vez viajó en volanta a Machu Picchu, o encuentros domingueros para el mate bien cebado por el mismo dueño de casa piamontés. Y el tenor de las conversaciones que incluían numerosos viajes del musicólogo y los insuperables aportes que significaban los temas de vasta cultura donde solamente nos limitábamos a escuchar y pocas veces participar ante tamaños seres ilustrados. Siempre se mantuvo la comunicación favorecida cada vez más con las modalidades actuales.
Hace unos años el Concejo Municipal de Rafaela lo distinguió por su trayectoria.
Los últimos tiempos fueron de mayor distancia y silencio lo que sorprendía pero pudimos vernos en uno de los recitales en la vereda del Loco de la volanta donde nos acompañó junto a los presentes a cantar Merceditas ante esa osada convocatoria donde Antonio cantaba lírico y sus alumnos música popular.
Muchos se preocuparon por su salud, y demostraron su dolor reconociendo siempre sus valores intelectuales, sencillez, desde donde asombraba su carácter tímido ante un hombre de mundo y de presencia invalorable. Omar Corrado sembró intensamente, sin descanso, con la mayor altura y prestigio. Deja una huella profunda en sus exalumnos, en sus colegas, en sus conferencias por el mundo, en sus publicaciones, pero fundamentalmente en sus amigos. Ramita nueva sigue siendo una vidalita, Omar Corrado empezó a ser una estrella luminosa.
Omar Corrado, 31-07-1954 / Rafaela (Sta. Fe) 04-05-2026